Contra Toda Esperanza: Cosechar en los Tiempos Más Funestos

Contra Toda Esperanza: Cosechar en los Tiempos Más Funestos
6 junio, 2017 Renato Leduc

En el prólogo a Contra Toda Esperanza de Nadezhda Mandelstam, Joseph Brodsky nos introduce desde distintos puntos de vista al libro de la esposa del gran poeta ruso Osip Mandelstam. Quizás el más iluminador de éstos sea también el más obvio: el talento no surge de la tragedia, “Es una abominable falacia que el sufrimiento produce un arte más sublime. El sufrimiento ciega, ensordece, arruina y muchas veces mata”.

Fueron muchos los autores y artistas que padecieron el acoso de uno de los estados más paranoicos y, por tanto, más sanguinarios del siglo pasado –Mijail Bulgakov, Aleksandr Solzhenitsyn y Dmitri Shostakóvich, por mencionar algunos. La Unión Soviética se caracterizó por acosar constantemente a aquellas personas que estuvieran en contra de los ideales del partido, es decir –y muy a pesar de Trotsky– de Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, conocido simplemente como Stalin. Sin embargo, no hay que confundir la finalidad de este libro. No se trata de un texto que intenta evidenciar las precarias condiciones de vida de aquel régimen comunista; se trata, más bien, de un testimonio de amor, una memoria que se sustenta en la preservación de una obra que sobrevivió a los berrinches de un estado, y quizás de una sola persona.

 

 

En Contra Toda Esperanza, Nadezhda narra las peripecias que padeció junto a su esposo Osip Mandelstam, quien era considerado, antes de la llegada de los bolcheviques al poder, uno de los mejores poetas de Rusia. Parecería una exageración decir que un poema puede condenar a la muerte a un hombre; en la Unión Soviética pocas cosas podían exagerarse. Después de escribir versos como “La más breve de las pláticas/ gravita, quejosa, al montañés del Kremlin. / Sus dedos gruesos como gusanos, grasientos, /y sus palabras como pesados martillos, certeras./ Sus bigotes de cucaracha parecen reír/ y relumbran las cañas de sus botas” , Osip llevó una vida de paria, exiliado que sobrevivía con las limosnas de los colegas que todavía veían en él a un autor al cual admirar. Entre ellos estaban Borís Pasternak y Anna Ajmátova. El primero, Premio Nobel y autor de Doctor Zhivago, intercedió varias veces por la vida de Osip, pidiéndole directamente a Stalin que reservara su energía para cuestiones de mayor importancia; la segunda, poeta que el propio Mandelstam consideraba su igual, estuvo cerca de la pareja de perseguidos durante varios años: “Cuando se reunían, se tornaban tan alegres y despreocupados como dos chiquillos que se hubieran encontrado en el Taller de los Poetas”, puntualiza Nadezhda.

 

Osip Mandelstam

 

Formalmente, Contra Toda Esperanza sigue la línea de las memorias, va de suceso en suceso con puentes narrativos admirables y un estilo por momentos desenfadado pero nunca confesional o lastimero, titulando los capítulos con simples referencias a los hechos por narrar: “La requisa”; “Lo irracional”; “La opinión pública”, etc. Nadezhda, de forma peculiar, narra la tragedia desde la objetividad, haciendo a un lado los lugares comunes del trauma para atacar, desde los recuerdos, a aquellos personajes que se ocultaron en el anonimato y decidieron ponerse del lado de la fantasía, del gobierno de Stalin.

Con suma pericia, la autora describe momentos que parecerían sustraídos de las más perversas ficciones: jóvenes que buscaban a Osip apelando a la admiración que sentían por el poeta, cuando realmente eran espías del gobierno que buscaban evidencias para condenarlo de manera definitiva; pequeñas poblaciones que se sumían en la oscuridad por las tardes temiendo que una luz perturbara el sueño de sus futuros captores, y vecinos que estaban atentos a cualquier movimiento en falso del prójimo para arrojarlo a la hoguera de los chivos expiatorios y alejarse así un poco más de la lista negra más arbitraria de la historia.

 

Nadezhda Mandelstam

 

Después de la publicación de Contra Toda Esperanza, decenas de “colaboradores” y miembros del gremio que fueron mencionados en el libro de manera poco amigable, se abalanzaron contra la escritora, tachándola de sensacionalista, exagerada y poco objetiva. Del otro lado del mundo, fuera de cualquier frontera de la Unión Soviética, el texto fue recibido por la crítica de manera positiva, poniendo por encima de su carácter anecdótico y biográfico, sus depurados elementos estilísticos y su prosa, como el propio George Steiner declaró:

“Nada que pueda uno decir afectará o expresará en modo alguno la genialidad de este libro. Juzgarlo, aunque sólo sea para encomiarlo y rendirle homenaje, raya casi en la insolencia. Uno sale enriquecido de su lectura y más esperanzado de lo que tiene derecho a estar”.

 

Osip & Nadezhda Mandelstam, 1937

 

En un total de poco más de 400 páginas, Nadezhda Mandelstam acumula más de 20 años de una vida junto a Ósip y otros 20 más de recuerdos y soledad. Traductora de profesión y cronista por necesidad, la autora de Contra Toda Esperanza se impuso un objetivo en la vida: memorizar la poesía de su esposo para que las generaciones posteriores conocieran la obra de uno los autores más importantes del siglo XX, y no los resabios de una víctima más del narcisismo de un gobierno inoperante.

Del dolor no nace el talento, pero quizás de éste surja un deseo irrefrenable que estructure un testimonio que evite que alguien más lo padezca.

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Renato Leduc