Cuando un Imbécil Anuncia la Muerte de una Filósofa

Cuando un Imbécil Anuncia la Muerte de una Filósofa
10 agosto, 2017 Renato Leduc

El pasado 27 de julio, la cuenta de redes sociales del New York Times publicó la siguiente nota con una frase que iba más o menos así: “La filósofa francesa murió al llevar su filosofía al extremo”. La noticia, en resumen, fue ésta: Anne Dufourmantelle, filósofa y psicoanalista francesa, murió al tratar de rescatar a dos niños en las playas Pampelonne, cerca de San Tropez.

La muerte de la filósofa, además de trágica, claro está, detonó una actitud peculiar en muchos medios: el reconocimiento póstumo parece que ya no pertenece sólo al romanticismo; ha mutado, convirtiéndose en un fetiche amarillista, una suerte de novedad que adereza la arrogancia de los vivos, arrogantes por el simple hecho de estarlo. El ignorante –no existe otra forma de llamar a alguien que sustrae tal sentencia para referirse a una muerte de tal forma– que escribió aquella frase parece ignorar –valga la redundancia– por completo el pensamiento que Dufourmantelle desarrolló a lo largo de su carrera respecto a temas como la locura, la revolución, la libertad, el amor, todos éstos siempre emparentados con el concepto de riesgo.

 

 

“La vida es un riesgo inconsiderado que nosotros, los vivos, corremos”: Para Anne, los elementos que conforman nuestra existencia adolecen, la mayoría de veces, de cierto grado de ambigüedad que nos conduce al desamparo, a esa embriaguez de certezas que tanto daño la hecho a la psique del ser humano. El riesgo es aquella puesta en abismo que posibilita el porvenir, pero que también le da carne y sangre al pasado. La prudencia, atributo filosófico cultivado desde la antigüedad, surge gracias a la primera gran imprudencia del pensador más importante de Occidente. Sócrates muere por hablar de más, por cuestionar aquella paz que la ciudad había construído en años y años y que él vino a desprestigiar con simples palabras. Dufourmantelle nos invita nuevamente a asumir ese riesgo, a pensar que la vida es una antesala a la cicuta, pensando que la existencia misma lo es, y que el ingreso a una realidad alterna es lo suficientemente improbable como para caer en el estatismo o la espera de un porvenir mejor. El porvenir se tiene que construir a través del riesgo, de la desventura.

En Elogio del Riesgo”, la publicación más conocida de la autora, Dufourmantelle combina la reflexión con diálogos sustraídos directamente de las terapias que llevó a cabo durante varios años (sin aclarar si éstos se alimentan más de la ficción que de la realidad). Su pensamiento habla con el pesar de hombres y mujeres que están sumidos en crisis existenciales, en traumas que poco a poco revelan el rostro agusanado ya. Para la pensadora francesa, el primer riesgo no es aquel que nos permite dar el último paso hacia el abismo, sino es aquel que nos revela que tal abismo existe, que tiene un porqué, y que su satanización sólo lo va magnetizar más hasta que nuestra voluntad tenga muy poco que decir frente a la caída.

Aunque ambivalente, el discurso de Dufourmantelle es claro frente a ciertas situaciones, especialmente con el deseo, fruto y semilla, veneno y antídoto, enfermedad y cura del ser humano: “El deseo, cuando se escribe, se codea con la muerte y la alegría; como escritura, navega entre los destinos de nuestros muertos, tanto los que hemos amado como aquéllos cuya memoria arcaica, en sufrimiento, sigue trabajando dentro de nosotros, a través de nosotros, con extrañas repeticiones y casualidades que casi nos harían creer en la fatalidad en el sentido griego. En realidad, esta manera que tiene la escritura de abrir camino es un arte del renunciamiento a sufrir. Pues renunciar a sufrir requiere de mucho valor”.

Imagino al community manager del New York Times en español conmovido con la noticia de esa autora francesa que nunca leyó, cuando absurdamente interpretó su última acción como un símbolo de su filosofía, como una pulsión de la muerte frente a una vida llena de reflexión y ahínco por vencerla.

Estamos rodeados de emisarios imbéciles. Dufourmantelle nos invita a renunciar al sufrimiento a través del valor, del riesgo; nunca a través de la sensiblería.


Conferencia: Elogio del Riesgo
– Dra. Anne Dufourmantelle en La Sociedad Freudiana de la Ciudad de México

 

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