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Climax; El vórtice de la degradación  

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El nuevo filme de Gaspar Noé al fin aterrizó en las salas comerciales de Ciudad de México, Climax lanzada durante el Festival de Cannes del 2018 fue impacientemente esperada por los fieles entusiastas del depravado y agresivo director argentino/francés. Si bien algunos afortunados tuvieron la oportunidad de asistir al pre estreno en México el pasado 14 de enero, la gran mayoría esperamos este fin de semana con meditación absoluta y es que someterse a cualquier pieza de su filmografía es muy similar a ingerir alguna droga psicotrópica, el abuso de la luz estroboscópica y los particulares movimientos de cámara actúan sobre el espectador alterando su percepción, una cualidad ya presente desde sus primeros largos cómo Seul contre tous (1998) e Irréversible (2002).

El plot es básico y demoledor, un grupo de bailarines semi profesionales son convocados por una coreógrafa de cierto renombre, el proyecto busca ser un gran salto profesional para todos los involucrados, todo marcha bien hasta que se ofrece un pequeño convivio/fiesta al final del tercer ensayo, algunos bocadillos y un gran tazón de cristal con sangría  cargada con desmedida dosificación de LSD, lo interesante es que las personas en la reunión no tienen idea que esta droga se encuentra flotando en su bebida, causa del primer flash de pánico.

Mientras la fiesta continua, la música techno estimula  a los bailarines quienes van perdiendo todo sentido de la decencia hasta reventar la tela de la depravación, elementos como el incesto, la violacion, el machismo, el aborto, la adicción sexual, la drogadicción, los egos desmedidos, la virginidad y un niño, se mezclan en un vortex que nos posiciona en las circunstancias más trágicasy angustiosas dignas de la segunda década del nuevo milenio. La reunión comienza de manera emocionante y brillante hasta que un agradable sueño se transforma en una horrible pesadilla, como sucede en El ángel exterminador” de Luis Buñuel.   

Su explícito tono es un sello que se afila con el paso de los años, su visión apuñala y raja sensibilidades, incomoda y provoca aversión en una considerable porción de los espectadores, su obra penetra temas que han sido evadidos o abordados con “pinzas” por el cine artístico-comercial, lo que otros sugieren Noé lo muestra con lujo de detalle valiéndose de su moderna estética y su constante movimiento de cámara que se han convertido en su lenguaje personal, la madurez del director es notable desde aquella ocasión que nos dejó la boca abierta con la violación más explícita presentada en salas comerciales, su lente se ha transformado en un avanzada institución del desastre físico y emocional más extremo.

Climax es una auténtica pesadilla, una película fuerte que nos inserta en uno de los escenarios más factibles de nuestra inmunda existencia, una fiesta, una reunión donde amigos y colegas que disfrutan de la vida y de su arte son víctimas de las circunstancias detonados por grandes dosis de droga. Con un siniestro y hermoso loop en la nieve, el film nos ofrece un remolino de destrucción y degradación que no conoce límites, cabe señalar que esta es la primera cinta de Gaspar donde no muestra genitales ni escenas sexuales explícitas, estas no son necesarias para lograr un shock psicológico que nos mantiene en creciente tensión. Al entrar a la segunda escena Noé nos cuenta cuales son sus influencias, en un solo frame nos habla más del él y su obra que cualquier artículo o biografía del autor, un monitor al centro de la toma enmarcado por dos torres una de VHS y otra de libros, aquí tenemos una ventana directa a las influencias del director.

Inauguration of the Pleasure Dome (19549), Kenneth Anger

Querelle (1982), Rainer Werner Fassbinder

Salò o le 120 giornate di Sodoma (1975), Pier Paolo Pasolini

Suspiria (1977), Dario Argento

Un Chien Andalou (1929), Luis Buñuel

Harakiri (1962), Masaki Kobayashi

Eraserhead (1977), David Lynch

Angst (1983), Gerald Kargl

Faustrecht der Freiheit (1975), Rainer Werner Fassbinder

La maman et la putain (1973), Jean Eustache

Posesión (1981), Andrzej Zulawski

Esta última, Posesión, es una de las más notables influencias del director, tanto que hay una escena tributo en Climax donde Sofia Boutella y su personaje Selva, rememoran la espectacular escena de Isabelle Adjani como Anna / Helen donde pierde el control en un pasillo del metro, Boutella entra en un episodio psicótico y de trance en uno de los pasillos donde las desgracias toman la iniciativa, la otra referencia más obvia es el inquieto movimiento de cámara que nos recuerda a cualquier película de Zulawski y que también se encuentra en todas las cintas de Noé. Climax contiene ecos perfectamente calculados de sus filmes antecesores, iniciando por golpizas y agresión a mujeres en condición de embarazo, situación que nos recuerda su ópera prima Seul contre tous, la charla entre los bailarines negros que sugiere que no se detendrán cuando una mujer dice NO, nos transporta a un ambiente donde la violación de su segundo filme Irréversible se convierte en un recuerdo presente, el elemento de la droga como mecanismo de mutación sensorial en la sangría nos posiciona en Enter The Void  y las relacionas personales degradadas nos recuerdan los lazos quebrados y las vidas arruinadas como en Love.  

“Possession” (1981)

“Climax” (2018)

Pasando a las bondades sonoras, el soundtrack es una notable selección que habla de los gustos personales del realizador, un techno clásico y poderoso que invocan las vibraciones de un club de mala muerte donde los arrebatos de violencia son el pan de cada noche, orgásmos de violencia absoluta son sonorizados por Aphex Twin y Soft Cell, el pánico y la degradación humana con Chirs Carter y su tema Solidit, el ruso COH interpretando su versión de Mad de Cosey Fanni Tutti durante la confusión en la pista de baile, y así aparecen otros tótems de la electrónica como Giorgio Moroder y Gary Numan. El tema maestro bien podría decirse que es “Angie” de los Rolling Stones, pieza nostálgica que se inserta justo cundo  baja el rush, un track doloroso y pop que todo el mundo debe ser capaz de sentir, lo mejor es que se trata de una versión instrumental que evita a los Rolling Stones, ya que es un cover de Thibaut Barbillon. Si hay algo seguro es que a Gaspar Noé le fascina la música industrial.