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Entrevista con Paula Watson y Mauricio Ascencio, creadores de Península

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PENÍNSULA es una serie de paisajes escénico-fotográficos, escrita por la actriz Paula Watson y Mauricio Ascencio, quien también dirige la pieza. El proyecto comprende una serie de retratos que surgen como documentos visuales de posibles instantes, fragmentos del individuo a partir de la propia percepción del retratado; macro visiones de cada identidad, materialización y exteriorización de lo subjetivo develado a partir de la exploración detallada y mínima de esos instantes. Esta pieza celebra su última función el día de mañana en punto de las 8:30 en el FORO BELLESCENE (Zempoala 90, Col. Narvarte Oriente, CDMX), no pierdan la oportunidad de presenciar este proyecto experimental  que busca develar la naturaleza del pensamiento a través de una estética impecable.

Mauricio Ascencio es Director de arte y su experiencia profesional incluye colaboraciones en diseño de escenografía, iluminación y vestuario para montajes teatrales, operísticos y coreograficos, así como proyectos interdisciplinarios con diversas compañías y directores nacionales y extranjeros. De igual forma desarrolla proyectos de fotografía, video arte y performance.

Paula Watson es egresada de Casazul Artes Escénicas donde se tituló con “La Boda” de Bertolt Brecht. Ha desarrollado su carrera principalmente como actriz en más de 30 montajes con distintos directores/as. Paralelamente a la actuación, ha sido asistente de dirección en múltiples obras y óperas, regidora de escena en conciertos instrumentales, así como co-escritora y directora en proyectos colectivos.

 

Para comenzar me gustaría saber si ya habían trabajado juntos.

P: Sí, ya habíamos colaborado, pero yo como actriz y el como escenógrafo, iluminador y vestuarista. Y esta es la primera vez que nos juntamos en un proyecto de esta naturaleza.

Ambos escriben la pieza, ¿cómo fue el proceso de unificar ideas a través de la escritura?

P: Mauricio tenia una columna vertebral, temas específicos que le interesaban, ideas relacionadas con la naturaleza humana en burdo, tanto la interior como la exterior, y trabajamos sobre ello.

M: Esa era una de la premisas,  y también quería que fuera un universo femenino. Estaba interesado en indagar la feminidad desde una visión muy visceral de la naturaleza y en ese sentido, Paula era perfecta para establecer un diálogo.

P: Estuvimos como 3 meses trabajando el texto, explorando lo que era un instante, todo lo que puede suceder en ese instante. A mí también me interesaba abordar el espacio de la insatisfacción y el espacio de ocio.

M: Eso, pero sobre todo teníamos un intensa necesidad de entender cómo sucede el pensamiento, eso que escuchamos en la cabeza, y bajarlo a un texto en estado crudo. Algo que fue muy difícil, ya que  en cuanto escribes se ordena el pensamiento, fue ahí donde más estuvimos indagando para lograrlo.

P: Fue lo que más trabajamos, de hecho no nos concentramos en el montaje de la pieza hasta el último, primero fue trabajar las ideas que ambos teníamos en el texto y ya hasta después se montó. 

M: La idea era que no se sintiera un texto demasiado escrito desde lo racional, sino como una especie de vómito, tal como sucede en el pensamiento, que luego se corta y se cruza otra idea.

P: Sí, algo muy honesto que va desde lo más banal a un momento complejo.

Creo que un elemento primordial de la pieza es la voz en off, es algo que le da un toque psicótico. ¿Por qué elegir este recurso, por una cuestión práctica, existe una intención o por ambas?

P: De hecho lo discutimos varias veces, pensamos que yo podía hablar, también pensamos en un narrador o una voz externa.

M: Esa voz interior sí ofrece una esencia psicótica, y más en el momento en que empezamos a dividirla. Queríamos ese efecto esquizoide, por eso lo pensamos como si fuera un individuo extra. Yo tenía claro que no quería que la voz saliera de Paula y al final usamos esta grabación en off que también implicó que un trabajo de disociación.

P: El texto no atiende ni corresponde con el movimiento, que es más o menos como funciona el pensamiento, hay veces que estamos haciendo una cosa y pensamos en otra. Buscamos establecer esa separación de la acción y el pensamiento porque así sucede. Fue interesante abordar este tema, ya que la necesidad del humano es asociar, y había movimientos que inevitablemente se asociaban a la palabra, entonces trabajamos contra eso, pero también aceptamos que en algunos momentos existe una inevitable conexión entre la palabra y lo que estás viendo. Nuestro mayor interés era crear dos líneas del mismo instante pero que no se tocan, por eso tenemos una narrativa corporal y otra textual.

M: Sí, fueron dos partituras que se trabajaron de forma distinta. Al trabajar ya con el movimiento poder llevar las dos líneas separadas fue el punto donde más nos costó trabajo, porque evitar la asociación palabra-imagen es casi imposible, y yo trataba de no caer en literalidades.

P: De hecho cuando montamos la pieza lo hicimos ya sin la voz, porque cuando buscaba cosas, asociaba, y mi movimiento iba hacía esos lugares.

Ensamblar las otras partes de la pieza cuánto les llevó.

M: Fue muy breve, yo creo que unas 2 semanas. Tenía muy claro las imágenes que quería construir. He trabajado mucho tiempo como diseñador en la danza, y tengo una buena noción del movimiento, por eso fue lo más fácil.

P: El texto fue lo más difícil porque era la esencia, que después se reveló ya con la pulsación del propio del proyecto.

¿Cómo fue la elección de los objetos que aparecen en escena, están lanzando un mensaje implícito en ellos o es un reflejo de la cotidianidad?

M: Es más eso. Yo sabía que Paula debía tener una relación violenta con el árbol, eso fue lo primero, no sabía de qué iba a tratar pero sabía que eso tenía que suceder. Esa imagen detonó lo demás. Los otros objetos solo traen la cotidianidad a este espacio.

P: Teníamos claro que debíamos mostrar una relación o encuentro con la naturaleza, por eso los elementos que te remiten a ella.

Entonces la integración simbólica es totalmente del espectador…

M: Justo ese es el tema, los objetos en escena cobran un significado inevitable. Me gusta colocarlos sin yo tener propiamente una necesidad de dirigirlos y más bien que el espectador asuma y los haga parte de ellos. Me gusta que sean cotidianos porque los puedes reconocer y encontrarles una afinidad con tu propia historia.

P: Eso es importante, porque cada espectador tiene un interpretación muy amplia de los objetos y cómo los relaciona con todo lo que sucede y se escucha en escena. 

¿Tu interacción con los objetos en escena es solo improvisación?

Tengo un camino marcado, ese trazo no cambia, pero lo que pienso y mis movimientos si lo hacen todo el tiempo.

¿Qué tan difícil es seguir ese trazo cuando hay momentos de tu actuación que son muy extremos?

P: Justo lo comentaba con Mauricio, al principio era difícil, pero se ha vuelto muy gozoso habitar solamente el presente, lo cual es bastante complicado, estar solo estar. Entonces he descubierto que entre más estoy en relación con el espacio y los objetos, deja de ser un ejercicio complicado, si me entrego a ello fluye. Hay un par de momentos  muy complejos que se tienen abordar de la manera más honesta, tienen que durar lo que tienen que durar, tampoco hay un límite, lo duro es que tienes que descubrirlos en ese momento.

M: Yo le digo a Paula que en realidad esa es la obra. Yo quería indagar el pensamiento en escena, que para mí siempre ha sido visible. Es visible lo que ella piensa y construye. Yo le decía, no tienes nada más que hacer que pensar en lo que estás haciendo y que se haga visible. 

P: Suena muy fácil pero no.

M: En el momento en que se hace falso este punto entonces se cae para todos. Yo solo necesito ver como ella construye un pensamiento y eso es lo que trabajamos todo el tiempo.

P: Y eso es actuar. Actuar es pensar. Como actriz hago teatro más formal muy alejado de este tipo de piezas, y descubrí que eso es la esencia de la actuación. Es un ejercicio que todos tendrían que explorar, pensar en lo que estás haciendo, o en su caso pensar lo que estás diciendo, y hacerlo o decirlo de verdad, eso es la verdad en escena. Siento que este es un ejercicio de verdad escénica que si no la hay entonces se ve falso y no se llena de nada. También creo que algo muy rico para el espectador es estar viendo de manera muy voyerista no solo la piel, sino también un pensamiento que no sabes qué es pero está sucediendo.

M: En ese sentido la temporalidad es la que requiere la acción verdaera, no hay manera de pautar cuanto tiene que durar cada escena, ni establecer un rango, ya que eso lo establece el pensamiento verdadero que mencionamos.

Hablabas de tu formación como actriz, en ese punto, con qué autores de un estilo clásico por así decirlo, te sientes más conectada.

Chéjov, hay algo chejoviano con lo que conecto profundamente. Tiene que ver con la contención, con todo lo que no se dice, y con ese universo de contención me siento muy identificada, además que he tenido la oportunidad de hacer mucho Chéjov, también es eso. Shakespeare también es delicioso, porque es totalmente humano y muy amplio, te da muchas posibilidades y tonos actorales. Pero con Chéjov conecto mucho, justo porque revela esa condición humana, dolorosísima y hay algo de eso que me gusta.

Que Mauricio como director tenga otra formación que no es el teatro creo que le da otro toque a la pieza.

P: Tener a un Mauricio Asencio en un montaje teatral convencional, es una joya, porque justo al trabajar con otros universos el entiende y hace concepto de forma diferente. Creo que la falta de relación con el teatro formal le permite dar un giro a cada proyecto en el que él participa, y logra meterse en lugares en los que a nosotros nos cuesta llegar por esta convencionalidad. 

M: Esa era nuestra discusión, yo todo el tiempo quería sacar a Paula de ahí, yo notaba cuando empezaba su vicio de actriz.

P: Me decía: – Solo siéntate ahí en la silla. – Pues solo estoy sentada, no estoy haciendo nada. – No, estás haciendo mucho. – Y yo me preguntaba, pues qué estoy haciendo. Era muy divertido y  fue de mucho aprendizaje. Creo que este proyecto me ha hecho mejor actriz.

Pasando al espacio, no se si ya habían trabajado en este teatro, pero la perspectiva permite que haya dos obras corriendo al mismo tiempo, una para los que la ven de abajo y otra para los que ven de arriba. ¿Qué piensan de esto?

M: La obra sí se construyó y pensó para este lugar. El espacio es difícil por esta cuestión de la óptica, sin embargo, yo traté que todos los puntos ofrecieran un espacio de privilegio en cuanto a visibilidad y también en cuanto a lectura. Hay una sensación voyerista en todo, pero arriba la sensación es completamente distinta.

En tu proyecto escénico Hombre mirando el cielo estrellado noto que hay un similitud temática…

M: Sí, este proyecto es parecido, algo que tiene que ver con la construcción del pensamiento y la exploración del objeto. Dos historias que corren paralelas  pero que nunca se tocan. Son dos individuos habitando el mismo espacio pero que no se relacionan. Me gusta mucho explorar la idea del tiempo, del paisaje y de la contemplación como principio. Vivimos en un mundo tan acelerado que apuesto por bajar la frecuencia y volver a mirar las cosas. Hombre Mirando el Cielo Estrellado tiene mucha relación en ese sentido con Península, incluso hay varios objetos que son similares.  Estos dos proyectos provienen de una serie de retratos en colaboración, primero empecé haciendo video y luego foto, y estos dos que mencionamos son los escénicos. Por otro lado, no es que yo tenga un tema predilecto del que quiera hablar, convoco gente con la que puedo compartir un tema específico, y construyo a partir de la persona y nuestro diálogo, no desde una inquietud mía. 

Mencionabas que trabajaste anteriormente este tipo de idea en video, esta vez la han grabado o no es una inquietud en esta ocasión.

M: Lo que siempre asumo es que los proyectos tienen distintas naturalezas, esta pieza está hecha para experimentarse en vivo, creo que si esto lo quisiera convertir en una salida de video o cambiar el espacio a una galería, que lo hemos platicado, sí tendría que modificarla, porque pertenece a un lugar escénico más formal, que curiosamente es algo con lo que he peleado. Aparte, si esto estuviera en video, la voz en off se vuelve común, no sucedería el mismo efecto. Trato de cuidar mucho eso.

Se acaba la temporada aquí y se guarda Península o tienen otros planes.

P: Tenemos ganas de ver que pasa si la sacamos de este espacio tan escénico, no está programado pero sí tenemos esa inquietud.

M: Estuvimos en un festival en León, la presentamos en un sótano y fue interesante la experiencia, ya que se volvió algo inmersivo. Me interesa probar en la galería porque al entrar en un teatro uno lee códigos inevitables, te sientas como espectador, y en una galería eres más un usuario, tu relación con lo que está sucediendo ahí es otra, se descarga de dramatismo. Habría que hacer modificaciones pero sí nos interesa.

P: Exacto, se vuelve una pieza de museo viva. La pieza también tiene una naturaleza con la que no hay que batallar. A mi se me antoja mucho explorar el loop, no sé cuántas veces podría hacerla sin parar, pero es jugar con los límites, y potenciar estos límites me parece que sería interesante, no se si para ver pero…

¿Cómo describirían Península de manera más emocional y menos formal para las personas que no la han visto?

P: Es una experiencia de ver al ser humano, de reconocerse en esa intimidad y en la soledad, de conectar con ese momento cuando hay ocio y hay conflicto con uno mismo. Es una experiencia de mucha vitalidad y honestidad. La veo como una confrontación con el propio aburrimiento, y la propia existencia; Qué soy, soy objeto, soy cuerpo, es casi una especie de descubrimiento infantil de los objetos, esto a qué huele, qué es. Esa sensación infantil es algo que disfruto mucho. También la veo como un conjunto de acciones muy primitivas.

M: Es una pieza que se construye desde lo estético, ahora la relaciono con algo que alguien alguna vez me dijo; “Es muy bonito ver el ocio en alguien”. Y pensaba en la importancia del ocio en el ser humano, ya que son los espacios verdaderos de  creatividad, desde mi perspectiva son los momentos luminosos de las personas, esos momentos donde no operas en relación a algo, sino que estás siendo realmente tú, en tu más profundo ser y que leemos como ocio. También pensaba que es en esos puntos de silencio y de aparente estaticidad donde sucede lo que somos, eso es lo que quería hacer visible todo el tiempo. Me parece curioso extraer  ese momento donde la cabeza está pensando en nada y todo a la vez. Siempre he estado interesado en los pequeños rituales que tenemos en la intimidad y que no son visibles, creo que esta parte de mi trabajo son instantes de la vida de las personas, creo que esto es un instante real en la vida de Paula, que vive en su intimidad, son pequeños rituales que todos tenemos de manera obsesiva y nos constituyen como persona.