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“El Gabinete del Dr. Caligari” – Musicalizada por John Zorn

“El Gabinete del Dr. Caligari” – Musicalizada por John Zorn
20 abril, 2016 David Basilio

La tercera edición del Bestia Festival (2015) celebrado en la Ciudad de México trajo consigo dos magnos eventos, el primero de ellos fue la presentación de Blade Runner (Zorn, Laswell y Lombardo) y el segundo fue la musicalización en vivo de la obra cinematográfica perteneciente al expresionismo alemán, El Gabinete del Dr. Caligari.

Este film tan apreciado como clásico del cine de horror fue catalogada por la divinidad del celuloide Sergei Eisenstein, como un ejemplo de decadente teatralidad, esta pieza dirigida por Robert Wiene si bien es la película más emblemática y contundente de la corriente expresionista en cuanto a estética se refiere, es erróneamente considerada el primer film de dicho movimiento artístico, ya que un año antes en 1919, Robert Reinert dirigiría, Nervios.

El expresionismo se extendió en todas las ramas del arte teniendo sus inicios en los años de preguerra y culminaría con la llegada del partido nazi al poder en 1933. Durante esta época surgieron grandes obras cinéticas, la producción fue encabezada por las figuras de F. W. Murnau y Fritz Lang quienes expondrían la intensa vida interior de los personajes sumidos en la oscuridad de un ambiente social cargado de hostilidad que desemboca de una u otra manera en la locura depresiva del hombre de aquella época.

 

Fotografía: Ray Marmolejo

 

En este contexto entremos en materia del evento que nos ocupa, la versión de El Gabinete del Dr. Caligari que fue posible disfrutar en la enormidad del Auditorio Nacional es el producto de la primer restauración digital a color de este clásico a partir del negativo original, esta versión cuenta con la inclusión de 20 fotogramas tomadas de 10 archivos internacionales para la reconstrucción de escenas faltantes o rotas así como la regeneración del esquema de color, recuperando los tintes sepias y verdes de la versión original de 1920.

La posibilidad de presenciar una antiquísima obra de arte tal como se percibió en su época dorada es en primer lugar ya un logro, aunado a eso encontramos un superlativo valor agregado, la banda de sonido fue engendrada por la mágica mente vanguardista de John Zorn, para tan caro evento que celebró la resurrección de un film y la creación de un ambiente sonoro de la más alta calidad fue obligatorio la utilización de un instrumento que igualara la magnitud de la demás materia prima.

 

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Fotografía: Ray Marmolejo

 

El Órgano Monumental del Auditorio Nacional (OMAN), fue la magnánima elección para el performance. Este mecanismo sonoro está constituido por 15 mil 633 flautas y 305 teclas, puede usarse en su modo original o con un sistema electrónico que comprende una computadora central de control y un adaptador MIDI. El OMAN ocupa el espacio equivalente a un edificio de siete pisos en dos alas y su peso es de casi 50 toneladas. El aire que necesita para funcionar lo producen diez ventiladores (accionados por ocho motores de dos caballos de fuerza cada uno) y es impulsado hacia los tubos por 51 fuelles.

 

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La productiva relación de John Zorn con el cine se ve representada en sus producciones llamadas “Filmworks”, esta serie de grabaciones sobrepasan los centenares de composiciones encapsuladas en 26 albums que recopilan su inmersión en la cultura del celuloide durante más de 20 años. Gracias a su amplia experiencia y nutrida relación con la cinematografía, Zorn se erigió como la pieza humanoide que funcionó como engrane maestro en la estructura Caligari-OMAN.

Sí atendemos las características y especificaciones técnicas del film restaurado más las del instrumento musical, aunado a la trayectoria del músico encargado de dar vida a semejante monstruo tonal, nos es posible reconocer la odisea que representó este espectáculo, un certero hechizo que deleitó durante 75 minutos a los amantes de la cultura en la Ciudad de México.

La película dio comienzo con un flashback y rápidamente fue secundada con la imponente sonoridad del órgano tras recibir los estímulos enviados desde los dedos y pies del líder de Naked City. Cabe señalar que el músico es un ferviente devoto de este instrumento, tanto que este fue una de las razones por la que se interno en el terreno de la música.

 

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Fotografía: Ray Marmolejo

 

Desde su comienzo hasta el último segundo de proyección Zorn sostuvo el ambiente en ininterrumpida tensión demostrando su maestría creativa en el campo de la biodiversidad auditiva. Consciente de las cualidades del órgano que le permiten producir piezas como si tuviera a disposición una orquesta, nos llevó de profundos acentos a oleadas de gruesas ondas de sonido hasta llegar a un hipnótico estadío semejante a la estática, el paisaje sonoro y sus texturas en interrelación con la saturación cambiante del film: azul, amarillo, verde, amarillo, amarillo, azul, convirtieron el Auditorio Nacional en un caleidoscópico cáliz sagrado de dónde nada escapa, nuestra mente quedó encerrada en un microuniverso de rebosante exuberancia. Zorn nos mantuvo con la conciencia fija y sincronizada con la pantalla, tal como un encantador de cobras nos condujo a descubrir el secreto del Dr. Caligari, un viaje a través de los angulosos e intrincados escenarios con actuaciones de una fuerza expresiva grotesca, cualidades que son insignia de toda una corriente artística. Todo lo anterior fue solventado por la velocidad sónica traída desde Nueva York para unos cuantos afortunados que dignamente no sucumbieron ante la falta de gusto para caer dormidos durante la proyección o salir huyendo como otros tantos que abandonaron la sala a medio éxtasis. Una vez fuera del trance que significó presenciar a John Zorn, el OMAN y el Dr. Caligari, me pregunté ¿que pensaría esa gente para coartarse de tan excelsa experiencia? No encontré respuesta.

 

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Fotografía: Ray Marmolejo