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Babatunde Olatunji y su Drums of Passion: El Disco que Allanó el Camino para la Música Africana

Babatunde Olatunji y su Drums of Passion: El Disco que Allanó el Camino para la Música Africana
19 abril, 2016 Gerardo Peralta

“Rhythm is the soul of life.
The whole universe revolves in rhythm.
Everything and every human action revolves in rhythm.”

Babatunde Olatunji

Babatunde Olatunji destacado miembro perteneciente a la etnia nigeriana de los Yoruba tuvo una fascinación obsesiva por la música africana desde una edad muy temprana, actividad que intercalaba con sus aptitudes para el estudio, mismas que hacia 1950 lo hicieran acreedor a una beca por parte de la Fundación de Rotary International, permitiéndose el lujo de asistir a la Morehouse College en Atlanta, Georgia, donde no tardó en ganar reconocimiento por organizar grupos de música africana. Después de graduarse en 1954, viajaría rumbo a Nueva York para estudiar la universidad especializándose en administración pública, al tiempo que insistía con la creación de pequeños grupos de percusión. Debido a la falta de fondos, abandonó la universidad y se enfocó totalmente en la creación de música, llegando a conseguir trabajo en una producción de Radio City Music Hall.

 

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Nueve años después de su llegada a América y con un recorrido importante a nivel local, fue descubierto por John Hammond productor de Columbia Records en una época reinada por el jazz y el hard bop; y fue precisamente en 1959 uno de los años más importantes en la era del jazz donde estallaría con su gran debut en la escena con el gran clásico, “Drums of Passion”.

 

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Fue el primer álbum de tambores, percusiones y cantos tradicionales de África Occidental que se registró en los Estados Unidos al cual se le atribuye la introducción a los oídos occidentales en masa el gusto y el interés por este tipo de música. En términos de improvisación contiene una gran animación de fraseos y arreglos rítmicos difíciles de superar, ya que se desenvuelve sobre un flujo de polirritmia impresionante mientras se inyectan gritos y gemidos como una manada de bestias copulando en medio de un ritual, dando como resultado una oleada de éxtasis en forma de ritmos sin descanso y cantos cargados de una espiritualidad avasallante.

Otro dato relevante es que debido a su naturaleza tribal, durante la grabación el estudio se encontraba repleto de diferentes colaboradores, músicos, coristas, ingenieros y demás que entraban y salían del mismo, muchos de ellos quedando en el anonimato y otros tantos acreditados como: Akin Akiwowo, Baba Hawthorne Jey, Montigo Joe, Taiwo Duval, Afuavi Derby y Barbara Gordon.

 

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Como era de esperarse la grabación no pasó desapercibida e inmediatamente se ganó el reconocimiento y aplauso de entusiastas del jazz y de sus tótems más venerados como: Miles Davis, John Coltrane, Charles Mingus, Max Roach y Ornette Coleman, incluso apareciendo junto a ellos en diversas grabaciones como invitado. Gracias a el éxito de Drums of Passion, Babatunde Olatunji llegaría con su música a la Feria Mundial de Nueva York en 1964, donde fue capaz de recaudar dinero suficiente con la ayuda de su buen amigo John Coltrane para abrir el Centro de Olatunji para la Cultura Africana ( OCAC ) en Harlem, lugar que ofrecía clases de danza africana, música, lenguaje, folclore e historia. Es ahí donde impartiría clases personalmente introduciendo métodos de aprendizaje en materia de patrones para percusión, en el que por medio de sonidos hablados fue capaz de ayudar a recuperar los sonidos producidos en la mayoría de los tambores, “Gun – Dun” denotando las notas graves ejecutadas con ambas manos, el que indica los tonos abiertos “Go – Do” y el “Pa – Ta” para los slaps. Este sencillo método revolucionó el aprendizaje para miles de estudiantes de percusión esparciendo los secretos percutivos de África por todo el mundo.

 

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Fuera del mundo altruista y del jazz este disco influyó de manera poderosa sobre músicos como Quincy Jones, Grateful Dead, Bob Dylan, Last Poets y otros tantos, pero sobre todo ha alcanzado un estatus de joya y pilar en la historia de la música. Su atemporalidad brilla con fuerza desde la raíz de toda una cultura dejando de manifiesto que el espíritu del tambor es algo que se siente; objeto que contiene un poderoso efecto desde adentro hacia fuera, y si bien se golpea de muchas maneras diferentes la sensación siempre termina siendo satisfactoria.

 

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