Ebrio de enfermedad: “porque el estilo es el hombre, y la literatura no lo es todo”

Ebrio de enfermedad: “porque el estilo es el hombre, y la literatura no lo es todo”
4 octubre, 2017 Renato Leduc

Karl Kraus advirtió en algunas páginas de su revista Die Fackel que las metáforas podrían volverse en nuestra contra si se convertían en frases hechas y se materializaban: “echar sal a la herida”, por ejemplo, se convirtió en una de las torturas más usuales durante el nazismo.

Hoy, en diversas publicaciones literarias, periodísticas y hasta de divulgación científica, existe un lugar común que parece ignorar esta advertencia: el cáncer como resultado de un exceso de humanidad, la enfermedad purgante de nuestro tiempo, “el cáncer del mundo son [inserte cualquier grupo o institución, cualquier sustantivo, aquí]”.

La metáfora no carece de estilo y fuerza, pero sí de una inmediatez absurda y sensiblería atroz. Las razones que secundan este ejercicio literario son, hasta cierto punto, plausibles: la sobreproducción de alimentos transgénicos y la presencia, casi absoluta, de elementos tóxicos en cada objeto con el que interactuamos que fungen como fertilizantes para esta versátil y mortífera enfermedad.

Sin embargo, existen cuestionamientos que pueden hacerse a las “avezadas” mentes que acuñaron al cáncer como la penitencia de nuestro tiempo: ¿Por qué una acción colectiva tendría que atacar directamente a la salud individual? ¿Acaso esa metáfora no omite el dolor corporal, el verdadero padecer de un hombre o mujer que ve a su cuerpo autosabotearse hasta la muerte? ¿La literatura de la enfermedad es una formalidad, un capricho amarillista o un testimonio necesario desde la realidad y no desde el estilo?

 

Escritor Anatole Broyard

Anatole Broyard

 

Al famoso crítico literario del New York Times Book Review, Anatole Broyard, se le diagnosticó cáncer en agosto de 1989 y murió en octubre de 1990. Durante esos nueve meses, Broyard redactó un libro ecléctico, una suerte de testamento literario con los puntos más álgidos de un hombre que nos habla desde su padecer, asignándole un concepto otro al cáncer, una visión individual que nada tiene que ver con los excesos estéticos, una mirada universal desde ese pozo, como decía Pessoa, que enfoca mejor el cielo.

“Ahora por fin entiendo la naturaleza condicional de la condición humana. Sin embargo, al contrario de Kierkegaard o Sartre, a mí no me interesa la ironía de mi posición. El cáncer es buena cura contra la ironía. A lo mejor mi sentido de la ironía lo tenía todo en la próstata. Una enfermedad grave a uno lo llena de adrenalina y lo lleva a sentirse más agudo. […] Al repasar cómo era yo antes, me da la impresión de que un intelectual es una persona que piensa que los clichés clásicos no tienen nada que ver con él, que es inmune a las verdades más feas. Ahora sé que no es así. Lo veo todo con ojo sumarial. La naturaleza es una tremenda correctora”.

 

June 27, 1975, Page 33
The New York Times Archives

 

Para él, la soledad se ve desbordada tras darse el diagnóstico de cáncer, pero la vida toma otro sentido, se genera un apego extraño resultado del minutero que se escurre como una catarata en nuestra mirada. No hay superación personal, sólo una resignación agridulce que la escritura hace más palpable.

La fatalidad y el punto de inflexión más grande para un enfermo de cáncer es que todo seguirá su curso después de la muerte, momento en el cual, después de evidenciarse esta situación, la vida adquiere tonalidades distintas y lo vital se traslada a otro lugar, a otras superficies, lejos de “reflexiones profundas” y análisis “necesarios”.

La conclusión, quizás, es que si se sigue usando al cáncer metafóricamente, los enfermos pasen a segundo plano o, peor aún, se vuelvan los penitentes de un pecado colectivo.

“Aunque llegó a llenar unas cuantas páginas con sus manos, con sus fuerzas menguantes [Anatole habla sobre un amigo que, al igual que él, se dio a la tarea de escribir un libro a contra tiempo por el cáncer], nunca llegó a terminar su novela, nunca alcanzó esa satisfacción final. Era cualquier cosa menos un fracasado, porque el estilo es el hombre, y la literatura no lo es todo”.

 

Aquí te dejamos 3 textos de Anatole Broyard para su columna en el New York Times, además de su obituario escrito por Herbert Mitgang.

CRAZY SALAD: SOME THINGS ABOUT WOMEN

ONE MAN, HURT

MAIGRET AND THE APPARITION

Anatole Broyard, 70, Book Critic And Editor at The Times, Is Dead

 

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