ULISES Osamu Sato – El Maestro Japonés de la Droga y la Espiritualidad en los Videojuegos | POV

Osamu Sato – El Maestro Japonés de la Droga y la Espiritualidad en los Videojuegos

Osamu Sato – El Maestro Japonés de la Droga y la Espiritualidad en los Videojuegos
3 octubre, 2016 Gerardo Peralta

Dentro del mundo de los videojuegos hay nombres sagrados que han enaltecido el desarrollo de las nuevas tecnologías para el entretenimiento digital como Shigeru Miyamoto, Shinji Mikami y Toru Iwatani, otros tantos han participado de forma magistral haciendo el score como Akira Yamaoka, Koji Kondo y Nobuo Uematsu, pero de los más de 50 años que llevan estos productos en el mercado casi nadie ha llegado tan lejos como Osamu Sato, la mente creadora en su totalidad (concepto, arte y música) detrás de una trilogía de videojuegos que han sido objeto del deseo de millones de usuarios por todo el planeta, alcanzando con los años el mote de juegos de culto, nos referimos por supuesto a títulos como Eastern Mind: The Souls of Tong-Noe, Chu – Teng y el multicelebrado LSD: Dream Emulator.

Para quienes no sepan con certeza de quien estamos hablando, es preciso comenzar por saber que desde temprana edad Osamu Sato se desarrolló en el campo del arte digital, siendo graduado con honores del Instituto de Tecnología de Kyoto. Comenzó a trabajar a mediados de los años ochenta en “Moss Advertising”, abandonando esa firma montó la “Osamu Sato Design Office”.

Tres años después exhibió su primer trabajo en Tokyo titulado “Alphabetical Orgasm”, una colección tipográfica psicodélica, y 12 meses después desarrolló proyectos como el seminal “The Art of Computer Designing”, una colección de ideas de diseño y un compendio de obras a blanco y negro en su totalidad, trabajo que sería punta de lanza para crear un año después lo que sería el inicio dentro del mundo de los videojuegos, Eastern Mind: The Lost Souls of Tong Nou, desarrollado para Apple Macintosh.

 

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Easter Mind es un first person que nos sitúa en el predicamento de Rin, protagonista que ha extraviado su alma gracias a la isla Tong Nou, misma que devora sin miramientos las almas de todos los humanos, y por supuesto se embarca en la búsqueda de su anima. Apoyado por un misterioso personaje llamado Yashahiro y una serpiente que le otorga amuletos y un alma temporal se embarca rumbo a la isla del este.

Más allá de la búsqueda de un alma, el juego gira entorno al concepto de la muerte y reencarnación, ya que habiendo recuperado su alma nos vemos obligados a terminar con la vida de Rin, teniendo como misión una serie de reencarnaciones gracias al poder del Árbol de la Vida, con el fin de realizar el último deseo de la persona en la que reencarnas para así volver a morir.

Eso es en cuanto a la historia, en cuanto a estética los personajes son en su totalidad seres abstractos donde solo se puede reconocer o catalogar ojos y extremidades, y aunque es un juego relativamente corto es disfrutable a cada instante, y su soundtrack electrónico experimental lo convierte de inmediato en una joya de los juegos para ordenador de mediados de los años noventa.

 

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Un año después presentaría Chu – Teng, secuela perdida de Eastern Mind, mismo que conserva el modo de juego point and click, y en palabras del mismo Sato ni siquiera el cuenta con una copia del mismo. El argumento se basa en que más allá del cielo hay algo que llamamos el “Teng”, y la paz de este espacio metafísico es perturbado por la infiltración de las nubes de oscuridad en el “Ge-Teng” que traducido significa “cielo exterior”. Al igual que su predecesor está íntimamente ligado a la espiritualidad, la trama se desarrolla en torno a Nanshu, el único capaz de entrar en el Ge-Teng mediante la separación de la cabeza de su cuerpo. Sin embargo, nada sale como se planeó y unas nubes oscuras destrozan la cabeza de Nanshu en mil pedazos. Una parte de su rostro, queda a la deriva flotando en el cosmos, y por suerte encuentra orientación gracias a una luz que emana de la superficie de la Tierra, esa misma luz es emitida por el alma del Rin, ya que vuelve de su extraña aventura en la lejana isla del este. El usuario se mueve de un punto a otro del juego a través de una capilla de estrellas basada en sistema zodiacal chino llamado Er Shi bā Xiu y así accesar al Chu – Teng o “cielo intermedio”.

 

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Si bien conserva esa anomalía, tensión y experimentación con sus gráficos y música, en general es un juego bastante fuera de lo común y con un modo de juego bastante simple que no llega a la altura de su primer trabajo, una de las razones principales por las cuales llegó a ser poco conocido y relegado al olvido. Fue hasta hace algunos años que gracias a los fanáticos de Sato y la magia del internet este juego se encuentra disponible en algunos blogs alrededor del mundo de forma gratuita.

 

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Para 1998 y con un recorrido bastante amplio ostentando renombre a nivel mundial, Osamu Sato lanzaría al mercado su trabajo más importante hasta el momento “LSD: Dream Emulator” bajo la tutela de PlayStation, compañía que para ese año ya contaba con cuatro años siendo líder en materia de arte y entretenimiento digital. Para este trabajo ambicioso decidió alejarse del contenido espiritual para sumergirnos en un verdadero malviaje de LSD.

Basado en un diario de sueños acumulados durante una década recopilados por Hiroko Nishikawa, el juego es único en su especie, y al igual que sus trabajos anteriores fue sólo lanzado en el país nipón. No hay misión, no hay objetivo y mucho menos hay acción, es solamente recorrer los paisajes psicodélicos que se alejan de toda realidad sumergiéndonos en situaciones y contextos extremos como trenes con caras de bebé que buscan asesinarte, esfinges en la ciudad, calles con cuerpos masacrados y un hombre de gris que cada vez que se encuentra con el usuario lo despierta para comenzar de nuevo en algún otro lugar igual o peor de donde se encontraba anteriormente. Cada partida dura entre 5 y 10 minutos, y gracias al modo de juego “linking” y la cantidad de escenarios por explorar es casi imposible que 2 personas puedan jugar una partida exactamente igual, siendo toda una experiencia aterradora y personal. Para terminar el juego es necesario completar un año de malviajes, 365 días que se traducen a 365 sesiones.

Cada cierto tiempo videos totalmente random se apoderan de la pantalla, provocando un malviaje de forma real al jugador que genera una interacción más allá del modo de juego o la nula historia que se puede ofrecer.

 

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Aunado al videojuego, el set se complementa con un diario y un OST, este último siendo en mi opinión el mejor de esta trilogía dedicada a lo absurdo y terrorífico, cuenta con la participación de Ken Ishii y de algunos miembros del sello Warp como Mike Paradinas (μ-Ziq) y el músico de jazz Jimi Tenor.

Muy pocas entrevistas u opiniones ha realizado Osamu Sato sobre su obra, pero lo que es un hecho es que es la única trilogía de videojuegos que ha priorizado un modo de juego y un estado mental peculiar desde la creación del entretenimiento digital, un pionero de temáticas que van más allá de ser el héroe o el villano, un terreno casi inexplorado que tiene como estandarte las drogas y la espiritualidad, llegando a alcanzar una popularidad más allá de su país de origen y rompiendo las barreras de la censura y la exclusividad del material.

El mérito de su trabajo es que ha sido recuperado, masterizado y puesto al alcance de todos por y para aquellos vagos de la red en búsqueda de una experiencia inusual por medio de un ordenador o una consola, posicionándose como un gurú no solo de su obra digital, sino de su capacidad para escribir y crear música, un artista completo en todos los sentidos que ha pasado a ser un referente inmediato y un pionero en todas las disciplinas que domina.

 

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