Venus in Furs: Michael Haneke y Tony Richardson

Venus in Furs: Michael Haneke y Tony Richardson
6 noviembre, 2017 David Basilio

La mujer ha sido un objeto artístico infinitamente aludido, todas y cada una de las formas artísticas han abusado de su iconografía, significación y sexualidad en mayor o menor medida. En el cine por ejemplo, su accionar ambivalente es exponencialmente superior en función de las características del medio, por lo que la reflexión resultante de ello se vuelve tan polémica y mediática; la pintura nunca ha sido popular, la literatura hoy menos que nunca, pero el cine, mago creador/destructor de estereotipos, continua evolucionando y ganando más adeptos cada día gracias al streaming, la posibilidad de ver online cientos de títulos, los torrents, los blogs que nos nutren de rips, Youtube y tantas otras maravillas de internet.

Claro que debemos reconocer que las mujeres en la vida cinematográfica y en la del calendario gregoriano han sido relegadas casi en su totalidad a un rol secundario, de dependencia y abuso. El uso de esta imagen-mujer crea un conflicto en el espectador por razones ideológicas y culturales demeritando su valor como obra por un mero conflicto de intereses, pero si somos capaces de evitar la militancia intelectual y los juicios enraizados por las disputas de género podremos encontrar y disfrutar innumerables obras maestras en la historia del cine.

 

Pillow Talk (1959) Director: Michael Gordon

 

Durante los años 40 y 50, la mejor época del cine estadounidense, Hollywood nos entregó una cuantiosa cantidad de joyas del celuloide, no se puede negar esa gloria pero sí hay que señalar su tendenciosidad, no hay película salida de aquella antigua babilonia donde la mujer no sea sometida ante un macho cabrío como Rock Hudson (quien fue uno de los primeras estrellas de cine en contraer VIH), Kirk Douglas o Robert Mitchum. Bette DavisLauren Bacall, Barbara Stanwick, Rita Hayworth, se hicieron super estrellas gracias a esos papeles protagónicos de mujeres maniquíes que viven subordinadas al mundo patriarcal, aún cuando su calidad actoral es suprema e indiscutible, y el poder de los diálogos, así como las habilidades de los grandes directores eran sus aliados, los personajes femeninos no dejarían ese estatus hasta mucho tiempo después.

 

Martha (1974) Director: Rainer Werner Fassbinder

 

R. W. Fassbinder es un nombre que debe salir a relucir en este punto, más de la mitad de sus películas (39 en total) abordan el melodrama desde un personaje femenino, siempre son mujeres al filo de la implosión a causa del amor; el autor se ganó el repudio de miles y la etiqueta de misógino por la rotunda caída y martirio de las féminas  en sus historias, por ejemplo: Nora Helmer, El Matrimonio de Maria Braun, Las Amargas Lagrimas de Petra Von KantVeronika Voss, Lola y la más brutal de todas, Martha. Todas ellas fueron sodomizadas por el script a conciencia de una simple idea que redime el pecado estigmatizador del director: “ En mis películas las mujeres deciden, nunca son víctimas”. Contundente afirmación, sus lagrimas son producto de la debilidad masculina y la convicción femenina por salvar lo insufrible.  El machismo desaparece cuando la mujer decide libre de coerción, cualquiera que fuese su situación final; en sus films sí existe una cierta liberación del rol femenino a cambio de vivir un calvario.

 

The Piano Tacher (2001) Director: Michael Haneke

 

En este caso hablaremos de 2 películas que con casi 50 años de diferencia entre ambas nos ofrecen un recargado significante femenino, ese tantas veces velado y extirpado de su natural potencia; La Pianista de Michael Haneke y Mademoiselle de Tony Richardson son un combo de violencia, amor extremo, insatisfacción y maldad pura. En ambas, las protagonistas se hacen del control y el poder, al tiempo que sufren por sus más ardientes deseos, por sus necesidades especiales para satisfacer su sexualidad, sufren por su injusta castidad, por la imposibilidad del amor, pero nunca por un hombre. Incomprendidas, el único camino que permanece libre es la venganza indiscriminada para liberar toda su energía contenida.

 

Madmoiseille (1966) Director: Tony Richardson

 

Si bien existen autoras como Chantal Akerman y Catherine Breillat que se encargan de librar la batalla del estereotipo de género desde principios de los años 70, sus películas no están diseñadas para grandes audiencias, en gran medida por su carácter radical y experimental, en cambio, estas dos producciones sí son rentables. Empecemos con esto: Mademoiselle fue producida por Woodfall Film Productions, productora del propio Richardson que dio vida a grandes obras del cine inglés, y protagonizada nada más y nada menos que por Jean Moreau, la diva francesa descubierta por Louis Malle. En 1966, el año de su estreno, fue distribuida por United Artist y 4 décadas después por la MGM. La Pianista es producto de un gigante europeo como lo es MK2 y cuenta en el protagónico con un talento contemporáneo de gran renombre, Isabelle Huppert. Estos dos factores son determinantes no en el éxito frente al público pero si en el alcance de su distribución.

 

Jean Genet

 

Mademoiselle se estrenó el 12 de mayo de 1966 en el Festival de Cine de Cannes pero fue escrita por Jean Genet en 1951 bajo el nombre de Les Reves Interdit. Este sería su segundo acercamiento formal con el cine, 15 años después de Un chant d’amour, su primera y única película dirigida.

El proyecto inició en 1965 cuándo el director logró convencer a Genet para que viajara a Londres a trabajar en el script, el escritor aceptó con la condición de solo trabajar 2 horas diarias. El primer obstáculo que apareció fue la negativa de Genet ante la elección de Moreau como protagonista, quien a los ojos del escritor, era demasiado hermosa y famosa para representar la brutalidad animal que el deseaba expresar. Un segundo desacuerdo entre director y escritor llevó a Genet a dimitir dejando en manos de Richardson y David Rudkin la responsabilidad de terminar la adaptación. Aún con este inconveniente, el director logró formar una pieza espeluznante y apasionada que mantiene la esencia maligna, el amor voraz y el simbolismo genetiano en efervescencia.

 

Jeanne Moreau

 

Al igual que Madmoiselle, The Piano Teacher es una adaptación hecha por Haneke de la novela homónima escrita en 1983 por Elfriede Jelinek, obra que ganó el Premio Nobel de Literatura en 2004. Este film también fue estrenado en Cannes en 2001, ganando el Gran Premio del Jurado.

El screenplay fue hecho doce años antes pero las circunstancias no le permitieron al director abordar el proyecto en aquel entonces, la razón de gran peso fue la exigencia de Michael por tener a Isabelle Huppert como protagonista, el director siempre la ha reconocido como la mejor actriz contemporánea. Haneke trabajó con la autora de la novela solo en la formación del personaje de Huppert, en todos los demás aspectos se mantuvo al margen, dando total libertad al director.

 

Isabelle Huppert

 

Wilhem Reich diagnosticó a nuestra sociedad como neurótica incurable, siendo la represión sexual propia de la política, educación y la familia coercitiva el principal detonante de nuestra enfermedad, también recalcó que las mujeres sufren en mayor medida esta coerción costumbrista tanto física como psicológica; The Paino Teacher y Mademoiselle son una viva representación de este principio de insatisfacción de los impulsos primarios. Reich demuestra científicamente las consecuencias de no seguir los principios de la economía sexual, teoría que se basa en la destitución de la moral en pro del ejercicio natural de la sexualidad. La represión de dichos instintos energéticos condena al humano a una vida de insatisfacción emocional y psicológica e incluso es causa de incapacidad laboral, además que esta imposibilidad sexual se convierte invariablemente en un problema social, sus efectos tóxicos y traumáticos permiten que las fantasías sexuales se conviertan en crímenes sádicos y relaciones sexuales perversas, desencadenando impulsos secundarios como la pedofilia o el incesto. Claro que existen personas capaces de alcanzar la plenitud sexual pero estas dos historias tal como la mayoría de la sociedad no son ese tipo.

 

 

Empezando por la película de Haneke nos encontramos con una dotada pianista y maestra que vive bajo el infame yugo maternal, Hubert en una actuación magistral es capaz de llevar el sufrimiento a la apoteosis performática que nos muestra la vida sexual de guerrilla que enfrenta día con día. Mentir a tu madre para poder ir a masturbarte en un autocinema cuando tienes más de 37 años se vuelve una escena violentísima. Escenas como donde vemos a Isabella oler un pañuelo con semen de un desconocido en una cabina porno, habla de la sinceridad del film al abordar frontalmente la sexualidad femenina, algo que aparece bastante permeado en la cultura “progresista” contemporánea.

 

 

Nos enfrentamos con la brutalidad de la dependencia enferma a los lazos familiares y a la moralidad masculina, factores que hunden al personaje a un permanente estado alterado que destruye todo cuanto toca. El director apuesta por escenas largas y contundentes donde la sumisión, el masoquismo, el sadismo y la humillación se alejan del placer sexual para incrustarse en el dolor emocional. El odio y la locura producto de la contención sexual solo desemboca en veneno, actos de maldad perpetrados sin misericordia, pero arruinar vidas no parece un crimen tan malo después de conocer el pozo infernal donde vive la protagonista. Este sentimiento de compasión hacia ella es producto del poder de esta obra cinematográfica.

 

 

Si bien la profundidad psicológica en la película anterior es el platillo fuerte, en Mademoiselle es el lado pasional el canal donde fluye la violencia y energía negativa de Jean Mareau; un ser forjado en los 16 infiernos budistas (Ocho Narakas Helados y los Ocho Narakas Ardientes).

La secuencia inicial marca el tenor de la historia, la crueldad camina en zapatos de tacón y en traje de profesora; vemos como se acerca al dique que detiene el caudal del rio del pueblo, se alista los guantes y sin más, libera el agua que arrasará con todo el pueblo, mientras huye se detiene y toma en sus manos los huevos de un pájaro, los mira un segundo, y rápidamente cierra el puño con una fuerza mortal para el frágil cascarón; la catástrofe y la muerte han llegado disfrazadas de castidad para nunca irse.

 

 

¿De dónde proviene la maldad de este personaje? En efecto, de la virginidad impuesta por la sociedad conservadora y de la nula experimentación del placer genital. La energía sexual que no encuentra desfogue destruye a los contenedores y todo cuanto las rodea. Una verdadera sociópata cuyo único rayo de esperanza llega con una familia de leñadores italianos, por primera vez entrevé la posibilidad de encontrar el amor y la satisfacción carnal, así que se escabulle para observar con un infinito deseo al poderoso hombre del hacha, papel que en un principió iba a ser interpretado por Marlon Brando, su excitación mientras lo mira y lo piensa la consume, está dispuesta a ser su esclava si él lo pide, daría su vida por esa conexión entre cuerpos y almas. Aún con lo que pudiera parecer su rendición ante lo masculino, lo real es que ella busca su liberación y no anhela al hombre, el solo es un objeto mutable.

Dado que Genet está detrás de la historia, el grado simbólico es monumental y la poesía dramática del autor se potencializa gracias a la imagen, a la producción cinematográfica y al montaje. ¿Amor pleno sin plena sexualidad? Olvídenlo.

 

 

Como puedes esperar el climax llega durante el tan anhelado encuentro amoroso; el leñador la toma en medio de los campos durante una tormenta, rayos y truenos iluminan el amor corporal, sombras gigantes se funden en la oscuridad de la noche y la fuerza almacenada en ella durante tantos años es liberada como un cataclismo de pasión. Pero como en toda las historias del escritor francés, la tragedia es el símbolo del verdadero amor y solo la muerte puede coronarlo, así que no esperes un final donde las llamas demoniacas no consuman todo.

 

 

 

Estas dos cintas muestran el lado más salvaje de la mujer, dos films que no tienen comparación en la historia del cine, dos estilos totalmente diferentes, uno dinámico experimental y otro realista, tiempo cinematográfico y tiempo real, dos obras que abarcan la excelencia narrativa con discursos provocadores y vengativos.

 

THE BORDER, director Tony Richardson, 1982, (c) Universal

 

Michael Haneke

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David Basilio

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