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Titicut Follies: Medicación para la Mente

Titicut Follies: Medicación para la Mente
19 abril, 2016 David Basilio

La importancia de toda ópera prima es inherentemente invaluable más no siempre logra ser extraordinaria, la obra que marca el inicio de una carrera es engañosa, puede mostrar la línea por la que transcurrirá la vida creativa de un autor o ser un exótico e irrepetible evento en su historia.

Fred Wiseman es un realizador con más de 30 documentales en su carrera, y en cada uno de sus films tiene un perenne e inamovible objetivo, develar la vida interior de las instituciones norteamericanas. Wiseman se presentó en el mundo del cine en 1967 con una obra que atentaría en contra de los valores del american way of life, la hipocresía del sistema social y la brutalidad de sus instituciones, dicho proyecto fue “Titicut Follies”.

Titicut Follies  fue filmado en la Prisión Estatal para Criminales con Desordenes Mentales en Bridgewater, Massachusetts. Fred Wiseman dirige, produce y edita, John Marshall se encargaría de la fotografía, ambos serían el único crew para la realización. El documental no tiene narrador ni comentarios ajenos a las conversaciones que ocurren en tiempo real entre reclusos, guardias y doctores, la cámara registra las actividades comunes de los prisioneros, la hora de la limpieza se transforma en una escena de violencia emocional, los presos son hostigados mientras deambulan desnudos rumbo al cuarto de baño, la negación a comer nos lleva a la alimentación por un tubo que se introduce por la nariz, todo pasa mientras el director de la prisión se divierte preparando un espectáculo de coristas, a cualquier inconveniente o cuestionamiento la solución es dar más tranquilizantes y antidepresivos, drogas y más drogas son las medidas de que la salud pública prevé como única solución.  Lo sórdido del documental no son las tétricas condiciones en las que se vive dentro, si no la indiferencia y alevosía con que el maltrato y el terror psicológico son ejecutados frente a una cámara.

 

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Después de ser presentado en 1967 dentro del New York Film Festival, el estado de Massachusetts censuró esta obra argumentando que atentaba contra la privacidad y la dignidad de los pacientes, el film fue controlado a tal grado que solo podía ser visto por doctores, abogados y profesionales de la medicina.  Esta intromisión por parte del poder judicial de dicho estado no respondía, como intentaba parecer, a una defensa humanitaria de los residentes del presidio, en realidad pretendía ocultar las situaciones de extrema degradación y el grado de inhumanidad impuesto por el personal de una institución del estado encargada del bienestar social. Fue hasta 1991 cuando la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos liberó a Titicut Follies de su exilio en el que había existido por 24 años.

 

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Como un artesano que debe pulir los minerales y esculpir el mármol, Wiseman trabaja con las sustancias en bruto que brotan de la vida social obteniendo lo real de la realidad, el resultado es intolerable, la experiencia de estar en contacto con esa parte sustancial de la existencia humana que está alejada de la moralidad ideológica y la intelectualidad es traumática. Esta película lleva al máximo y supera las propuestas, objetivos  y diferencias que surgieron en la década de los 60 dentro del genero documental con el Direct Cinema en América y el Cinéma Vérité en Francia.

“Documentaries, like theatre pieces, novels or poems are forms of fiction” menciona Wiseman, Titicut Follies se presenta como una realidad que debe ser negada para poder tolerarla y podría pasar por la mejor película de ficción si nadie te dijera que los 84 minutos que dura es la más pura realidad. Pienso en las grandes películas de “ficción” que hacen referencia a esta semántica y que han logrado hacer soportable para el publico la confrontación con esta realidad; La tête contre les murs (1959), Shock Corridor (1963), One Flew Over the Cuckoo’s Nest (1975), pienso en  Julien Donkey Boy de Hormony Korine y  The Idiots de Lars Von Trier, en todas habita fragmentos de lo real que logró capturar en su virginal desnudes Titicut Follies.

 

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