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Los Píxels de Cézanne y la visión de Wim Wenders

By in Art & Lenguage, Libros

Los Píxeles de Cezanne es un metalibro estructurado como antología por Editorial Caja Negra con textos (discursos, dedicatorias, prólogos) de Wim Wenders. Está conformado por 17 capítulos, cada uno correspondiente a la visión de hombres y mujeres del arte que han dejado huella en la historia y en la imaginación del director, como individuo y como creador.

La dinámica del libro es perfecta para alguien que desconfía de los catedráticos y teóricos de salón; si quieres obtener una visión que logre desbloquear lineamientos y no establecer nuevos parámetros que se basen  en juicios neuróticos, hay que recurrir a las fuentes primarias, siempre habrá más jugo en el producto de la experiencia viva lejos de la retórica funcionalista de los expertos; “The expert is someone who carries malpractice insurance” dice Laurie Anderson.

Un artista que habla de arte es una forma eficiente de ir más lejos de la simple apreciación técnica, las pomposas críticas analíticas y la estandarización periodística de estilos que solo sirven para acomodar libros en estanterías. Leer a Eric Romher y a Pasolini teorizar sobre el lenguaje cinematográfico, y la divergencia entre el cine de prosa de uno y el de poesía de otro, es revelador, pero al final, los sistemas y conceptos no son necesarios al momento de recibir la sacudida emotivo-visual de alguno de los dos estilos. ¿Qué buscamos como espectadores? ¿Entender o experimentar? Creo que son responsabilidades que se deben afrontar por separado.

Wenders comparte sus respuestas a estos dos requerimientos, te relata sin ningún sensacionalismo intelectualoide los detalles específicos que le provocaron catarsis mientras observaba, habla de las obras que casi lo llevan a sufrir el Síndrome de Stendhal desde la focal de un amante del arte y no desde el refugio de un especialista de la imagen.

“Escribo, Luego Pienso”, es el primer paso para la conexión Wenders-Lector en esta  conversación diferida que se desarrollará a lo largo de casi 200 páginas. Se trata de una pequeña introducción sobre el por qué de escribir, acompañada de algunos tips sobre cómo pensar su libro. El mensaje en cada hoja es elocuente, sobrio y enigmático, tal como su cine. Puntual y profundo, así es su acercamiento a través de la palabra con el trabajo de Bergman, Antonioni, Edward Hopper, Peter Lindbergh, Anthony Mann, Douglas Sirk, Samuell Fuller, Manoel de Oliveira, Pina Bausch, James Nachtwey, Yazujiro Ozu, Andrew Wyeth, Barbara Klemm, Yoji Yamamoto y Cézanne.

La relación con todos los libros es demasiado personal e inevitablemente fetichista, pero un libro sobre arte es doblemente instigador. La conexión ya no solo se hace con el autor, ahora se tienen otros nudos expansivos con la realidad ahí condensada. El título completo de esta publicación es: “Los Píxels de Cézanne y otras impresiones sobre mis afinidades artísticas”, y es curioso descubrir las mías en las de Wenders.

El segundo texto es una carta dirigida a Bergman por motivo de su cumpleaños número 70, comienza de la siguiente forma: “Querer decir o escribir algo sobre Ingmar Bergman me parecería desmedido; hacer un comentario, una petulancia.” Hago la cita para indicar cual es el tono utilizado en todo el libro y para ratificar la serenidad, humildad y naturalidad de los textos. Lo más importante aquí no es analizar estructuras académicas, sino emociones y desglosarlas hasta encontrar por qué nos fascina una u otro detalle de una obra. Después de leer un par de sus textos sobre el director sueco no supe más que antes sobre su trabajo, pero sí renacieron mis recuerdos sobre por qué después de ver 29 de sus films nunca deja de sorprenderme, y me sirvió para reafirmar que solo es una razón la base de mi amor por su cine: Encuentra un motivo en el arte y serás feliz por siempre tan solo observando, esa es la reflexión que busca transmitir Wenders,

Con el texto acerca de Hopper reafirmé lo que aventuradamente suponía a través de sus películas sobre su fascinación por el pintor y sus caudros llenos de soledad, la cual reanima en cada personaje y escenario de su cine.  Además, me adjudique algunos datos de primera mano sobre El Amigo Americano. Cuando pasé a Anthony Mann salté de la silla a descargar Man of the West con Gary Cooper y Winchester 73 con James Stewart, solo para visualizar las palabras de Wenders; su descripción era espectacularmente exacta en intensidad, refinación y emoción. Ahora llevo semanas solo viendo westerns. Curiosamente había visto 7 películas de Mann y ninguna había sido una de vaqueros.

Ahora llegamos con Douglas Sirk; antes de desubrir  dos de las más grandes joyas del melodrama como All That Heaven Allows o Magnificent Obsession tuve que conocer a R. W. Fassbinder, mi cineasta predilecto, fue su cine el puente para descubrir que sin Sirk, el anterior no hubiese existido. Douglas es tan importante incluso fuera de la esfera cineasta, ya que fue el responsable de crear las telenovelas, el género que tiene de rodillas al mundo entero con el poder del streaming.

Samuell Fuller y Yasujiro Ozu son dos de los autores que han forjado mis gustos cinematográficos y son ello los que más me impresionan narrativamente dsde dos polos opuestos, uno por su capacidad de acción y el otro por su calma instrospectiva. Wenders ilustra los rasgos más trascendentales en el trabajo de estos 2 hombres, y no queda más que asentir, por que si has visto al menos una película de ellos, sabes que su marca es contundente, explícita e indeleble.

Las lágrimas llegan al leer los textos sobre Antonioni, Oliveira, Bausch y Nachtwey, su incredulidad aterriza en Lindbergh, Wyeth y Yamamoto, y la serenidad en Klemm y Cézanne. Al final de este recorrido por pintores, cineastas, fotógrafos y bailarinas, queda una pregunta en el aire: ¿en qué forma le podríamos devolver algo al arte y al artista por intensificar la vida?

El libro es una aleph de experiencias universales, momentos que se puede compartir con todos aquellos expuestos a los mismos estímulos, y que fueron capaces de permitirse ser alcanzados por los símbolos en la más profundo de su intelecto. Aprender a observar es ceder ante las reglas de una nueva realidad, es casi como los alucinogenos, debes dejarte ir o quedarás en el limbo del miedo y la incertidumbre. La imagen es experiencia, es carne como te enseña Videodrome.

Estos textos no te ayudarán a comprender mejor el cine de Wenders, tampoco a conocer mejor a los artistas de los que habla, pero sí es una guía para estimularte a sumergirte en cada obra que mires hasta que cada detalle cobre vida y seamos capaces de reconocer las claves universales para despúes generar un significado propio, todo esto porque  no existe una sensación más placentera que descubrir nuestras afinidades y fascinaciones por el arte.

Edward Hopper

Andrew Wyeth

James Nachtwey