Orson Welles: It’s Pretty but is it Art?

Orson Welles es el mejor cineasta que nunca llegó a serlo, un visionario del medio y un narrador increíble que truncó su carrera como director desde su primera película; en el momento en que se pronunció Rosebund en Ciudadano Kane, firmó su sentencia a una trayectoria con las puertas cerradas en Hollywood. Su suerte nunca cambió, también lo intentó en Europa sin éxito alguno, además, ninguna de sus películas posteriores llegaría a ver la luz de manera íntegra, siempre fue víctima de los productores, de los censores y de las traiciones de amigos, como le ocurrió durante Mr. Arkadin. O cómo olvidar el trágico final de su proyecto It’s All True de 1942, el cual consistía en 3 segmentos, 2 de ellos filmados en Brasil y uno más llamado “My Friend Bonito” en México.  Welles fue comisionado por el gobierno de Franklin D. Roosevelt para gastar 1 millón de dólares haciendo un documental en el país sudamericano como una acción diplomática. Los temores de Estados Unidos impulsados por la supuesta simpatía del presidente Getúlio Vargas por algunas ideas Nazis es lo que dio vida a este documental, así que una vez que dejó de ser necesaria la buena voluntad, el estudio canceló el proyecto. Welles logró culminar por otros medios el segundo episodio llamado “Jangadeiros”, dejando inconcluso el que sería su pieza maestra “The Story of the Samba”. En 1993 se restauró en una edición documental con las partes que componían este trabajo que se creía hasta ese día perdido, y como complemento se insertó material de una entrevista de Orson hecha por Peter Bogdanovich.

Welles fue un artista muy ambicioso, anhelaba su propio Quijote y su Hernán Cortéz así como tuvo a su Otelo, siempre vivió interesado en proyectos casi mitológicos que le fueron imposible filmar, y los que filmó siempre terminó poniendo dinero de su bolsa para salvarlos.

 

 

“The Lady from Shangai” y sus espejos,  “Touch of Evil” y su explosiva secuencia inicial  o “The Magnificent Ambersons”, su más siniestro retrato, muestran la vanguardista y excelsa condición cinematográfica que poseía la mente de Welles, cintas que aún siendo retacería como toda su obra, son piezas inigualables y propositivas que revolucionaron el quehacer cinematográfico. ¿Se pueden imaginar el poder de los respectivos director’s cut?.

 

 

Pero nada en su mutilada filmografía tiene comparación con F for Fake, un ensayo-documental- ficción-making off con un subversivo estilo de montaje, su aventura más experimental estructuralmente y conceptualmente hablando; cuando a Welles se le cuestionaba sobre el género de este proyecto afirmaba que era “un nuevo tipo de film”. Se trata de un mix de técnicas narrativas y visuales impactante que tardó un año en ser montado por el director. Pienso en todas las películas que tendrían que fusionarse para formar F de Falso y la lista es increíble : ¡Qué viva México! (Serguéi Eisenstein), Schizopolys (Steven Soderbergh), Medium Cool (Haskell Wexler), The Thin Blue Line (Errol Morris), etc, etc… Chris Marker sería la referencia más cercana, manteniendo diferencias bastante marcadas que los hacen únicos.

 

 

El tema es tan llamativo como la parte técnico creativa; fraude internacional, artistas del engaño, expertos y pintura. Existen al menos 4 vertientes narrativas principales en la película, pero la esencial es la que se enfoca en Elmyr de Hory, el más grande falsificador de pinturas del siglo XX. Tras salir a la luz su biografía, el escándalo estalló, el mercado del arte se conmociona, los museos tiemblan y mejor aún, los “expertos”, esos espectros que validan y valoran el arte, son exhibidos por un hombre que confiesa con una sonrisa y una copa de vino en su mano, que no hubo museo o galería que durante años no comprara sus falsificaciones tomándolas por auténticas. Modigliani, Matisse y Picasso, recreados por un inmigrante húngaro, un hombre que reta desde su villa en Ibiza a las máximas autoridades de la pintura a reconocer un original frente a su trabajo.

 

 

La película reflexiona sobre el valor de la obra de arte, la industria cultural, así como del engaño, la mentira y la cuestión de la verdad en el mundo del arte y los medios informativos, dos terrenos que nunca dejarán de ser un negocio donde todo se vale.

Aquí te la dejamos completa, dale Play.

 

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David Basilio