Pola X / Una Bestia Envuelta en Poesía

Pola X / Una Bestia Envuelta en Poesía
5 julio, 2017 D. Lazarini

La pretensión llevada a los limites más extremos de la realización; Leos Carax es un provocador que inició su carrera escribiendo sobre cine hasta que en 1984 debutó con su primer largometraje “Boy Meets Girl”, por el cual recibiría ovaciones y elogiosas críticas. Su segundo proyecto “Mauvais Sang” continuó bajo la línea prometedora de un realizador obstinado pero fresco que podría convertirse en la voz de una generación. La crítica acostumbra idealizar y cuando sus expectativas o pronósticos no se cumplen lo común es satanizar, crucificar y empalar. Carax tiene por donde ser apedreado, sin embargo sabe defenderse, iniciando por su nombre “artístico”, en el que utiliza un anagrama de su nombre real “Alex Oscar”.

La fanfarronería de este creador se ve justificada por la necesidad de un cine francés de finales de los ochentas que saliera del estereotipo de películas largas, complicadas, abstractas y con pretensiones artísticas. Así fue su tercer largo, el que se esperaba lo consagrara como uno de los directores franceses más significativos de los noventas: “Les Amants du Pont-Neuf” fue una bomba que no lo llevó a las mieles del éxito, arruinó su carrera y sus relaciones personales y profesionales se vieron dañadas. Superando por mucho el período destinado a la producción, el lapso de filmación se extendió por años, derramando el presupuesto y arruinando su reputación como director. Carax contaba con el permiso del gobierno parisiense para grabar en el Pont-Neuf original pero por consecuencia de los retrasos dicho permiso expiró, traduciéndose en la reconstrucción del puente y los alrededores de París con una de las escenografías más espectaculares que albergó el mejor drama de vagabundos de la década de los noventas.

 

 

El film fue todo lo que se buscaba evitar del cine artístico francés, así que la crítica especializada acabó con él, y su siguiente película tardaría 8 años en ver la luz. Esta vez su credibilidad estaba resurgiendo de las cenizas, sus tres anteriores largometrajes habían ganado ya una reputación que solo el tiempo puede ofrecer. Pola X se lanzaría en 1999 con un retraso en la producción y un presupuesto gordo que raquíticamente se iría esfumando en una pesadilla épica en forma de poema que llevó al cine la obra clásica de Herman MelvillePierre ou les ambiguites” (Pierre o las Ambigüedades) de 1852, en francés  el nombre Pola X es un acrónimo del título original. Comenzando por aquí, nuevamente Leos hace gala de su pretensión que a mi parecer lo dota de cualidades misteriosas que complementan el mito de su cine, sobre todo en una película como Pola X donde muestra al fallecido hijo de Gérard Depardieu, Guillaume Depardieu en un rol estelar en el que se separa del cordón umbilical de la escuela de su padre.

 

 

Es difícil enfrentarse con el talento de un monstruo francés como Gérard, sin embargo su hijo no lo hace mal representando a un joven, apuesto y exitoso escritor de Best Sellers que se desenvuelve hábil y veloz en un bosque a las afueras de parís, ruta que lo conduce a su hogar, un pequeño castillo donde vive con su madre/hermana: Catherine Deneuve, aquí la legendaria actriz hace desnudos espectaculares a sus 56 años. El erotismo que posee Deneuve reflejan la carga sexual incestuosa que existe en la historia, factor que desatará una serie de eventos llenos de calamidad y tristeza para todas las personas que rodean y “quieren” a Pierre (Guillaume Depardieu).

El director nos muestra una bella y detallada desgracia que se justifica con el gancho de un enigma que desarticula la vida de Pierre, con completa delicadeza y belleza la cámara se desliza en cada frame, calidez y frialdad en una mansión campestre francesa, tonos helados se desprenden del calor burgués, progresivamente los colores van perdiendo su dualidad situándose en un azul pálido y sin esperanzas, un hoyo en la desesperación de la angustia, la incertidumbre, el fracaso y la muerte.

 

 

Es curioso que Melville arruinara su carrera con una novela como “Pierre ou les ambiguites”, la cual fue un fracaso consecutivo tras la publicación de su ahora clásica Moby Dick, que también fue un desastre de ventas en su tiempo. El tratamiento y la psicología de los personajes habían alcanzado gran madurez en su escritura, situación que no pudieron vislumbrar los patéticos críticos de la época, “Pierre ou les ambiguites” mostraría un odio aun más concentrado por la vida, por las personas, ese reflejo de la mala vibra si le podemos llamar de alguna forma, esa fuerza o esencia de la desgracia se traduce no solo en el plot de Pola X, es un elemento que sale de esa realidad y se sitúa en nuestra realidad mortal, esta asquerosa realidad donde el artista paga el trágico precio del fracaso al no ser comprendida su obra, sí, la calamidad se salió de pantalla y alcanzó una vez más la reputación de Carax, críticas terribles y un fiasco absoluto comercialmente hablando. Por oto lado hay otra clase de sector que se vio beneficiado con Pola X, el área subterránea y verdaderamente cinéfila que sigue buscando el más puro simbolismo en la realización cinematográfica.

 

 

Carax también demuestra su genio y  ambición al contratar a un músico como el mítico y legendario Scott Walker, padre de la melancolía en el Rock & Roll; una absorbente y brutal secuencia inicial con material de stock acompañado con uno tema de Walker, bombas y explosiones detonadas en panteones y ciudades, muerte sobre muerte, es inaudito que Carax y Walker colaboraran de una forma tan especial y paciente creando una de las obras más finas y simbolistas de finales del siglo XX, y aún así pasaran inadvertidos, o como un hecho irrelevante y calificado de pretencioso, ¡claro que es pretencioso!, por eso es tan grande en la actualidad y su relevancia crecerá ya que su ambición supera la realidad cinematográfica. Los paisajes y estructuras sonoras de Walker se mezclan con las enigmáticas secuencias de Carax donde la degradación es inminente y fue anunciada desde el primer segundo del film, una obra incomprendida que va tomando fuerza con los años, una oda a la tragedia, un clavado a la desgracia, al deseo de la ruina y al fondo de la degeneración personal y espiritual.

 

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D. Lazarini