Naturaleza Moderna: Memorias orgánicas de Derek Jarman

By in Art & Lenguage, Cine, Home, Libros

A inicios de este año, la casa Prospect Cottage a orillas del mar en Dungeness que sirvió como santuario para Derek Jarman durante la última etapa de su vida corría peligro de desaparecer, la propiedad iba a ser vendida, ante ello, la comunidad global encabezada por Tilda Swinton, íntima amiga de Derek, lograron salvar el legado y la historia del artista al comprarla por 3.5 millones de libras. El propósito paralelo al homenaje de preservación es activarla como espacio para residencias artísticas. Puede sonar extravagante salvar una casa y su jardín por un valor simbólico-emocional, pero este espacio jugó un papel crucial en el desarrollo de un artista y obras que debilitaron y siguen combatiendo el régimen totalitario de la heteronormatividad, eso la convierte, a mi parecer, en un bastión digno de preservar.

Naturaleza Moderna, el diario del artista, es la expresión gramatical de su pasión por las plantas y flores, un viaje por su presente creativo, y su memoria orgánica enciclopédica, el cual fue concebido casi en su totalidad en Prospect Cottage.

Esta casa de madera fue un paraíso plantae que florecía ante las arremetidas del viento salado a las faldas de una planta de energía nuclear. El Jardin de Jarman fue una impronta a la vida y al destino que lo había marcado con el signo positivo de la muerte. Este espacio es análogo a sus posturas políticas y artísticas, siempre radicales. Su carrera como cineasta al igual que estas plantas libraron una batalla ante la adversidad autoimpuesta. Derek vivió viajando por el mundo, asistió a las mejores escuelas, vivió en palacios, monetariamente y en cuestión de talento lo tenía todo, pero siempre a la sombra de un padre machista que lo detestaba por ser un “mariquita”. Su vida fue luchar en contra de las circunstancias, que podrían haber sido las mejores para llegar al éxito a cambio del silencio y el sometimiento, facultades que de adulto ya no poseía. Él fue de los pocos artistas ingleses de su época que abiertamente se había declarado homosexual, lo que le obstaculizó de principio a fin su carrera y relegó su arte a la oscuridad tatcheriana. Cuando Jarman, que sí contaba con conexiones influyentes se acercaba a pedir financiamiento para sus filmes, la respuesta era: “Derek, tenemos dinero, pero no para un proyecto como ese”, claro, sus películas hablan de personajes y momentos históricos donde la homosexualidad es el todo. En las muestras cinematográficas sus películas eran exhibidas en último lugar, en la tele siempre fuera de un horario siquiera decente para que alguien las viera, y los otros medios estaban sólo interesados en su estado de salud, grandes obras como War Requiem, The Angelic Conversation o Last of England fueron eclipsadas, el SIDA en las venas de un artista vende, el cine queer con ideas políticas críticas no era aceptable, ni comercial, ni relevante.   

Estamos ante un proyecto de liberación emocional con un grado de intimidad elevado, cuyo carácter confesional y anecdótico nos ofrece la oportunidad de mirar la imagen y el entorno que el autor valida, no la real, solo la que él considera adecuada y crucial. Estas páginas no permiten entender mejor su obra poética, pictórica o cinematográfica, solo nos muestra la integridad y valor con que vivió bajo su ideología, con sus miedos, inseguridades y certezas. 

Derek Jarman en Prospect Cottage, Dungeness © Geraint Lewis

 

Jarman comenzó a escribir este diario en ese refugio distópico en el condado de Kent el primer día de 1989 y lo culminó el lunes 3 de septiembre de 1991 en Londres después de un angustioso procedimiento quirúrgico. A partir de ese momento, la degeneración del soma no se detendría, pero escribir le ofreció la posibilidad de enfocar su energía vital para encapsular este proceso y crear sus obras más relevantes; The Garden (1990) y Blue (1993). Posterior a Naturaleza Moderna, Jarman se impuso la tarea de escribir un segundo tomo de este diario al que llamó Croma, proyecto inmaculado que fue publicado en 1993, un año antes de su muerte. Caja Negra, casa editorial argentina, ha hecho la loable misión de editar por primera vez en español ambos libros: Croma en 2017 y Naturaleza Moderna en 2019. 

La parte inicial del diario es un recorrido informativo por el mundo invernadero que construyó Jarman en Prospect Cottage, en su imaginación y en su memoria. Fanático de los zapatos de medio uso, sus suelas dedesgastadas recorrieron la playa y los caminos pantansos que rodean su edén, lo acompañamos en estas caminatas mientras nos repite como un mantra los nombres científicos de cada variedad de flor o planta que se introduce en sus pupilas, y nos declama las bondades mágicas, el valor histórico, poético, los usos medicinales, y su poder estimulante de ficciones legendarias.

Para el lector ávido de información primaria de la escena underground londinense, admiradores del cine y snobs del arte, también resultará sobremanera interesante. Desde la revelación de su romance con Robert Mapplethorpe, un encuentro casual con Genesis P-Orridge paseando a su hija Genesse fingiendo ser un reverendo, el martirio que le resultó la filmación del gigantesco concierto de los Pet Shop Boys en Wembley, saber que el latido del corazón de Matt Dillon se escucha en Blue (1993), que Paul Bartel y Gus Van Sant estaban cerca de filmar una bio pic de Warhol, hasta  su triunfo en las pasarelas Drag de Andrew Logan, “The Alternative Miss World”, como Miss Crêpe Suzette. 

Sus recuerdos de estudiante resuenan, su relación creativa y de desenfreno con la ciudad de Londres muestran un Derek revolucionado interactuando con la nueva generación de disidentes como Throbbing Gristle y también con artistas de cuello blanco como David Hockney. Jarman deambula enunciando largos monólogos cargados de quejas, comparaciones y reflexiones sobre su obra y su lugar en  la cultura, amarrando recuerdos a nuevas interpretaciones, reactivando la memoria afectiva que posee la carne reseca, anhela, sueña volver a la búsqueda de pasión y peligro en Hampstead Heath, la legendaria zona de cruising en la capital, tristemente descubre que Londres ya no es el mismo, y tampoco él. 

En este punto es importante recalcar la gran labor de Hugo Salas, no solo por su traducción, sino por su rigurosa investigación que desenbocó en una larga lista de notas a pie de página con información contextual que facilita un entendimiento más profundo del libro.

A lo largo de las páginas mantiene una postura ácida con respecto al arte en los Estados Unidos durante la época de los setentas, la única ligadura inquebrantable que parece tener es con Burroughs y personajes de siglos pasados. “Bill Burroughs y Kenneth Anger estaban en Londres, como cualquier persona realmente interesante. En Nueva York, la escena del arte era muy adulta, todos rondaban los cuarenta. Londres era diez años más joven.” Descalifica a Warhol en múltiples ocasiones, también el cine creado en The Factory, y sentencia que lo único bueno que salió de ahí fue Lou Reed y Nico. Solo soporta las obras biográficas, prohibido leer novelas o ver películas de ficción, sus razones como siempre son críticas. Su activismo queer permea todo el libro, su capacidad de realizar análisis críticos sobre el estado de las cosas lo llevó fuera de Inglaterra para colaborar con organizacones LGBT en países como Polonía, historias que relata con orgullo: “¿Gay? Nosotros todavía éramos queer, no teníamos ningún lugar que fuera nuestro”. Rechaza la poca fama que le ofrece el cine, vive inseguro de su aporte al medio y arremete en contra de la industria inglesa con tenacidad: “Parecería que las películas “gay” hechas por directores heterosexuales -Prick Up Your Ears y My Beautiful Laundrette de Stephen Frears- han sido un avance. Pero a nadie, ni siquiera a la “prensa gay”, se le ocurrió pensar que tal vez nadie las habría financiado si las hubiese propuesto un director gay”. 

Las dificultades médicas, técnicas y financieras para filmar The Garden ocupan un largo apartado, esta información detallada sobre el proceso de producción se mezcla con su crítica a la falta de acciones contundentes por parte del estado para tratar el VIH, a lo que se suman sus altercados con la prensa amarillista, la única luz de esperanza que nunca se desvanece es su agradecimiento para HB (Keith Collins), su compañero sentimental y su mano derecha, sin él The Garden no hubiera sido posible. La noción de éxito que ahora podemos entrever desde nuestra perspectiva de consumidores culturales está desviada de la percepción que Jarman tenía de su trabajo, como las grandes mentes adelantadas a su tiempo sufrió el desdén social y de la crítica especializada.  

Escrito como una de sus películas, este diario no tiene forma ni consistencia reglamentada, la composición, la estructura, incluso la fidelidad y compromiso son improvisados, por momentos olvida que este proyecto estaba planeado para ser publicado. Jarman escribió este diario para no perder la cordura y confrontar el destino una vez más, el VIH empezaba a manifestarse de formas cada vez más violentas, y cada día otro amigo cercano sucumbe ante la pandemia. Su tranquilidad en Dungeness se veía perturbada ya no por las terribles tormentas que azotan la costa, sino por las visitas obligadas al médico, el trabajo en el estudio, la sala de edición, los productores, el BFI… hasta que la enfermedad lo obligó a delegar muchas actividades cinematográficas.

La separación con el jardín de Propect Cottage fue dolorosa, sus plantas y flores lo necesitaban 24/7, tanto como él a ellas, pero Londres y sus hospitales reclamaban su cuerpo. Mantener con vida ese jardín fue el trabajo de un Sísifo moderno, una responsabilidad que lo mantuvo en buena parte sereno y extremadamente creativo, filmó su película más transgresora en ese jardín, dio vida a un gran número de esculturas, y ahora, su espíritu permanecerá en un zona protegida, como nunca lo estuvo en su vida.

P:  ¿Cómo le gustaría que lo recuerden?

R: Como una flor.

P: ¿Sus virtudes?

R: Mi homosexualidad.