Cornelius Cardew – El Máximo Rebelde Contra el Academicismo de Vanguardia

Cornelius Cardew – El Máximo Rebelde Contra el Academicismo de Vanguardia
9 mayo, 2016

“Any direction modern music will take in England will come about only through Cardew, because of him, by way of him. If the new ideas in music are felt today as a movement in England, it’s because he acts as a moral force, a moral centre”

– Michael Nyman in Experimental Music: Cage and Beyond, 115

 

Después de superar la adversidad que ofreció el periodo que duró la Segunda Guerra Mundial, el británico Cornelius Cardew tuvo una carrera de ensueño. Desde que él y su familia huyeran de los bombardeos alemanes estudió en la Royal Academy de Londres durante la década de 1950, una época que por fuerza marcó la consolidación de los sonidos de vanguardia sobre la posguerra y sus efectos.

Su ferviente devoción a la música daría frutos durante su participación en la presentación de “Le Marteau Sans Maître”, pieza a cargo del compositor Pierre Boulez, haciéndose acreedor de una beca para estudiar en Colonia, una de las mecas de la música electrónica junto al imponente Karlheinz Stockhausen, para quien trabajaría como asistente en un período comprendido entre 1956 a 1960. Cardew, para mediados de ese período, presenciaría una serie de conciertos a cargo de John Cage, quien le cambiaría el panorama para siempre.

 

Christopher Hobbes, Cornelius Cardew, CW, London, International Students Center, 1968. Preparing for concert.

 

Siendo ya un músico consolidado, decidió abandonar la estructura compositiva serial que había llevado por años dando pie a nuevas fórmulas y sonidos, estableciendo así sus credenciales como un profesional de la música experimental en todo su esplendor. Durante esta nueva etapa que comprende de 1963 a 1967, Cardew al tiempo que organizaba conciertos y difundía por todo el Reino Unido las obras de Pierre Boulez, Christian Wolff, y Terry Riley, se dio a la tarea de trabajar en “Treatise”, obra totalmente revolucionaria para la época, compuesta a base de una partitura gráfica carente de cualquier instrucción interpretativa. Todo esto basado en la premisa central que lo inquietaba hasta el hartazgo “la música contemporánea cada vez es más como la ocupación de una élite altamente entrenada, misma que elimina por completo de la experiencia al público en general”.

Y así fue como “Treatise” y sus 193 páginas de belleza indeterminada permitió a músicos académicos y a su contraparte privada de estudios poder interpretar música en una partitura repleta de círculos, líneas y símbolos carentes de tiempo, tono, rítmo o cualquier indicio para interpretarla más que la propia perspicacia y sensibilidad de quien está frente al score.

 

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Por otro lado, en 1969 después de separarse del academicismo elitista se unió a Howard Skempton y Michael Parsons, antiguos miembros del AMM formando la Scratch Orchestra, misma que fue concebida para interpretar su obra maestra “The Great Learning”, que compuesta por siete secciones influenciados por la doctrina de Confucio y con la ayuda en la traducción de Ezra Pound, artista perteneciente a la Lost Generation, sirvió como un golpe en la mesa para darle la espalda por completo a occidente, sirviendo como un punto de redefinición de las propiedades naturales, concretas, reales y físicas de los objetos sonoros.

Para 1971, adoptó los discursos de Mao Tse-Tung donde puntualizaba que el arte debe ser político y estético. Como era obvio, nadie se arriesgaría demasiado para sepultar su carrera y un año más tarde la Scratch Orchestra no existiría más, pero Cardew no claudicó y siguió adelante comprometido con las ideas socialistas, al grado de abandonar cualquier conexión con la llamada entonces música de vanguardia para caer en populismos mezclados con música folk británica apoyando a la clase trabajadora sobre la clase opresora. Esta nueva etapa lo llevaría a escribir en 1974 el libro “Stockhausen Serves Imperialism”, donde le grita al mundo entero la ruptura con sus viejos ideales, criticando severamente los métodos tiránicos de su mentor. Los últimos años de su vida se dedicó plenamente a política, alternándola con su gran carrera como músico, un buen ejemplo de esto es la agrupación denominada “People’s Liberation Music”.

 

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Si bien ha sido juzgado (posiblemente con razón) por abandonar un dogmatismo para adoptar otro, su legado ha influenciado a más de un centenar de músicos que han seguido el camino de la experimentación como un sendero personal, sembrando la oposición por todo el Reino Unido y más allá de sus confines imperialistas, poniendo sobre la mesa que la música esta hecha para explorarse más que para estancarse desarrollando habilidades dignas de los monos.

 

Cornelius Cardew - Treatise (Full Score) - Copy-132

Treatise-02

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stockhausen

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Cornelius Cardew – El Máximo Rebelde Contra el Academicismo de Vanguardia

“Any direction modern music will take in England will come about only through Cardew, because of him, by way of him. If the new ideas in music are felt today as a movement in England, it’s because he acts as a moral force, a moral centre”

– Michael Nyman in Experimental Music: Cage and Beyond, 115

 

Después de superar la adversidad que ofreció el periodo que duró la Segunda Guerra Mundial, el británico Cornelius Cardew tuvo una carrera de ensueño. Desde que él y su familia huyeran de los bombardeos alemanes estudió en la Royal Academy de Londres durante la década de 1950, una época que por fuerza marcó la consolidación de los sonidos de vanguardia sobre la posguerra y sus efectos.

Su ferviente devoción a la música daría frutos durante su participación en la presentación de “Le Marteau Sans Maître”, pieza a cargo del compositor Pierre Boulez, haciéndose acreedor de una beca para estudiar en Colonia, una de las mecas de la música electrónica junto al imponente Karlheinz Stockhausen, para quien trabajaría como asistente en un período comprendido entre 1956 a 1960. Cardew, para mediados de ese período, presenciaría una serie de conciertos a cargo de John Cage, quien le cambiaría el panorama para siempre.

 

Christopher Hobbes, Cornelius Cardew, CW, London, International Students Center, 1968. Preparing for concert.

 

Siendo ya un músico consolidado, decidió abandonar la estructura compositiva serial que había llevado por años dando pie a nuevas fórmulas y sonidos, estableciendo así sus credenciales como un profesional de la música experimental en todo su esplendor. Durante esta nueva etapa que comprende de 1963 a 1967, Cardew al tiempo que organizaba conciertos y difundía por todo el Reino Unido las obras de Pierre Boulez, Christian Wolff, y Terry Riley, se dio a la tarea de trabajar en “Treatise”, obra totalmente revolucionaria para la época, compuesta a base de una partitura gráfica carente de cualquier instrucción interpretativa. Todo esto basado en la premisa central que lo inquietaba hasta el hartazgo “la música contemporánea cada vez es más como la ocupación de una élite altamente entrenada, misma que elimina por completo de la experiencia al público en general”.

Y así fue como “Treatise” y sus 193 páginas de belleza indeterminada permitió a músicos académicos y a su contraparte privada de estudios poder interpretar música en una partitura repleta de círculos, líneas y símbolos carentes de tiempo, tono, rítmo o cualquier indicio para interpretarla más que la propia perspicacia y sensibilidad de quien está frente al score.

 

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Por otro lado, en 1969 después de separarse del academicismo elitista se unió a Howard Skempton y Michael Parsons, antiguos miembros del AMM formando la Scratch Orchestra, misma que fue concebida para interpretar su obra maestra “The Great Learning”, que compuesta por siete secciones influenciados por la doctrina de Confucio y con la ayuda en la traducción de Ezra Pound, artista perteneciente a la Lost Generation, sirvió como un golpe en la mesa para darle la espalda por completo a occidente, sirviendo como un punto de redefinición de las propiedades naturales, concretas, reales y físicas de los objetos sonoros.

Para 1971, adoptó los discursos de Mao Tse-Tung donde puntualizaba que el arte debe ser político y estético. Como era obvio, nadie se arriesgaría demasiado para sepultar su carrera y un año más tarde la Scratch Orchestra no existiría más, pero Cardew no claudicó y siguió adelante comprometido con las ideas socialistas, al grado de abandonar cualquier conexión con la llamada entonces música de vanguardia para caer en populismos mezclados con música folk británica apoyando a la clase trabajadora sobre la clase opresora. Esta nueva etapa lo llevaría a escribir en 1974 el libro “Stockhausen Serves Imperialism”, donde le grita al mundo entero la ruptura con sus viejos ideales, criticando severamente los métodos tiránicos de su mentor. Los últimos años de su vida se dedicó plenamente a política, alternándola con su gran carrera como músico, un buen ejemplo de esto es la agrupación denominada “People’s Liberation Music”.

 

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Si bien ha sido juzgado (posiblemente con razón) por abandonar un dogmatismo para adoptar otro, su legado ha influenciado a más de un centenar de músicos que han seguido el camino de la experimentación como un sendero personal, sembrando la oposición por todo el Reino Unido y más allá de sus confines imperialistas, poniendo sobre la mesa que la música esta hecha para explorarse más que para estancarse desarrollando habilidades dignas de los monos.

 

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Cornelius Cardew – El Máximo Rebelde Contra el Academicismo de Vanguardia

“Any direction modern music will take in England will come about only through Cardew, because of him, by way of him. If the new ideas in music are felt today as a movement in England, it’s because he acts as a moral force, a moral centre”

– Michael Nyman in Experimental Music: Cage and Beyond, 115

 

Después de superar la adversidad que ofreció el periodo que duró la Segunda Guerra Mundial, el británico Cornelius Cardew tuvo una carrera de ensueño. Desde que él y su familia huyeran de los bombardeos alemanes estudió en la Royal Academy de Londres durante la década de 1950, una época que por fuerza marcó la consolidación de los sonidos de vanguardia sobre la posguerra y sus efectos.

Su ferviente devoción a la música daría frutos durante su participación en la presentación de “Le Marteau Sans Maître”, pieza a cargo del compositor Pierre Boulez, haciéndose acreedor de una beca para estudiar en Colonia, una de las mecas de la música electrónica junto al imponente Karlheinz Stockhausen, para quien trabajaría como asistente en un período comprendido entre 1956 a 1960. Cardew, para mediados de ese período, presenciaría una serie de conciertos a cargo de John Cage, quien le cambiaría el panorama para siempre.

 

Christopher Hobbes, Cornelius Cardew, CW, London, International Students Center, 1968. Preparing for concert.

 

Siendo ya un músico consolidado, decidió abandonar la estructura compositiva serial que había llevado por años dando pie a nuevas fórmulas y sonidos, estableciendo así sus credenciales como un profesional de la música experimental en todo su esplendor. Durante esta nueva etapa que comprende de 1963 a 1967, Cardew al tiempo que organizaba conciertos y difundía por todo el Reino Unido las obras de Pierre Boulez, Christian Wolff, y Terry Riley, se dio a la tarea de trabajar en “Treatise”, obra totalmente revolucionaria para la época, compuesta a base de una partitura gráfica carente de cualquier instrucción interpretativa. Todo esto basado en la premisa central que lo inquietaba hasta el hartazgo “la música contemporánea cada vez es más como la ocupación de una élite altamente entrenada, misma que elimina por completo de la experiencia al público en general”.

Y así fue como “Treatise” y sus 193 páginas de belleza indeterminada permitió a músicos académicos y a su contraparte privada de estudios poder interpretar música en una partitura repleta de círculos, líneas y símbolos carentes de tiempo, tono, rítmo o cualquier indicio para interpretarla más que la propia perspicacia y sensibilidad de quien está frente al score.

 

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Por otro lado, en 1969 después de separarse del academicismo elitista se unió a Howard Skempton y Michael Parsons, antiguos miembros del AMM formando la Scratch Orchestra, misma que fue concebida para interpretar su obra maestra “The Great Learning”, que compuesta por siete secciones influenciados por la doctrina de Confucio y con la ayuda en la traducción de Ezra Pound, artista perteneciente a la Lost Generation, sirvió como un golpe en la mesa para darle la espalda por completo a occidente, sirviendo como un punto de redefinición de las propiedades naturales, concretas, reales y físicas de los objetos sonoros.

Para 1971, adoptó los discursos de Mao Tse-Tung donde puntualizaba que el arte debe ser político y estético. Como era obvio, nadie se arriesgaría demasiado para sepultar su carrera y un año más tarde la Scratch Orchestra no existiría más, pero Cardew no claudicó y siguió adelante comprometido con las ideas socialistas, al grado de abandonar cualquier conexión con la llamada entonces música de vanguardia para caer en populismos mezclados con música folk británica apoyando a la clase trabajadora sobre la clase opresora. Esta nueva etapa lo llevaría a escribir en 1974 el libro “Stockhausen Serves Imperialism”, donde le grita al mundo entero la ruptura con sus viejos ideales, criticando severamente los métodos tiránicos de su mentor. Los últimos años de su vida se dedicó plenamente a política, alternándola con su gran carrera como músico, un buen ejemplo de esto es la agrupación denominada “People’s Liberation Music”.

 

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Si bien ha sido juzgado (posiblemente con razón) por abandonar un dogmatismo para adoptar otro, su legado ha influenciado a más de un centenar de músicos que han seguido el camino de la experimentación como un sendero personal, sembrando la oposición por todo el Reino Unido y más allá de sus confines imperialistas, poniendo sobre la mesa que la música esta hecha para explorarse más que para estancarse desarrollando habilidades dignas de los monos.

 

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“Any direction modern music will take in England will come about only through Cardew, because of him, by way of him. If the new ideas in music are felt today as a movement in England, it’s because he acts as a moral force, a moral centre”

– Michael Nyman in Experimental Music: Cage and Beyond, 115

 

Después de superar la adversidad que ofreció el periodo que duró la Segunda Guerra Mundial, el británico Cornelius Cardew tuvo una carrera de ensueño. Desde que él y su familia huyeran de los bombardeos alemanes estudió en la Royal Academy de Londres durante la década de 1950, una época que por fuerza marcó la consolidación de los sonidos de vanguardia sobre la posguerra y sus efectos.

Su ferviente devoción a la música daría frutos durante su participación en la presentación de “Le Marteau Sans Maître”, pieza a cargo del compositor Pierre Boulez, haciéndose acreedor de una beca para estudiar en Colonia, una de las mecas de la música electrónica junto al imponente Karlheinz Stockhausen, para quien trabajaría como asistente en un período comprendido entre 1956 a 1960. Cardew, para mediados de ese período, presenciaría una serie de conciertos a cargo de John Cage, quien le cambiaría el panorama para siempre.

 

Christopher Hobbes, Cornelius Cardew, CW, London, International Students Center, 1968. Preparing for concert.

 

Siendo ya un músico consolidado, decidió abandonar la estructura compositiva serial que había llevado por años dando pie a nuevas fórmulas y sonidos, estableciendo así sus credenciales como un profesional de la música experimental en todo su esplendor. Durante esta nueva etapa que comprende de 1963 a 1967, Cardew al tiempo que organizaba conciertos y difundía por todo el Reino Unido las obras de Pierre Boulez, Christian Wolff, y Terry Riley, se dio a la tarea de trabajar en “Treatise”, obra totalmente revolucionaria para la época, compuesta a base de una partitura gráfica carente de cualquier instrucción interpretativa. Todo esto basado en la premisa central que lo inquietaba hasta el hartazgo “la música contemporánea cada vez es más como la ocupación de una élite altamente entrenada, misma que elimina por completo de la experiencia al público en general”.

Y así fue como “Treatise” y sus 193 páginas de belleza indeterminada permitió a músicos académicos y a su contraparte privada de estudios poder interpretar música en una partitura repleta de círculos, líneas y símbolos carentes de tiempo, tono, rítmo o cualquier indicio para interpretarla más que la propia perspicacia y sensibilidad de quien está frente al score.

 

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Por otro lado, en 1969 después de separarse del academicismo elitista se unió a Howard Skempton y Michael Parsons, antiguos miembros del AMM formando la Scratch Orchestra, misma que fue concebida para interpretar su obra maestra “The Great Learning”, que compuesta por siete secciones influenciados por la doctrina de Confucio y con la ayuda en la traducción de Ezra Pound, artista perteneciente a la Lost Generation, sirvió como un golpe en la mesa para darle la espalda por completo a occidente, sirviendo como un punto de redefinición de las propiedades naturales, concretas, reales y físicas de los objetos sonoros.

Para 1971, adoptó los discursos de Mao Tse-Tung donde puntualizaba que el arte debe ser político y estético. Como era obvio, nadie se arriesgaría demasiado para sepultar su carrera y un año más tarde la Scratch Orchestra no existiría más, pero Cardew no claudicó y siguió adelante comprometido con las ideas socialistas, al grado de abandonar cualquier conexión con la llamada entonces música de vanguardia para caer en populismos mezclados con música folk británica apoyando a la clase trabajadora sobre la clase opresora. Esta nueva etapa lo llevaría a escribir en 1974 el libro “Stockhausen Serves Imperialism”, donde le grita al mundo entero la ruptura con sus viejos ideales, criticando severamente los métodos tiránicos de su mentor. Los últimos años de su vida se dedicó plenamente a política, alternándola con su gran carrera como músico, un buen ejemplo de esto es la agrupación denominada “People’s Liberation Music”.

 

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Si bien ha sido juzgado (posiblemente con razón) por abandonar un dogmatismo para adoptar otro, su legado ha influenciado a más de un centenar de músicos que han seguido el camino de la experimentación como un sendero personal, sembrando la oposición por todo el Reino Unido y más allá de sus confines imperialistas, poniendo sobre la mesa que la música esta hecha para explorarse más que para estancarse desarrollando habilidades dignas de los monos.

 

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Cornelius Cardew – El Máximo Rebelde Contra el Academicismo de Vanguardia

“Any direction modern music will take in England will come about only through Cardew, because of him, by way of him. If the new ideas in music are felt today as a movement in England, it’s because he acts as a moral force, a moral centre”

– Michael Nyman in Experimental Music: Cage and Beyond, 115

 

Después de superar la adversidad que ofreció el periodo que duró la Segunda Guerra Mundial, el británico Cornelius Cardew tuvo una carrera de ensueño. Desde que él y su familia huyeran de los bombardeos alemanes estudió en la Royal Academy de Londres durante la década de 1950, una época que por fuerza marcó la consolidación de los sonidos de vanguardia sobre la posguerra y sus efectos.

Su ferviente devoción a la música daría frutos durante su participación en la presentación de “Le Marteau Sans Maître”, pieza a cargo del compositor Pierre Boulez, haciéndose acreedor de una beca para estudiar en Colonia, una de las mecas de la música electrónica junto al imponente Karlheinz Stockhausen, para quien trabajaría como asistente en un período comprendido entre 1956 a 1960. Cardew, para mediados de ese período, presenciaría una serie de conciertos a cargo de John Cage, quien le cambiaría el panorama para siempre.

 

Christopher Hobbes, Cornelius Cardew, CW, London, International Students Center, 1968. Preparing for concert.

 

Siendo ya un músico consolidado, decidió abandonar la estructura compositiva serial que había llevado por años dando pie a nuevas fórmulas y sonidos, estableciendo así sus credenciales como un profesional de la música experimental en todo su esplendor. Durante esta nueva etapa que comprende de 1963 a 1967, Cardew al tiempo que organizaba conciertos y difundía por todo el Reino Unido las obras de Pierre Boulez, Christian Wolff, y Terry Riley, se dio a la tarea de trabajar en “Treatise”, obra totalmente revolucionaria para la época, compuesta a base de una partitura gráfica carente de cualquier instrucción interpretativa. Todo esto basado en la premisa central que lo inquietaba hasta el hartazgo “la música contemporánea cada vez es más como la ocupación de una élite altamente entrenada, misma que elimina por completo de la experiencia al público en general”.

Y así fue como “Treatise” y sus 193 páginas de belleza indeterminada permitió a músicos académicos y a su contraparte privada de estudios poder interpretar música en una partitura repleta de círculos, líneas y símbolos carentes de tiempo, tono, rítmo o cualquier indicio para interpretarla más que la propia perspicacia y sensibilidad de quien está frente al score.

 

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Por otro lado, en 1969 después de separarse del academicismo elitista se unió a Howard Skempton y Michael Parsons, antiguos miembros del AMM formando la Scratch Orchestra, misma que fue concebida para interpretar su obra maestra “The Great Learning”, que compuesta por siete secciones influenciados por la doctrina de Confucio y con la ayuda en la traducción de Ezra Pound, artista perteneciente a la Lost Generation, sirvió como un golpe en la mesa para darle la espalda por completo a occidente, sirviendo como un punto de redefinición de las propiedades naturales, concretas, reales y físicas de los objetos sonoros.

Para 1971, adoptó los discursos de Mao Tse-Tung donde puntualizaba que el arte debe ser político y estético. Como era obvio, nadie se arriesgaría demasiado para sepultar su carrera y un año más tarde la Scratch Orchestra no existiría más, pero Cardew no claudicó y siguió adelante comprometido con las ideas socialistas, al grado de abandonar cualquier conexión con la llamada entonces música de vanguardia para caer en populismos mezclados con música folk británica apoyando a la clase trabajadora sobre la clase opresora. Esta nueva etapa lo llevaría a escribir en 1974 el libro “Stockhausen Serves Imperialism”, donde le grita al mundo entero la ruptura con sus viejos ideales, criticando severamente los métodos tiránicos de su mentor. Los últimos años de su vida se dedicó plenamente a política, alternándola con su gran carrera como músico, un buen ejemplo de esto es la agrupación denominada “People’s Liberation Music”.

 

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Si bien ha sido juzgado (posiblemente con razón) por abandonar un dogmatismo para adoptar otro, su legado ha influenciado a más de un centenar de músicos que han seguido el camino de la experimentación como un sendero personal, sembrando la oposición por todo el Reino Unido y más allá de sus confines imperialistas, poniendo sobre la mesa que la música esta hecha para explorarse más que para estancarse desarrollando habilidades dignas de los monos.

 

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“Any direction modern music will take in England will come about only through Cardew, because of him, by way of him. If the new ideas in music are felt today as a movement in England, it’s because he acts as a moral force, a moral centre”

– Michael Nyman in Experimental Music: Cage and Beyond, 115

 

Después de superar la adversidad que ofreció el periodo que duró la Segunda Guerra Mundial, el británico Cornelius Cardew tuvo una carrera de ensueño. Desde que él y su familia huyeran de los bombardeos alemanes estudió en la Royal Academy de Londres durante la década de 1950, una época que por fuerza marcó la consolidación de los sonidos de vanguardia sobre la posguerra y sus efectos.

Su ferviente devoción a la música daría frutos durante su participación en la presentación de “Le Marteau Sans Maître”, pieza a cargo del compositor Pierre Boulez, haciéndose acreedor de una beca para estudiar en Colonia, una de las mecas de la música electrónica junto al imponente Karlheinz Stockhausen, para quien trabajaría como asistente en un período comprendido entre 1956 a 1960. Cardew, para mediados de ese período, presenciaría una serie de conciertos a cargo de John Cage, quien le cambiaría el panorama para siempre.

 

Christopher Hobbes, Cornelius Cardew, CW, London, International Students Center, 1968. Preparing for concert.

 

Siendo ya un músico consolidado, decidió abandonar la estructura compositiva serial que había llevado por años dando pie a nuevas fórmulas y sonidos, estableciendo así sus credenciales como un profesional de la música experimental en todo su esplendor. Durante esta nueva etapa que comprende de 1963 a 1967, Cardew al tiempo que organizaba conciertos y difundía por todo el Reino Unido las obras de Pierre Boulez, Christian Wolff, y Terry Riley, se dio a la tarea de trabajar en “Treatise”, obra totalmente revolucionaria para la época, compuesta a base de una partitura gráfica carente de cualquier instrucción interpretativa. Todo esto basado en la premisa central que lo inquietaba hasta el hartazgo “la música contemporánea cada vez es más como la ocupación de una élite altamente entrenada, misma que elimina por completo de la experiencia al público en general”.

Y así fue como “Treatise” y sus 193 páginas de belleza indeterminada permitió a músicos académicos y a su contraparte privada de estudios poder interpretar música en una partitura repleta de círculos, líneas y símbolos carentes de tiempo, tono, rítmo o cualquier indicio para interpretarla más que la propia perspicacia y sensibilidad de quien está frente al score.

 

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Por otro lado, en 1969 después de separarse del academicismo elitista se unió a Howard Skempton y Michael Parsons, antiguos miembros del AMM formando la Scratch Orchestra, misma que fue concebida para interpretar su obra maestra “The Great Learning”, que compuesta por siete secciones influenciados por la doctrina de Confucio y con la ayuda en la traducción de Ezra Pound, artista perteneciente a la Lost Generation, sirvió como un golpe en la mesa para darle la espalda por completo a occidente, sirviendo como un punto de redefinición de las propiedades naturales, concretas, reales y físicas de los objetos sonoros.

Para 1971, adoptó los discursos de Mao Tse-Tung donde puntualizaba que el arte debe ser político y estético. Como era obvio, nadie se arriesgaría demasiado para sepultar su carrera y un año más tarde la Scratch Orchestra no existiría más, pero Cardew no claudicó y siguió adelante comprometido con las ideas socialistas, al grado de abandonar cualquier conexión con la llamada entonces música de vanguardia para caer en populismos mezclados con música folk británica apoyando a la clase trabajadora sobre la clase opresora. Esta nueva etapa lo llevaría a escribir en 1974 el libro “Stockhausen Serves Imperialism”, donde le grita al mundo entero la ruptura con sus viejos ideales, criticando severamente los métodos tiránicos de su mentor. Los últimos años de su vida se dedicó plenamente a política, alternándola con su gran carrera como músico, un buen ejemplo de esto es la agrupación denominada “People’s Liberation Music”.

 

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Si bien ha sido juzgado (posiblemente con razón) por abandonar un dogmatismo para adoptar otro, su legado ha influenciado a más de un centenar de músicos que han seguido el camino de la experimentación como un sendero personal, sembrando la oposición por todo el Reino Unido y más allá de sus confines imperialistas, poniendo sobre la mesa que la música esta hecha para explorarse más que para estancarse desarrollando habilidades dignas de los monos.

 

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Después de superar la adversidad que ofreció el periodo que duró la Segunda Guerra Mundial, el británico Cornelius Cardew tuvo una carrera de ensueño. Desde que él y su familia huyeran de los bombardeos alemanes estudió en la Royal Academy de Londres durante la década de 1950, una época que por fuerza marcó la consolidación de los sonidos de vanguardia sobre la posguerra y sus efectos.

Su ferviente devoción a la música daría frutos durante su participación en la presentación de “Le Marteau Sans Maître”, pieza a cargo del compositor Pierre Boulez, haciéndose acreedor de una beca para estudiar en Colonia, una de las mecas de la música electrónica junto al imponente Karlheinz Stockhausen, para quien trabajaría como asistente en un período comprendido entre 1956 a 1960. Cardew, para mediados de ese período, presenciaría una serie de conciertos a cargo de John Cage, quien le cambiaría el panorama para siempre.

 

Christopher Hobbes, Cornelius Cardew, CW, London, International Students Center, 1968. Preparing for concert.

 

Siendo ya un músico consolidado, decidió abandonar la estructura compositiva serial que había llevado por años dando pie a nuevas fórmulas y sonidos, estableciendo así sus credenciales como un profesional de la música experimental en todo su esplendor. Durante esta nueva etapa que comprende de 1963 a 1967, Cardew al tiempo que organizaba conciertos y difundía por todo el Reino Unido las obras de Pierre Boulez, Christian Wolff, y Terry Riley, se dio a la tarea de trabajar en “Treatise”, obra totalmente revolucionaria para la época, compuesta a base de una partitura gráfica carente de cualquier instrucción interpretativa. Todo esto basado en la premisa central que lo inquietaba hasta el hartazgo “la música contemporánea cada vez es más como la ocupación de una élite altamente entrenada, misma que elimina por completo de la experiencia al público en general”.

Y así fue como “Treatise” y sus 193 páginas de belleza indeterminada permitió a músicos académicos y a su contraparte privada de estudios poder interpretar música en una partitura repleta de círculos, líneas y símbolos carentes de tiempo, tono, rítmo o cualquier indicio para interpretarla más que la propia perspicacia y sensibilidad de quien está frente al score.

 

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Por otro lado, en 1969 después de separarse del academicismo elitista se unió a Howard Skempton y Michael Parsons, antiguos miembros del AMM formando la Scratch Orchestra, misma que fue concebida para interpretar su obra maestra “The Great Learning”, que compuesta por siete secciones influenciados por la doctrina de Confucio y con la ayuda en la traducción de Ezra Pound, artista perteneciente a la Lost Generation, sirvió como un golpe en la mesa para darle la espalda por completo a occidente, sirviendo como un punto de redefinición de las propiedades naturales, concretas, reales y físicas de los objetos sonoros.

Para 1971, adoptó los discursos de Mao Tse-Tung donde puntualizaba que el arte debe ser político y estético. Como era obvio, nadie se arriesgaría demasiado para sepultar su carrera y un año más tarde la Scratch Orchestra no existiría más, pero Cardew no claudicó y siguió adelante comprometido con las ideas socialistas, al grado de abandonar cualquier conexión con la llamada entonces música de vanguardia para caer en populismos mezclados con música folk británica apoyando a la clase trabajadora sobre la clase opresora. Esta nueva etapa lo llevaría a escribir en 1974 el libro “Stockhausen Serves Imperialism”, donde le grita al mundo entero la ruptura con sus viejos ideales, criticando severamente los métodos tiránicos de su mentor. Los últimos años de su vida se dedicó plenamente a política, alternándola con su gran carrera como músico, un buen ejemplo de esto es la agrupación denominada “People’s Liberation Music”.

 

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Si bien ha sido juzgado (posiblemente con razón) por abandonar un dogmatismo para adoptar otro, su legado ha influenciado a más de un centenar de músicos que han seguido el camino de la experimentación como un sendero personal, sembrando la oposición por todo el Reino Unido y más allá de sus confines imperialistas, poniendo sobre la mesa que la música esta hecha para explorarse más que para estancarse desarrollando habilidades dignas de los monos.

 

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Cornelius Cardew – El Máximo Rebelde Contra el Academicismo de Vanguardia

“Any direction modern music will take in England will come about only through Cardew, because of him, by way of him. If the new ideas in music are felt today as a movement in England, it’s because he acts as a moral force, a moral centre”

– Michael Nyman in Experimental Music: Cage and Beyond, 115

 

Después de superar la adversidad que ofreció el periodo que duró la Segunda Guerra Mundial, el británico Cornelius Cardew tuvo una carrera de ensueño. Desde que él y su familia huyeran de los bombardeos alemanes estudió en la Royal Academy de Londres durante la década de 1950, una época que por fuerza marcó la consolidación de los sonidos de vanguardia sobre la posguerra y sus efectos.

Su ferviente devoción a la música daría frutos durante su participación en la presentación de “Le Marteau Sans Maître”, pieza a cargo del compositor Pierre Boulez, haciéndose acreedor de una beca para estudiar en Colonia, una de las mecas de la música electrónica junto al imponente Karlheinz Stockhausen, para quien trabajaría como asistente en un período comprendido entre 1956 a 1960. Cardew, para mediados de ese período, presenciaría una serie de conciertos a cargo de John Cage, quien le cambiaría el panorama para siempre.

 

Christopher Hobbes, Cornelius Cardew, CW, London, International Students Center, 1968. Preparing for concert.

 

Siendo ya un músico consolidado, decidió abandonar la estructura compositiva serial que había llevado por años dando pie a nuevas fórmulas y sonidos, estableciendo así sus credenciales como un profesional de la música experimental en todo su esplendor. Durante esta nueva etapa que comprende de 1963 a 1967, Cardew al tiempo que organizaba conciertos y difundía por todo el Reino Unido las obras de Pierre Boulez, Christian Wolff, y Terry Riley, se dio a la tarea de trabajar en “Treatise”, obra totalmente revolucionaria para la época, compuesta a base de una partitura gráfica carente de cualquier instrucción interpretativa. Todo esto basado en la premisa central que lo inquietaba hasta el hartazgo “la música contemporánea cada vez es más como la ocupación de una élite altamente entrenada, misma que elimina por completo de la experiencia al público en general”.

Y así fue como “Treatise” y sus 193 páginas de belleza indeterminada permitió a músicos académicos y a su contraparte privada de estudios poder interpretar música en una partitura repleta de círculos, líneas y símbolos carentes de tiempo, tono, rítmo o cualquier indicio para interpretarla más que la propia perspicacia y sensibilidad de quien está frente al score.

 

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Por otro lado, en 1969 después de separarse del academicismo elitista se unió a Howard Skempton y Michael Parsons, antiguos miembros del AMM formando la Scratch Orchestra, misma que fue concebida para interpretar su obra maestra “The Great Learning”, que compuesta por siete secciones influenciados por la doctrina de Confucio y con la ayuda en la traducción de Ezra Pound, artista perteneciente a la Lost Generation, sirvió como un golpe en la mesa para darle la espalda por completo a occidente, sirviendo como un punto de redefinición de las propiedades naturales, concretas, reales y físicas de los objetos sonoros.

Para 1971, adoptó los discursos de Mao Tse-Tung donde puntualizaba que el arte debe ser político y estético. Como era obvio, nadie se arriesgaría demasiado para sepultar su carrera y un año más tarde la Scratch Orchestra no existiría más, pero Cardew no claudicó y siguió adelante comprometido con las ideas socialistas, al grado de abandonar cualquier conexión con la llamada entonces música de vanguardia para caer en populismos mezclados con música folk británica apoyando a la clase trabajadora sobre la clase opresora. Esta nueva etapa lo llevaría a escribir en 1974 el libro “Stockhausen Serves Imperialism”, donde le grita al mundo entero la ruptura con sus viejos ideales, criticando severamente los métodos tiránicos de su mentor. Los últimos años de su vida se dedicó plenamente a política, alternándola con su gran carrera como músico, un buen ejemplo de esto es la agrupación denominada “People’s Liberation Music”.

 

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Si bien ha sido juzgado (posiblemente con razón) por abandonar un dogmatismo para adoptar otro, su legado ha influenciado a más de un centenar de músicos que han seguido el camino de la experimentación como un sendero personal, sembrando la oposición por todo el Reino Unido y más allá de sus confines imperialistas, poniendo sobre la mesa que la música esta hecha para explorarse más que para estancarse desarrollando habilidades dignas de los monos.

 

Cornelius Cardew - Treatise (Full Score) - Copy-132

Treatise-02

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stockhausen

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Cornelius Cardew – El Máximo Rebelde Contra el Academicismo de Vanguardia

“Any direction modern music will take in England will come about only through Cardew, because of him, by way of him. If the new ideas in music are felt today as a movement in England, it’s because he acts as a moral force, a moral centre”

– Michael Nyman in Experimental Music: Cage and Beyond, 115

 

Después de superar la adversidad que ofreció el periodo que duró la Segunda Guerra Mundial, el británico Cornelius Cardew tuvo una carrera de ensueño. Desde que él y su familia huyeran de los bombardeos alemanes estudió en la Royal Academy de Londres durante la década de 1950, una época que por fuerza marcó la consolidación de los sonidos de vanguardia sobre la posguerra y sus efectos.

Su ferviente devoción a la música daría frutos durante su participación en la presentación de “Le Marteau Sans Maître”, pieza a cargo del compositor Pierre Boulez, haciéndose acreedor de una beca para estudiar en Colonia, una de las mecas de la música electrónica junto al imponente Karlheinz Stockhausen, para quien trabajaría como asistente en un período comprendido entre 1956 a 1960. Cardew, para mediados de ese período, presenciaría una serie de conciertos a cargo de John Cage, quien le cambiaría el panorama para siempre.

 

Christopher Hobbes, Cornelius Cardew, CW, London, International Students Center, 1968. Preparing for concert.

 

Siendo ya un músico consolidado, decidió abandonar la estructura compositiva serial que había llevado por años dando pie a nuevas fórmulas y sonidos, estableciendo así sus credenciales como un profesional de la música experimental en todo su esplendor. Durante esta nueva etapa que comprende de 1963 a 1967, Cardew al tiempo que organizaba conciertos y difundía por todo el Reino Unido las obras de Pierre Boulez, Christian Wolff, y Terry Riley, se dio a la tarea de trabajar en “Treatise”, obra totalmente revolucionaria para la época, compuesta a base de una partitura gráfica carente de cualquier instrucción interpretativa. Todo esto basado en la premisa central que lo inquietaba hasta el hartazgo “la música contemporánea cada vez es más como la ocupación de una élite altamente entrenada, misma que elimina por completo de la experiencia al público en general”.

Y así fue como “Treatise” y sus 193 páginas de belleza indeterminada permitió a músicos académicos y a su contraparte privada de estudios poder interpretar música en una partitura repleta de círculos, líneas y símbolos carentes de tiempo, tono, rítmo o cualquier indicio para interpretarla más que la propia perspicacia y sensibilidad de quien está frente al score.

 

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Por otro lado, en 1969 después de separarse del academicismo elitista se unió a Howard Skempton y Michael Parsons, antiguos miembros del AMM formando la Scratch Orchestra, misma que fue concebida para interpretar su obra maestra “The Great Learning”, que compuesta por siete secciones influenciados por la doctrina de Confucio y con la ayuda en la traducción de Ezra Pound, artista perteneciente a la Lost Generation, sirvió como un golpe en la mesa para darle la espalda por completo a occidente, sirviendo como un punto de redefinición de las propiedades naturales, concretas, reales y físicas de los objetos sonoros.

Para 1971, adoptó los discursos de Mao Tse-Tung donde puntualizaba que el arte debe ser político y estético. Como era obvio, nadie se arriesgaría demasiado para sepultar su carrera y un año más tarde la Scratch Orchestra no existiría más, pero Cardew no claudicó y siguió adelante comprometido con las ideas socialistas, al grado de abandonar cualquier conexión con la llamada entonces música de vanguardia para caer en populismos mezclados con música folk británica apoyando a la clase trabajadora sobre la clase opresora. Esta nueva etapa lo llevaría a escribir en 1974 el libro “Stockhausen Serves Imperialism”, donde le grita al mundo entero la ruptura con sus viejos ideales, criticando severamente los métodos tiránicos de su mentor. Los últimos años de su vida se dedicó plenamente a política, alternándola con su gran carrera como músico, un buen ejemplo de esto es la agrupación denominada “People’s Liberation Music”.

 

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Si bien ha sido juzgado (posiblemente con razón) por abandonar un dogmatismo para adoptar otro, su legado ha influenciado a más de un centenar de músicos que han seguido el camino de la experimentación como un sendero personal, sembrando la oposición por todo el Reino Unido y más allá de sus confines imperialistas, poniendo sobre la mesa que la música esta hecha para explorarse más que para estancarse desarrollando habilidades dignas de los monos.

 

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Cornelius Cardew – El Máximo Rebelde Contra el Academicismo de Vanguardia

“Any direction modern music will take in England will come about only through Cardew, because of him, by way of him. If the new ideas in music are felt today as a movement in England, it’s because he acts as a moral force, a moral centre”

– Michael Nyman in Experimental Music: Cage and Beyond, 115

 

Después de superar la adversidad que ofreció el periodo que duró la Segunda Guerra Mundial, el británico Cornelius Cardew tuvo una carrera de ensueño. Desde que él y su familia huyeran de los bombardeos alemanes estudió en la Royal Academy de Londres durante la década de 1950, una época que por fuerza marcó la consolidación de los sonidos de vanguardia sobre la posguerra y sus efectos.

Su ferviente devoción a la música daría frutos durante su participación en la presentación de “Le Marteau Sans Maître”, pieza a cargo del compositor Pierre Boulez, haciéndose acreedor de una beca para estudiar en Colonia, una de las mecas de la música electrónica junto al imponente Karlheinz Stockhausen, para quien trabajaría como asistente en un período comprendido entre 1956 a 1960. Cardew, para mediados de ese período, presenciaría una serie de conciertos a cargo de John Cage, quien le cambiaría el panorama para siempre.

 

Christopher Hobbes, Cornelius Cardew, CW, London, International Students Center, 1968. Preparing for concert.

 

Siendo ya un músico consolidado, decidió abandonar la estructura compositiva serial que había llevado por años dando pie a nuevas fórmulas y sonidos, estableciendo así sus credenciales como un profesional de la música experimental en todo su esplendor. Durante esta nueva etapa que comprende de 1963 a 1967, Cardew al tiempo que organizaba conciertos y difundía por todo el Reino Unido las obras de Pierre Boulez, Christian Wolff, y Terry Riley, se dio a la tarea de trabajar en “Treatise”, obra totalmente revolucionaria para la época, compuesta a base de una partitura gráfica carente de cualquier instrucción interpretativa. Todo esto basado en la premisa central que lo inquietaba hasta el hartazgo “la música contemporánea cada vez es más como la ocupación de una élite altamente entrenada, misma que elimina por completo de la experiencia al público en general”.

Y así fue como “Treatise” y sus 193 páginas de belleza indeterminada permitió a músicos académicos y a su contraparte privada de estudios poder interpretar música en una partitura repleta de círculos, líneas y símbolos carentes de tiempo, tono, rítmo o cualquier indicio para interpretarla más que la propia perspicacia y sensibilidad de quien está frente al score.

 

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Por otro lado, en 1969 después de separarse del academicismo elitista se unió a Howard Skempton y Michael Parsons, antiguos miembros del AMM formando la Scratch Orchestra, misma que fue concebida para interpretar su obra maestra “The Great Learning”, que compuesta por siete secciones influenciados por la doctrina de Confucio y con la ayuda en la traducción de Ezra Pound, artista perteneciente a la Lost Generation, sirvió como un golpe en la mesa para darle la espalda por completo a occidente, sirviendo como un punto de redefinición de las propiedades naturales, concretas, reales y físicas de los objetos sonoros.

Para 1971, adoptó los discursos de Mao Tse-Tung donde puntualizaba que el arte debe ser político y estético. Como era obvio, nadie se arriesgaría demasiado para sepultar su carrera y un año más tarde la Scratch Orchestra no existiría más, pero Cardew no claudicó y siguió adelante comprometido con las ideas socialistas, al grado de abandonar cualquier conexión con la llamada entonces música de vanguardia para caer en populismos mezclados con música folk británica apoyando a la clase trabajadora sobre la clase opresora. Esta nueva etapa lo llevaría a escribir en 1974 el libro “Stockhausen Serves Imperialism”, donde le grita al mundo entero la ruptura con sus viejos ideales, criticando severamente los métodos tiránicos de su mentor. Los últimos años de su vida se dedicó plenamente a política, alternándola con su gran carrera como músico, un buen ejemplo de esto es la agrupación denominada “People’s Liberation Music”.

 

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Si bien ha sido juzgado (posiblemente con razón) por abandonar un dogmatismo para adoptar otro, su legado ha influenciado a más de un centenar de músicos que han seguido el camino de la experimentación como un sendero personal, sembrando la oposición por todo el Reino Unido y más allá de sus confines imperialistas, poniendo sobre la mesa que la música esta hecha para explorarse más que para estancarse desarrollando habilidades dignas de los monos.

 

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Cornelius Cardew – El Máximo Rebelde Contra el Academicismo de Vanguardia

“Any direction modern music will take in England will come about only through Cardew, because of him, by way of him. If the new ideas in music are felt today as a movement in England, it’s because he acts as a moral force, a moral centre”

– Michael Nyman in Experimental Music: Cage and Beyond, 115

 

Después de superar la adversidad que ofreció el periodo que duró la Segunda Guerra Mundial, el británico Cornelius Cardew tuvo una carrera de ensueño. Desde que él y su familia huyeran de los bombardeos alemanes estudió en la Royal Academy de Londres durante la década de 1950, una época que por fuerza marcó la consolidación de los sonidos de vanguardia sobre la posguerra y sus efectos.

Su ferviente devoción a la música daría frutos durante su participación en la presentación de “Le Marteau Sans Maître”, pieza a cargo del compositor Pierre Boulez, haciéndose acreedor de una beca para estudiar en Colonia, una de las mecas de la música electrónica junto al imponente Karlheinz Stockhausen, para quien trabajaría como asistente en un período comprendido entre 1956 a 1960. Cardew, para mediados de ese período, presenciaría una serie de conciertos a cargo de John Cage, quien le cambiaría el panorama para siempre.

 

Christopher Hobbes, Cornelius Cardew, CW, London, International Students Center, 1968. Preparing for concert.

 

Siendo ya un músico consolidado, decidió abandonar la estructura compositiva serial que había llevado por años dando pie a nuevas fórmulas y sonidos, estableciendo así sus credenciales como un profesional de la música experimental en todo su esplendor. Durante esta nueva etapa que comprende de 1963 a 1967, Cardew al tiempo que organizaba conciertos y difundía por todo el Reino Unido las obras de Pierre Boulez, Christian Wolff, y Terry Riley, se dio a la tarea de trabajar en “Treatise”, obra totalmente revolucionaria para la época, compuesta a base de una partitura gráfica carente de cualquier instrucción interpretativa. Todo esto basado en la premisa central que lo inquietaba hasta el hartazgo “la música contemporánea cada vez es más como la ocupación de una élite altamente entrenada, misma que elimina por completo de la experiencia al público en general”.

Y así fue como “Treatise” y sus 193 páginas de belleza indeterminada permitió a músicos académicos y a su contraparte privada de estudios poder interpretar música en una partitura repleta de círculos, líneas y símbolos carentes de tiempo, tono, rítmo o cualquier indicio para interpretarla más que la propia perspicacia y sensibilidad de quien está frente al score.

 

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Por otro lado, en 1969 después de separarse del academicismo elitista se unió a Howard Skempton y Michael Parsons, antiguos miembros del AMM formando la Scratch Orchestra, misma que fue concebida para interpretar su obra maestra “The Great Learning”, que compuesta por siete secciones influenciados por la doctrina de Confucio y con la ayuda en la traducción de Ezra Pound, artista perteneciente a la Lost Generation, sirvió como un golpe en la mesa para darle la espalda por completo a occidente, sirviendo como un punto de redefinición de las propiedades naturales, concretas, reales y físicas de los objetos sonoros.

Para 1971, adoptó los discursos de Mao Tse-Tung donde puntualizaba que el arte debe ser político y estético. Como era obvio, nadie se arriesgaría demasiado para sepultar su carrera y un año más tarde la Scratch Orchestra no existiría más, pero Cardew no claudicó y siguió adelante comprometido con las ideas socialistas, al grado de abandonar cualquier conexión con la llamada entonces música de vanguardia para caer en populismos mezclados con música folk británica apoyando a la clase trabajadora sobre la clase opresora. Esta nueva etapa lo llevaría a escribir en 1974 el libro “Stockhausen Serves Imperialism”, donde le grita al mundo entero la ruptura con sus viejos ideales, criticando severamente los métodos tiránicos de su mentor. Los últimos años de su vida se dedicó plenamente a política, alternándola con su gran carrera como músico, un buen ejemplo de esto es la agrupación denominada “People’s Liberation Music”.

 

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Si bien ha sido juzgado (posiblemente con razón) por abandonar un dogmatismo para adoptar otro, su legado ha influenciado a más de un centenar de músicos que han seguido el camino de la experimentación como un sendero personal, sembrando la oposición por todo el Reino Unido y más allá de sus confines imperialistas, poniendo sobre la mesa que la música esta hecha para explorarse más que para estancarse desarrollando habilidades dignas de los monos.

 

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Cornelius Cardew – El Máximo Rebelde Contra el Academicismo de Vanguardia

“Any direction modern music will take in England will come about only through Cardew, because of him, by way of him. If the new ideas in music are felt today as a movement in England, it’s because he acts as a moral force, a moral centre”

– Michael Nyman in Experimental Music: Cage and Beyond, 115

 

Después de superar la adversidad que ofreció el periodo que duró la Segunda Guerra Mundial, el británico Cornelius Cardew tuvo una carrera de ensueño. Desde que él y su familia huyeran de los bombardeos alemanes estudió en la Royal Academy de Londres durante la década de 1950, una época que por fuerza marcó la consolidación de los sonidos de vanguardia sobre la posguerra y sus efectos.

Su ferviente devoción a la música daría frutos durante su participación en la presentación de “Le Marteau Sans Maître”, pieza a cargo del compositor Pierre Boulez, haciéndose acreedor de una beca para estudiar en Colonia, una de las mecas de la música electrónica junto al imponente Karlheinz Stockhausen, para quien trabajaría como asistente en un período comprendido entre 1956 a 1960. Cardew, para mediados de ese período, presenciaría una serie de conciertos a cargo de John Cage, quien le cambiaría el panorama para siempre.

 

Christopher Hobbes, Cornelius Cardew, CW, London, International Students Center, 1968. Preparing for concert.

 

Siendo ya un músico consolidado, decidió abandonar la estructura compositiva serial que había llevado por años dando pie a nuevas fórmulas y sonidos, estableciendo así sus credenciales como un profesional de la música experimental en todo su esplendor. Durante esta nueva etapa que comprende de 1963 a 1967, Cardew al tiempo que organizaba conciertos y difundía por todo el Reino Unido las obras de Pierre Boulez, Christian Wolff, y Terry Riley, se dio a la tarea de trabajar en “Treatise”, obra totalmente revolucionaria para la época, compuesta a base de una partitura gráfica carente de cualquier instrucción interpretativa. Todo esto basado en la premisa central que lo inquietaba hasta el hartazgo “la música contemporánea cada vez es más como la ocupación de una élite altamente entrenada, misma que elimina por completo de la experiencia al público en general”.

Y así fue como “Treatise” y sus 193 páginas de belleza indeterminada permitió a músicos académicos y a su contraparte privada de estudios poder interpretar música en una partitura repleta de círculos, líneas y símbolos carentes de tiempo, tono, rítmo o cualquier indicio para interpretarla más que la propia perspicacia y sensibilidad de quien está frente al score.

 

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Por otro lado, en 1969 después de separarse del academicismo elitista se unió a Howard Skempton y Michael Parsons, antiguos miembros del AMM formando la Scratch Orchestra, misma que fue concebida para interpretar su obra maestra “The Great Learning”, que compuesta por siete secciones influenciados por la doctrina de Confucio y con la ayuda en la traducción de Ezra Pound, artista perteneciente a la Lost Generation, sirvió como un golpe en la mesa para darle la espalda por completo a occidente, sirviendo como un punto de redefinición de las propiedades naturales, concretas, reales y físicas de los objetos sonoros.

Para 1971, adoptó los discursos de Mao Tse-Tung donde puntualizaba que el arte debe ser político y estético. Como era obvio, nadie se arriesgaría demasiado para sepultar su carrera y un año más tarde la Scratch Orchestra no existiría más, pero Cardew no claudicó y siguió adelante comprometido con las ideas socialistas, al grado de abandonar cualquier conexión con la llamada entonces música de vanguardia para caer en populismos mezclados con música folk británica apoyando a la clase trabajadora sobre la clase opresora. Esta nueva etapa lo llevaría a escribir en 1974 el libro “Stockhausen Serves Imperialism”, donde le grita al mundo entero la ruptura con sus viejos ideales, criticando severamente los métodos tiránicos de su mentor. Los últimos años de su vida se dedicó plenamente a política, alternándola con su gran carrera como músico, un buen ejemplo de esto es la agrupación denominada “People’s Liberation Music”.

 

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Si bien ha sido juzgado (posiblemente con razón) por abandonar un dogmatismo para adoptar otro, su legado ha influenciado a más de un centenar de músicos que han seguido el camino de la experimentación como un sendero personal, sembrando la oposición por todo el Reino Unido y más allá de sus confines imperialistas, poniendo sobre la mesa que la música esta hecha para explorarse más que para estancarse desarrollando habilidades dignas de los monos.

 

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“Any direction modern music will take in England will come about only through Cardew, because of him, by way of him. If the new ideas in music are felt today as a movement in England, it’s because he acts as a moral force, a moral centre”

– Michael Nyman in Experimental Music: Cage and Beyond, 115

 

Después de superar la adversidad que ofreció el periodo que duró la Segunda Guerra Mundial, el británico Cornelius Cardew tuvo una carrera de ensueño. Desde que él y su familia huyeran de los bombardeos alemanes estudió en la Royal Academy de Londres durante la década de 1950, una época que por fuerza marcó la consolidación de los sonidos de vanguardia sobre la posguerra y sus efectos.

Su ferviente devoción a la música daría frutos durante su participación en la presentación de “Le Marteau Sans Maître”, pieza a cargo del compositor Pierre Boulez, haciéndose acreedor de una beca para estudiar en Colonia, una de las mecas de la música electrónica junto al imponente Karlheinz Stockhausen, para quien trabajaría como asistente en un período comprendido entre 1956 a 1960. Cardew, para mediados de ese período, presenciaría una serie de conciertos a cargo de John Cage, quien le cambiaría el panorama para siempre.

 

Christopher Hobbes, Cornelius Cardew, CW, London, International Students Center, 1968. Preparing for concert.

 

Siendo ya un músico consolidado, decidió abandonar la estructura compositiva serial que había llevado por años dando pie a nuevas fórmulas y sonidos, estableciendo así sus credenciales como un profesional de la música experimental en todo su esplendor. Durante esta nueva etapa que comprende de 1963 a 1967, Cardew al tiempo que organizaba conciertos y difundía por todo el Reino Unido las obras de Pierre Boulez, Christian Wolff, y Terry Riley, se dio a la tarea de trabajar en “Treatise”, obra totalmente revolucionaria para la época, compuesta a base de una partitura gráfica carente de cualquier instrucción interpretativa. Todo esto basado en la premisa central que lo inquietaba hasta el hartazgo “la música contemporánea cada vez es más como la ocupación de una élite altamente entrenada, misma que elimina por completo de la experiencia al público en general”.

Y así fue como “Treatise” y sus 193 páginas de belleza indeterminada permitió a músicos académicos y a su contraparte privada de estudios poder interpretar música en una partitura repleta de círculos, líneas y símbolos carentes de tiempo, tono, rítmo o cualquier indicio para interpretarla más que la propia perspicacia y sensibilidad de quien está frente al score.

 

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Por otro lado, en 1969 después de separarse del academicismo elitista se unió a Howard Skempton y Michael Parsons, antiguos miembros del AMM formando la Scratch Orchestra, misma que fue concebida para interpretar su obra maestra “The Great Learning”, que compuesta por siete secciones influenciados por la doctrina de Confucio y con la ayuda en la traducción de Ezra Pound, artista perteneciente a la Lost Generation, sirvió como un golpe en la mesa para darle la espalda por completo a occidente, sirviendo como un punto de redefinición de las propiedades naturales, concretas, reales y físicas de los objetos sonoros.

Para 1971, adoptó los discursos de Mao Tse-Tung donde puntualizaba que el arte debe ser político y estético. Como era obvio, nadie se arriesgaría demasiado para sepultar su carrera y un año más tarde la Scratch Orchestra no existiría más, pero Cardew no claudicó y siguió adelante comprometido con las ideas socialistas, al grado de abandonar cualquier conexión con la llamada entonces música de vanguardia para caer en populismos mezclados con música folk británica apoyando a la clase trabajadora sobre la clase opresora. Esta nueva etapa lo llevaría a escribir en 1974 el libro “Stockhausen Serves Imperialism”, donde le grita al mundo entero la ruptura con sus viejos ideales, criticando severamente los métodos tiránicos de su mentor. Los últimos años de su vida se dedicó plenamente a política, alternándola con su gran carrera como músico, un buen ejemplo de esto es la agrupación denominada “People’s Liberation Music”.

 

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Si bien ha sido juzgado (posiblemente con razón) por abandonar un dogmatismo para adoptar otro, su legado ha influenciado a más de un centenar de músicos que han seguido el camino de la experimentación como un sendero personal, sembrando la oposición por todo el Reino Unido y más allá de sus confines imperialistas, poniendo sobre la mesa que la música esta hecha para explorarse más que para estancarse desarrollando habilidades dignas de los monos.

 

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“Any direction modern music will take in England will come about only through Cardew, because of him, by way of him. If the new ideas in music are felt today as a movement in England, it’s because he acts as a moral force, a moral centre”

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Después de superar la adversidad que ofreció el periodo que duró la Segunda Guerra Mundial, el británico Cornelius Cardew tuvo una carrera de ensueño. Desde que él y su familia huyeran de los bombardeos alemanes estudió en la Royal Academy de Londres durante la década de 1950, una época que por fuerza marcó la consolidación de los sonidos de vanguardia sobre la posguerra y sus efectos.

Su ferviente devoción a la música daría frutos durante su participación en la presentación de “Le Marteau Sans Maître”, pieza a cargo del compositor Pierre Boulez, haciéndose acreedor de una beca para estudiar en Colonia, una de las mecas de la música electrónica junto al imponente Karlheinz Stockhausen, para quien trabajaría como asistente en un período comprendido entre 1956 a 1960. Cardew, para mediados de ese período, presenciaría una serie de conciertos a cargo de John Cage, quien le cambiaría el panorama para siempre.

 

Christopher Hobbes, Cornelius Cardew, CW, London, International Students Center, 1968. Preparing for concert.

 

Siendo ya un músico consolidado, decidió abandonar la estructura compositiva serial que había llevado por años dando pie a nuevas fórmulas y sonidos, estableciendo así sus credenciales como un profesional de la música experimental en todo su esplendor. Durante esta nueva etapa que comprende de 1963 a 1967, Cardew al tiempo que organizaba conciertos y difundía por todo el Reino Unido las obras de Pierre Boulez, Christian Wolff, y Terry Riley, se dio a la tarea de trabajar en “Treatise”, obra totalmente revolucionaria para la época, compuesta a base de una partitura gráfica carente de cualquier instrucción interpretativa. Todo esto basado en la premisa central que lo inquietaba hasta el hartazgo “la música contemporánea cada vez es más como la ocupación de una élite altamente entrenada, misma que elimina por completo de la experiencia al público en general”.

Y así fue como “Treatise” y sus 193 páginas de belleza indeterminada permitió a músicos académicos y a su contraparte privada de estudios poder interpretar música en una partitura repleta de círculos, líneas y símbolos carentes de tiempo, tono, rítmo o cualquier indicio para interpretarla más que la propia perspicacia y sensibilidad de quien está frente al score.

 

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Por otro lado, en 1969 después de separarse del academicismo elitista se unió a Howard Skempton y Michael Parsons, antiguos miembros del AMM formando la Scratch Orchestra, misma que fue concebida para interpretar su obra maestra “The Great Learning”, que compuesta por siete secciones influenciados por la doctrina de Confucio y con la ayuda en la traducción de Ezra Pound, artista perteneciente a la Lost Generation, sirvió como un golpe en la mesa para darle la espalda por completo a occidente, sirviendo como un punto de redefinición de las propiedades naturales, concretas, reales y físicas de los objetos sonoros.

Para 1971, adoptó los discursos de Mao Tse-Tung donde puntualizaba que el arte debe ser político y estético. Como era obvio, nadie se arriesgaría demasiado para sepultar su carrera y un año más tarde la Scratch Orchestra no existiría más, pero Cardew no claudicó y siguió adelante comprometido con las ideas socialistas, al grado de abandonar cualquier conexión con la llamada entonces música de vanguardia para caer en populismos mezclados con música folk británica apoyando a la clase trabajadora sobre la clase opresora. Esta nueva etapa lo llevaría a escribir en 1974 el libro “Stockhausen Serves Imperialism”, donde le grita al mundo entero la ruptura con sus viejos ideales, criticando severamente los métodos tiránicos de su mentor. Los últimos años de su vida se dedicó plenamente a política, alternándola con su gran carrera como músico, un buen ejemplo de esto es la agrupación denominada “People’s Liberation Music”.

 

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Si bien ha sido juzgado (posiblemente con razón) por abandonar un dogmatismo para adoptar otro, su legado ha influenciado a más de un centenar de músicos que han seguido el camino de la experimentación como un sendero personal, sembrando la oposición por todo el Reino Unido y más allá de sus confines imperialistas, poniendo sobre la mesa que la música esta hecha para explorarse más que para estancarse desarrollando habilidades dignas de los monos.

 

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Cornelius Cardew – El Máximo Rebelde Contra el Academicismo de Vanguardia

“Any direction modern music will take in England will come about only through Cardew, because of him, by way of him. If the new ideas in music are felt today as a movement in England, it’s because he acts as a moral force, a moral centre”

– Michael Nyman in Experimental Music: Cage and Beyond, 115

 

Después de superar la adversidad que ofreció el periodo que duró la Segunda Guerra Mundial, el británico Cornelius Cardew tuvo una carrera de ensueño. Desde que él y su familia huyeran de los bombardeos alemanes estudió en la Royal Academy de Londres durante la década de 1950, una época que por fuerza marcó la consolidación de los sonidos de vanguardia sobre la posguerra y sus efectos.

Su ferviente devoción a la música daría frutos durante su participación en la presentación de “Le Marteau Sans Maître”, pieza a cargo del compositor Pierre Boulez, haciéndose acreedor de una beca para estudiar en Colonia, una de las mecas de la música electrónica junto al imponente Karlheinz Stockhausen, para quien trabajaría como asistente en un período comprendido entre 1956 a 1960. Cardew, para mediados de ese período, presenciaría una serie de conciertos a cargo de John Cage, quien le cambiaría el panorama para siempre.

 

Christopher Hobbes, Cornelius Cardew, CW, London, International Students Center, 1968. Preparing for concert.

 

Siendo ya un músico consolidado, decidió abandonar la estructura compositiva serial que había llevado por años dando pie a nuevas fórmulas y sonidos, estableciendo así sus credenciales como un profesional de la música experimental en todo su esplendor. Durante esta nueva etapa que comprende de 1963 a 1967, Cardew al tiempo que organizaba conciertos y difundía por todo el Reino Unido las obras de Pierre Boulez, Christian Wolff, y Terry Riley, se dio a la tarea de trabajar en “Treatise”, obra totalmente revolucionaria para la época, compuesta a base de una partitura gráfica carente de cualquier instrucción interpretativa. Todo esto basado en la premisa central que lo inquietaba hasta el hartazgo “la música contemporánea cada vez es más como la ocupación de una élite altamente entrenada, misma que elimina por completo de la experiencia al público en general”.

Y así fue como “Treatise” y sus 193 páginas de belleza indeterminada permitió a músicos académicos y a su contraparte privada de estudios poder interpretar música en una partitura repleta de círculos, líneas y símbolos carentes de tiempo, tono, rítmo o cualquier indicio para interpretarla más que la propia perspicacia y sensibilidad de quien está frente al score.

 

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Por otro lado, en 1969 después de separarse del academicismo elitista se unió a Howard Skempton y Michael Parsons, antiguos miembros del AMM formando la Scratch Orchestra, misma que fue concebida para interpretar su obra maestra “The Great Learning”, que compuesta por siete secciones influenciados por la doctrina de Confucio y con la ayuda en la traducción de Ezra Pound, artista perteneciente a la Lost Generation, sirvió como un golpe en la mesa para darle la espalda por completo a occidente, sirviendo como un punto de redefinición de las propiedades naturales, concretas, reales y físicas de los objetos sonoros.

Para 1971, adoptó los discursos de Mao Tse-Tung donde puntualizaba que el arte debe ser político y estético. Como era obvio, nadie se arriesgaría demasiado para sepultar su carrera y un año más tarde la Scratch Orchestra no existiría más, pero Cardew no claudicó y siguió adelante comprometido con las ideas socialistas, al grado de abandonar cualquier conexión con la llamada entonces música de vanguardia para caer en populismos mezclados con música folk británica apoyando a la clase trabajadora sobre la clase opresora. Esta nueva etapa lo llevaría a escribir en 1974 el libro “Stockhausen Serves Imperialism”, donde le grita al mundo entero la ruptura con sus viejos ideales, criticando severamente los métodos tiránicos de su mentor. Los últimos años de su vida se dedicó plenamente a política, alternándola con su gran carrera como músico, un buen ejemplo de esto es la agrupación denominada “People’s Liberation Music”.

 

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Si bien ha sido juzgado (posiblemente con razón) por abandonar un dogmatismo para adoptar otro, su legado ha influenciado a más de un centenar de músicos que han seguido el camino de la experimentación como un sendero personal, sembrando la oposición por todo el Reino Unido y más allá de sus confines imperialistas, poniendo sobre la mesa que la música esta hecha para explorarse más que para estancarse desarrollando habilidades dignas de los monos.

 

Cornelius Cardew - Treatise (Full Score) - Copy-132

Treatise-02

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stockhausen

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Cornelius Cardew – El Máximo Rebelde Contra el Academicismo de Vanguardia

“Any direction modern music will take in England will come about only through Cardew, because of him, by way of him. If the new ideas in music are felt today as a movement in England, it’s because he acts as a moral force, a moral centre”

– Michael Nyman in Experimental Music: Cage and Beyond, 115

 

Después de superar la adversidad que ofreció el periodo que duró la Segunda Guerra Mundial, el británico Cornelius Cardew tuvo una carrera de ensueño. Desde que él y su familia huyeran de los bombardeos alemanes estudió en la Royal Academy de Londres durante la década de 1950, una época que por fuerza marcó la consolidación de los sonidos de vanguardia sobre la posguerra y sus efectos.

Su ferviente devoción a la música daría frutos durante su participación en la presentación de “Le Marteau Sans Maître”, pieza a cargo del compositor Pierre Boulez, haciéndose acreedor de una beca para estudiar en Colonia, una de las mecas de la música electrónica junto al imponente Karlheinz Stockhausen, para quien trabajaría como asistente en un período comprendido entre 1956 a 1960. Cardew, para mediados de ese período, presenciaría una serie de conciertos a cargo de John Cage, quien le cambiaría el panorama para siempre.

 

Christopher Hobbes, Cornelius Cardew, CW, London, International Students Center, 1968. Preparing for concert.

 

Siendo ya un músico consolidado, decidió abandonar la estructura compositiva serial que había llevado por años dando pie a nuevas fórmulas y sonidos, estableciendo así sus credenciales como un profesional de la música experimental en todo su esplendor. Durante esta nueva etapa que comprende de 1963 a 1967, Cardew al tiempo que organizaba conciertos y difundía por todo el Reino Unido las obras de Pierre Boulez, Christian Wolff, y Terry Riley, se dio a la tarea de trabajar en “Treatise”, obra totalmente revolucionaria para la época, compuesta a base de una partitura gráfica carente de cualquier instrucción interpretativa. Todo esto basado en la premisa central que lo inquietaba hasta el hartazgo “la música contemporánea cada vez es más como la ocupación de una élite altamente entrenada, misma que elimina por completo de la experiencia al público en general”.

Y así fue como “Treatise” y sus 193 páginas de belleza indeterminada permitió a músicos académicos y a su contraparte privada de estudios poder interpretar música en una partitura repleta de círculos, líneas y símbolos carentes de tiempo, tono, rítmo o cualquier indicio para interpretarla más que la propia perspicacia y sensibilidad de quien está frente al score.

 

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Por otro lado, en 1969 después de separarse del academicismo elitista se unió a Howard Skempton y Michael Parsons, antiguos miembros del AMM formando la Scratch Orchestra, misma que fue concebida para interpretar su obra maestra “The Great Learning”, que compuesta por siete secciones influenciados por la doctrina de Confucio y con la ayuda en la traducción de Ezra Pound, artista perteneciente a la Lost Generation, sirvió como un golpe en la mesa para darle la espalda por completo a occidente, sirviendo como un punto de redefinición de las propiedades naturales, concretas, reales y físicas de los objetos sonoros.

Para 1971, adoptó los discursos de Mao Tse-Tung donde puntualizaba que el arte debe ser político y estético. Como era obvio, nadie se arriesgaría demasiado para sepultar su carrera y un año más tarde la Scratch Orchestra no existiría más, pero Cardew no claudicó y siguió adelante comprometido con las ideas socialistas, al grado de abandonar cualquier conexión con la llamada entonces música de vanguardia para caer en populismos mezclados con música folk británica apoyando a la clase trabajadora sobre la clase opresora. Esta nueva etapa lo llevaría a escribir en 1974 el libro “Stockhausen Serves Imperialism”, donde le grita al mundo entero la ruptura con sus viejos ideales, criticando severamente los métodos tiránicos de su mentor. Los últimos años de su vida se dedicó plenamente a política, alternándola con su gran carrera como músico, un buen ejemplo de esto es la agrupación denominada “People’s Liberation Music”.

 

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Si bien ha sido juzgado (posiblemente con razón) por abandonar un dogmatismo para adoptar otro, su legado ha influenciado a más de un centenar de músicos que han seguido el camino de la experimentación como un sendero personal, sembrando la oposición por todo el Reino Unido y más allá de sus confines imperialistas, poniendo sobre la mesa que la música esta hecha para explorarse más que para estancarse desarrollando habilidades dignas de los monos.

 

Cornelius Cardew - Treatise (Full Score) - Copy-132

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