Moondog – Mucho más que un Invidente Solitario

Moondog – Mucho más que un Invidente Solitario
28 abril, 2016

Mientras los clubs de jazz se abarrotaban por toda América y el esbozo de una revolución azotara con violencia, en las calles de Nueva York surgiría una leyenda que cambiaría la historia de la música para siempre. En medio de la contaminación auditiva producida por enfurecidos motores, el infernal tráfico peatonal de Manhattan, y otros tantos contratiempos climáticos, Louis Harding aka Moondog fue reconocido entre los neoyorquinos durante tres décadas como un misterioso y extravagante artista callejero, que pasó a ganar reconocimiento en Europa como un compositor de vanguardia.

Pero no siempre fue así. La historia de este grandísimo compositor y explorador sonoro nacido en algún lugar de Kansas comenzaría el 26 de mayo de 1943, cuando con tan solo 16 años una fuerte carga de TNT le explotara intempestivamente en sus manos cegándolo para siempre. Hecho que lo llevó años más tarde a tomar la decisión más grande de su vida, estudiar instrumentos de cuerda, órgano y armonía en la escuela para ciegos de Iowa, obsesionándose así por completo con la idea de convertirse en compositor.

Moondog, era descrito como un centinela invidente de ropas extravagantes que se establecía y rugía alrededor de la calle 54, que con el aspecto de un vikingo y con instrumentos que construía el mismo recitaba poemas de su autoría a todo aquel que le prestara un par de oídos. En realidad era mucho más que eso. El camino no fue fácil, lo que más impresiona, es que llevó una vida extraordinaria para un hombre que sin contactos y privado de un sentido logró sobrevivir en la gran manzana, consiguiendo el solo todas las oportunidades que pudo tener, y por ese simple hecho es una de las grandísimas figuras reales de la contracultura americana.

 

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

 

Moondog's early ensemble

 

Su obra es increíblemente compleja y arriesgada, basta con escuchar “Fog on the Hudson” donde utiliza 27 tiempos diferentes de manera progresiva y abstracta, perteneciente a su álbum “On the Streets of New York” de 1953, o “Seven Beat Suite” del clásico “More Moondog” de 1956, donde muestra un dominio fascinante de la trimba, y así podríamos seguir citando piezas de cada uno de sus más de 30 álbumes, algunos de ellos bajo los sellos Mars, Prestige y CBS. Su talento era tal, que fue aclamado por genios de la música norteamericana como Charlie Parker y Janis Joplin, aparte que otros colosos de la composición como Stravinsky y Steve Reich lo mencionan como el verdadero padre del minimalismo, al tiempo de ser cobijado por grandes camaradas como Ravi Shankar, Dalí, William S. Burroughs y Allen Ginsberg.

Al margen de todo lo anterior y tras muchos años de vagabundear y de inundar las calles de música increíble, muchos neoyorquinos suponían que había muerto después de que desapareciera repentinamente en 1974, pero la diosa fortuna lo acosó y supo hacerse de una audiencia selecta, en realidad recibió una oportunidad de oro siendo invitado para mostrar su música en Alemania, y como era obvio decidió quedarse. Ahí se le ofreció un trato digno para un artista de su talla, lugar donde contó con todo a su servicio, orquestas, comida, asilo y lo más atractivo para el alma y el ego de un artista, lugares por todo el mundo donde pudo llevar su obra a miles de escuchas. Nunca más regresó a las calles de Nueva York más que para presentarse junto a la Filarmónica de Brooklyn en 1989, regresando una vez más a Alemania.

 

Moondog, in his later years (c.late 1960s)

Moondog c.1960

 

Desde finales de 1940 hasta el final de sus días en 1999, experimentó hasta el cansancio con piezas callejeras, para trimba, órgano o para toda una orquesta, y a pesar todas las limitaciones que la vida le puso en el camino, incluso otras tantas como la tecnología y sus sonidos novedosos, estas no fueron lo suficientemente poderosos para desdeñar el increíble aporte creativo de carácter místico que evocaba desde lo profundo de su lastimero espíritu, rebelde entre los rebeldes que cual bestia herida aullaba evocando las fuerzas nórdicas que lo impulsaron a no abandonar una vida que ante los demás estaba destinada al desperdicio y el abandono.

 

moondog-profile

Moondog – Mucho más que un Invidente Solitario

Mientras los clubs de jazz se abarrotaban por toda América y el esbozo de una revolución azotara con violencia, en las calles de Nueva York surgiría una leyenda que cambiaría la historia de la música para siempre. En medio de la contaminación auditiva producida por enfurecidos motores, el infernal tráfico peatonal de Manhattan, y otros tantos contratiempos climáticos, Louis Harding aka Moondog fue reconocido entre los neoyorquinos durante tres décadas como un misterioso y extravagante artista callejero, que pasó a ganar reconocimiento en Europa como un compositor de vanguardia.

Pero no siempre fue así. La historia de este grandísimo compositor y explorador sonoro nacido en algún lugar de Kansas comenzaría el 26 de mayo de 1943, cuando con tan solo 16 años una fuerte carga de TNT le explotara intempestivamente en sus manos cegándolo para siempre. Hecho que lo llevó años más tarde a tomar la decisión más grande de su vida, estudiar instrumentos de cuerda, órgano y armonía en la escuela para ciegos de Iowa, obsesionándose así por completo con la idea de convertirse en compositor.

Moondog, era descrito como un centinela invidente de ropas extravagantes que se establecía y rugía alrededor de la calle 54, que con el aspecto de un vikingo y con instrumentos que construía el mismo recitaba poemas de su autoría a todo aquel que le prestara un par de oídos. En realidad era mucho más que eso. El camino no fue fácil, lo que más impresiona, es que llevó una vida extraordinaria para un hombre que sin contactos y privado de un sentido logró sobrevivir en la gran manzana, consiguiendo el solo todas las oportunidades que pudo tener, y por ese simple hecho es una de las grandísimas figuras reales de la contracultura americana.

 

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

 

Moondog's early ensemble

 

Su obra es increíblemente compleja y arriesgada, basta con escuchar “Fog on the Hudson” donde utiliza 27 tiempos diferentes de manera progresiva y abstracta, perteneciente a su álbum “On the Streets of New York” de 1953, o “Seven Beat Suite” del clásico “More Moondog” de 1956, donde muestra un dominio fascinante de la trimba, y así podríamos seguir citando piezas de cada uno de sus más de 30 álbumes, algunos de ellos bajo los sellos Mars, Prestige y CBS. Su talento era tal, que fue aclamado por genios de la música norteamericana como Charlie Parker y Janis Joplin, aparte que otros colosos de la composición como Stravinsky y Steve Reich lo mencionan como el verdadero padre del minimalismo, al tiempo de ser cobijado por grandes camaradas como Ravi Shankar, Dalí, William S. Burroughs y Allen Ginsberg.

Al margen de todo lo anterior y tras muchos años de vagabundear y de inundar las calles de música increíble, muchos neoyorquinos suponían que había muerto después de que desapareciera repentinamente en 1974, pero la diosa fortuna lo acosó y supo hacerse de una audiencia selecta, en realidad recibió una oportunidad de oro siendo invitado para mostrar su música en Alemania, y como era obvio decidió quedarse. Ahí se le ofreció un trato digno para un artista de su talla, lugar donde contó con todo a su servicio, orquestas, comida, asilo y lo más atractivo para el alma y el ego de un artista, lugares por todo el mundo donde pudo llevar su obra a miles de escuchas. Nunca más regresó a las calles de Nueva York más que para presentarse junto a la Filarmónica de Brooklyn en 1989, regresando una vez más a Alemania.

 

Moondog, in his later years (c.late 1960s)

Moondog c.1960

 

Desde finales de 1940 hasta el final de sus días en 1999, experimentó hasta el cansancio con piezas callejeras, para trimba, órgano o para toda una orquesta, y a pesar todas las limitaciones que la vida le puso en el camino, incluso otras tantas como la tecnología y sus sonidos novedosos, estas no fueron lo suficientemente poderosos para desdeñar el increíble aporte creativo de carácter místico que evocaba desde lo profundo de su lastimero espíritu, rebelde entre los rebeldes que cual bestia herida aullaba evocando las fuerzas nórdicas que lo impulsaron a no abandonar una vida que ante los demás estaba destinada al desperdicio y el abandono.

 

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Moondog – Mucho más que un Invidente Solitario

Mientras los clubs de jazz se abarrotaban por toda América y el esbozo de una revolución azotara con violencia, en las calles de Nueva York surgiría una leyenda que cambiaría la historia de la música para siempre. En medio de la contaminación auditiva producida por enfurecidos motores, el infernal tráfico peatonal de Manhattan, y otros tantos contratiempos climáticos, Louis Harding aka Moondog fue reconocido entre los neoyorquinos durante tres décadas como un misterioso y extravagante artista callejero, que pasó a ganar reconocimiento en Europa como un compositor de vanguardia.

Pero no siempre fue así. La historia de este grandísimo compositor y explorador sonoro nacido en algún lugar de Kansas comenzaría el 26 de mayo de 1943, cuando con tan solo 16 años una fuerte carga de TNT le explotara intempestivamente en sus manos cegándolo para siempre. Hecho que lo llevó años más tarde a tomar la decisión más grande de su vida, estudiar instrumentos de cuerda, órgano y armonía en la escuela para ciegos de Iowa, obsesionándose así por completo con la idea de convertirse en compositor.

Moondog, era descrito como un centinela invidente de ropas extravagantes que se establecía y rugía alrededor de la calle 54, que con el aspecto de un vikingo y con instrumentos que construía el mismo recitaba poemas de su autoría a todo aquel que le prestara un par de oídos. En realidad era mucho más que eso. El camino no fue fácil, lo que más impresiona, es que llevó una vida extraordinaria para un hombre que sin contactos y privado de un sentido logró sobrevivir en la gran manzana, consiguiendo el solo todas las oportunidades que pudo tener, y por ese simple hecho es una de las grandísimas figuras reales de la contracultura americana.

 

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

 

Moondog's early ensemble

 

Su obra es increíblemente compleja y arriesgada, basta con escuchar “Fog on the Hudson” donde utiliza 27 tiempos diferentes de manera progresiva y abstracta, perteneciente a su álbum “On the Streets of New York” de 1953, o “Seven Beat Suite” del clásico “More Moondog” de 1956, donde muestra un dominio fascinante de la trimba, y así podríamos seguir citando piezas de cada uno de sus más de 30 álbumes, algunos de ellos bajo los sellos Mars, Prestige y CBS. Su talento era tal, que fue aclamado por genios de la música norteamericana como Charlie Parker y Janis Joplin, aparte que otros colosos de la composición como Stravinsky y Steve Reich lo mencionan como el verdadero padre del minimalismo, al tiempo de ser cobijado por grandes camaradas como Ravi Shankar, Dalí, William S. Burroughs y Allen Ginsberg.

Al margen de todo lo anterior y tras muchos años de vagabundear y de inundar las calles de música increíble, muchos neoyorquinos suponían que había muerto después de que desapareciera repentinamente en 1974, pero la diosa fortuna lo acosó y supo hacerse de una audiencia selecta, en realidad recibió una oportunidad de oro siendo invitado para mostrar su música en Alemania, y como era obvio decidió quedarse. Ahí se le ofreció un trato digno para un artista de su talla, lugar donde contó con todo a su servicio, orquestas, comida, asilo y lo más atractivo para el alma y el ego de un artista, lugares por todo el mundo donde pudo llevar su obra a miles de escuchas. Nunca más regresó a las calles de Nueva York más que para presentarse junto a la Filarmónica de Brooklyn en 1989, regresando una vez más a Alemania.

 

Moondog, in his later years (c.late 1960s)

Moondog c.1960

 

Desde finales de 1940 hasta el final de sus días en 1999, experimentó hasta el cansancio con piezas callejeras, para trimba, órgano o para toda una orquesta, y a pesar todas las limitaciones que la vida le puso en el camino, incluso otras tantas como la tecnología y sus sonidos novedosos, estas no fueron lo suficientemente poderosos para desdeñar el increíble aporte creativo de carácter místico que evocaba desde lo profundo de su lastimero espíritu, rebelde entre los rebeldes que cual bestia herida aullaba evocando las fuerzas nórdicas que lo impulsaron a no abandonar una vida que ante los demás estaba destinada al desperdicio y el abandono.

 

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Moondog – Mucho más que un Invidente Solitario

Mientras los clubs de jazz se abarrotaban por toda América y el esbozo de una revolución azotara con violencia, en las calles de Nueva York surgiría una leyenda que cambiaría la historia de la música para siempre. En medio de la contaminación auditiva producida por enfurecidos motores, el infernal tráfico peatonal de Manhattan, y otros tantos contratiempos climáticos, Louis Harding aka Moondog fue reconocido entre los neoyorquinos durante tres décadas como un misterioso y extravagante artista callejero, que pasó a ganar reconocimiento en Europa como un compositor de vanguardia.

Pero no siempre fue así. La historia de este grandísimo compositor y explorador sonoro nacido en algún lugar de Kansas comenzaría el 26 de mayo de 1943, cuando con tan solo 16 años una fuerte carga de TNT le explotara intempestivamente en sus manos cegándolo para siempre. Hecho que lo llevó años más tarde a tomar la decisión más grande de su vida, estudiar instrumentos de cuerda, órgano y armonía en la escuela para ciegos de Iowa, obsesionándose así por completo con la idea de convertirse en compositor.

Moondog, era descrito como un centinela invidente de ropas extravagantes que se establecía y rugía alrededor de la calle 54, que con el aspecto de un vikingo y con instrumentos que construía el mismo recitaba poemas de su autoría a todo aquel que le prestara un par de oídos. En realidad era mucho más que eso. El camino no fue fácil, lo que más impresiona, es que llevó una vida extraordinaria para un hombre que sin contactos y privado de un sentido logró sobrevivir en la gran manzana, consiguiendo el solo todas las oportunidades que pudo tener, y por ese simple hecho es una de las grandísimas figuras reales de la contracultura americana.

 

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

 

Moondog's early ensemble

 

Su obra es increíblemente compleja y arriesgada, basta con escuchar “Fog on the Hudson” donde utiliza 27 tiempos diferentes de manera progresiva y abstracta, perteneciente a su álbum “On the Streets of New York” de 1953, o “Seven Beat Suite” del clásico “More Moondog” de 1956, donde muestra un dominio fascinante de la trimba, y así podríamos seguir citando piezas de cada uno de sus más de 30 álbumes, algunos de ellos bajo los sellos Mars, Prestige y CBS. Su talento era tal, que fue aclamado por genios de la música norteamericana como Charlie Parker y Janis Joplin, aparte que otros colosos de la composición como Stravinsky y Steve Reich lo mencionan como el verdadero padre del minimalismo, al tiempo de ser cobijado por grandes camaradas como Ravi Shankar, Dalí, William S. Burroughs y Allen Ginsberg.

Al margen de todo lo anterior y tras muchos años de vagabundear y de inundar las calles de música increíble, muchos neoyorquinos suponían que había muerto después de que desapareciera repentinamente en 1974, pero la diosa fortuna lo acosó y supo hacerse de una audiencia selecta, en realidad recibió una oportunidad de oro siendo invitado para mostrar su música en Alemania, y como era obvio decidió quedarse. Ahí se le ofreció un trato digno para un artista de su talla, lugar donde contó con todo a su servicio, orquestas, comida, asilo y lo más atractivo para el alma y el ego de un artista, lugares por todo el mundo donde pudo llevar su obra a miles de escuchas. Nunca más regresó a las calles de Nueva York más que para presentarse junto a la Filarmónica de Brooklyn en 1989, regresando una vez más a Alemania.

 

Moondog, in his later years (c.late 1960s)

Moondog c.1960

 

Desde finales de 1940 hasta el final de sus días en 1999, experimentó hasta el cansancio con piezas callejeras, para trimba, órgano o para toda una orquesta, y a pesar todas las limitaciones que la vida le puso en el camino, incluso otras tantas como la tecnología y sus sonidos novedosos, estas no fueron lo suficientemente poderosos para desdeñar el increíble aporte creativo de carácter místico que evocaba desde lo profundo de su lastimero espíritu, rebelde entre los rebeldes que cual bestia herida aullaba evocando las fuerzas nórdicas que lo impulsaron a no abandonar una vida que ante los demás estaba destinada al desperdicio y el abandono.

 

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Moondog – Mucho más que un Invidente Solitario

Mientras los clubs de jazz se abarrotaban por toda América y el esbozo de una revolución azotara con violencia, en las calles de Nueva York surgiría una leyenda que cambiaría la historia de la música para siempre. En medio de la contaminación auditiva producida por enfurecidos motores, el infernal tráfico peatonal de Manhattan, y otros tantos contratiempos climáticos, Louis Harding aka Moondog fue reconocido entre los neoyorquinos durante tres décadas como un misterioso y extravagante artista callejero, que pasó a ganar reconocimiento en Europa como un compositor de vanguardia.

Pero no siempre fue así. La historia de este grandísimo compositor y explorador sonoro nacido en algún lugar de Kansas comenzaría el 26 de mayo de 1943, cuando con tan solo 16 años una fuerte carga de TNT le explotara intempestivamente en sus manos cegándolo para siempre. Hecho que lo llevó años más tarde a tomar la decisión más grande de su vida, estudiar instrumentos de cuerda, órgano y armonía en la escuela para ciegos de Iowa, obsesionándose así por completo con la idea de convertirse en compositor.

Moondog, era descrito como un centinela invidente de ropas extravagantes que se establecía y rugía alrededor de la calle 54, que con el aspecto de un vikingo y con instrumentos que construía el mismo recitaba poemas de su autoría a todo aquel que le prestara un par de oídos. En realidad era mucho más que eso. El camino no fue fácil, lo que más impresiona, es que llevó una vida extraordinaria para un hombre que sin contactos y privado de un sentido logró sobrevivir en la gran manzana, consiguiendo el solo todas las oportunidades que pudo tener, y por ese simple hecho es una de las grandísimas figuras reales de la contracultura americana.

 

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

 

Moondog's early ensemble

 

Su obra es increíblemente compleja y arriesgada, basta con escuchar “Fog on the Hudson” donde utiliza 27 tiempos diferentes de manera progresiva y abstracta, perteneciente a su álbum “On the Streets of New York” de 1953, o “Seven Beat Suite” del clásico “More Moondog” de 1956, donde muestra un dominio fascinante de la trimba, y así podríamos seguir citando piezas de cada uno de sus más de 30 álbumes, algunos de ellos bajo los sellos Mars, Prestige y CBS. Su talento era tal, que fue aclamado por genios de la música norteamericana como Charlie Parker y Janis Joplin, aparte que otros colosos de la composición como Stravinsky y Steve Reich lo mencionan como el verdadero padre del minimalismo, al tiempo de ser cobijado por grandes camaradas como Ravi Shankar, Dalí, William S. Burroughs y Allen Ginsberg.

Al margen de todo lo anterior y tras muchos años de vagabundear y de inundar las calles de música increíble, muchos neoyorquinos suponían que había muerto después de que desapareciera repentinamente en 1974, pero la diosa fortuna lo acosó y supo hacerse de una audiencia selecta, en realidad recibió una oportunidad de oro siendo invitado para mostrar su música en Alemania, y como era obvio decidió quedarse. Ahí se le ofreció un trato digno para un artista de su talla, lugar donde contó con todo a su servicio, orquestas, comida, asilo y lo más atractivo para el alma y el ego de un artista, lugares por todo el mundo donde pudo llevar su obra a miles de escuchas. Nunca más regresó a las calles de Nueva York más que para presentarse junto a la Filarmónica de Brooklyn en 1989, regresando una vez más a Alemania.

 

Moondog, in his later years (c.late 1960s)

Moondog c.1960

 

Desde finales de 1940 hasta el final de sus días en 1999, experimentó hasta el cansancio con piezas callejeras, para trimba, órgano o para toda una orquesta, y a pesar todas las limitaciones que la vida le puso en el camino, incluso otras tantas como la tecnología y sus sonidos novedosos, estas no fueron lo suficientemente poderosos para desdeñar el increíble aporte creativo de carácter místico que evocaba desde lo profundo de su lastimero espíritu, rebelde entre los rebeldes que cual bestia herida aullaba evocando las fuerzas nórdicas que lo impulsaron a no abandonar una vida que ante los demás estaba destinada al desperdicio y el abandono.

 

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Moondog – Mucho más que un Invidente Solitario

Mientras los clubs de jazz se abarrotaban por toda América y el esbozo de una revolución azotara con violencia, en las calles de Nueva York surgiría una leyenda que cambiaría la historia de la música para siempre. En medio de la contaminación auditiva producida por enfurecidos motores, el infernal tráfico peatonal de Manhattan, y otros tantos contratiempos climáticos, Louis Harding aka Moondog fue reconocido entre los neoyorquinos durante tres décadas como un misterioso y extravagante artista callejero, que pasó a ganar reconocimiento en Europa como un compositor de vanguardia.

Pero no siempre fue así. La historia de este grandísimo compositor y explorador sonoro nacido en algún lugar de Kansas comenzaría el 26 de mayo de 1943, cuando con tan solo 16 años una fuerte carga de TNT le explotara intempestivamente en sus manos cegándolo para siempre. Hecho que lo llevó años más tarde a tomar la decisión más grande de su vida, estudiar instrumentos de cuerda, órgano y armonía en la escuela para ciegos de Iowa, obsesionándose así por completo con la idea de convertirse en compositor.

Moondog, era descrito como un centinela invidente de ropas extravagantes que se establecía y rugía alrededor de la calle 54, que con el aspecto de un vikingo y con instrumentos que construía el mismo recitaba poemas de su autoría a todo aquel que le prestara un par de oídos. En realidad era mucho más que eso. El camino no fue fácil, lo que más impresiona, es que llevó una vida extraordinaria para un hombre que sin contactos y privado de un sentido logró sobrevivir en la gran manzana, consiguiendo el solo todas las oportunidades que pudo tener, y por ese simple hecho es una de las grandísimas figuras reales de la contracultura americana.

 

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

 

Moondog's early ensemble

 

Su obra es increíblemente compleja y arriesgada, basta con escuchar “Fog on the Hudson” donde utiliza 27 tiempos diferentes de manera progresiva y abstracta, perteneciente a su álbum “On the Streets of New York” de 1953, o “Seven Beat Suite” del clásico “More Moondog” de 1956, donde muestra un dominio fascinante de la trimba, y así podríamos seguir citando piezas de cada uno de sus más de 30 álbumes, algunos de ellos bajo los sellos Mars, Prestige y CBS. Su talento era tal, que fue aclamado por genios de la música norteamericana como Charlie Parker y Janis Joplin, aparte que otros colosos de la composición como Stravinsky y Steve Reich lo mencionan como el verdadero padre del minimalismo, al tiempo de ser cobijado por grandes camaradas como Ravi Shankar, Dalí, William S. Burroughs y Allen Ginsberg.

Al margen de todo lo anterior y tras muchos años de vagabundear y de inundar las calles de música increíble, muchos neoyorquinos suponían que había muerto después de que desapareciera repentinamente en 1974, pero la diosa fortuna lo acosó y supo hacerse de una audiencia selecta, en realidad recibió una oportunidad de oro siendo invitado para mostrar su música en Alemania, y como era obvio decidió quedarse. Ahí se le ofreció un trato digno para un artista de su talla, lugar donde contó con todo a su servicio, orquestas, comida, asilo y lo más atractivo para el alma y el ego de un artista, lugares por todo el mundo donde pudo llevar su obra a miles de escuchas. Nunca más regresó a las calles de Nueva York más que para presentarse junto a la Filarmónica de Brooklyn en 1989, regresando una vez más a Alemania.

 

Moondog, in his later years (c.late 1960s)

Moondog c.1960

 

Desde finales de 1940 hasta el final de sus días en 1999, experimentó hasta el cansancio con piezas callejeras, para trimba, órgano o para toda una orquesta, y a pesar todas las limitaciones que la vida le puso en el camino, incluso otras tantas como la tecnología y sus sonidos novedosos, estas no fueron lo suficientemente poderosos para desdeñar el increíble aporte creativo de carácter místico que evocaba desde lo profundo de su lastimero espíritu, rebelde entre los rebeldes que cual bestia herida aullaba evocando las fuerzas nórdicas que lo impulsaron a no abandonar una vida que ante los demás estaba destinada al desperdicio y el abandono.

 

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Moondog – Mucho más que un Invidente Solitario

Mientras los clubs de jazz se abarrotaban por toda América y el esbozo de una revolución azotara con violencia, en las calles de Nueva York surgiría una leyenda que cambiaría la historia de la música para siempre. En medio de la contaminación auditiva producida por enfurecidos motores, el infernal tráfico peatonal de Manhattan, y otros tantos contratiempos climáticos, Louis Harding aka Moondog fue reconocido entre los neoyorquinos durante tres décadas como un misterioso y extravagante artista callejero, que pasó a ganar reconocimiento en Europa como un compositor de vanguardia.

Pero no siempre fue así. La historia de este grandísimo compositor y explorador sonoro nacido en algún lugar de Kansas comenzaría el 26 de mayo de 1943, cuando con tan solo 16 años una fuerte carga de TNT le explotara intempestivamente en sus manos cegándolo para siempre. Hecho que lo llevó años más tarde a tomar la decisión más grande de su vida, estudiar instrumentos de cuerda, órgano y armonía en la escuela para ciegos de Iowa, obsesionándose así por completo con la idea de convertirse en compositor.

Moondog, era descrito como un centinela invidente de ropas extravagantes que se establecía y rugía alrededor de la calle 54, que con el aspecto de un vikingo y con instrumentos que construía el mismo recitaba poemas de su autoría a todo aquel que le prestara un par de oídos. En realidad era mucho más que eso. El camino no fue fácil, lo que más impresiona, es que llevó una vida extraordinaria para un hombre que sin contactos y privado de un sentido logró sobrevivir en la gran manzana, consiguiendo el solo todas las oportunidades que pudo tener, y por ese simple hecho es una de las grandísimas figuras reales de la contracultura americana.

 

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

 

Moondog's early ensemble

 

Su obra es increíblemente compleja y arriesgada, basta con escuchar “Fog on the Hudson” donde utiliza 27 tiempos diferentes de manera progresiva y abstracta, perteneciente a su álbum “On the Streets of New York” de 1953, o “Seven Beat Suite” del clásico “More Moondog” de 1956, donde muestra un dominio fascinante de la trimba, y así podríamos seguir citando piezas de cada uno de sus más de 30 álbumes, algunos de ellos bajo los sellos Mars, Prestige y CBS. Su talento era tal, que fue aclamado por genios de la música norteamericana como Charlie Parker y Janis Joplin, aparte que otros colosos de la composición como Stravinsky y Steve Reich lo mencionan como el verdadero padre del minimalismo, al tiempo de ser cobijado por grandes camaradas como Ravi Shankar, Dalí, William S. Burroughs y Allen Ginsberg.

Al margen de todo lo anterior y tras muchos años de vagabundear y de inundar las calles de música increíble, muchos neoyorquinos suponían que había muerto después de que desapareciera repentinamente en 1974, pero la diosa fortuna lo acosó y supo hacerse de una audiencia selecta, en realidad recibió una oportunidad de oro siendo invitado para mostrar su música en Alemania, y como era obvio decidió quedarse. Ahí se le ofreció un trato digno para un artista de su talla, lugar donde contó con todo a su servicio, orquestas, comida, asilo y lo más atractivo para el alma y el ego de un artista, lugares por todo el mundo donde pudo llevar su obra a miles de escuchas. Nunca más regresó a las calles de Nueva York más que para presentarse junto a la Filarmónica de Brooklyn en 1989, regresando una vez más a Alemania.

 

Moondog, in his later years (c.late 1960s)

Moondog c.1960

 

Desde finales de 1940 hasta el final de sus días en 1999, experimentó hasta el cansancio con piezas callejeras, para trimba, órgano o para toda una orquesta, y a pesar todas las limitaciones que la vida le puso en el camino, incluso otras tantas como la tecnología y sus sonidos novedosos, estas no fueron lo suficientemente poderosos para desdeñar el increíble aporte creativo de carácter místico que evocaba desde lo profundo de su lastimero espíritu, rebelde entre los rebeldes que cual bestia herida aullaba evocando las fuerzas nórdicas que lo impulsaron a no abandonar una vida que ante los demás estaba destinada al desperdicio y el abandono.

 

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Moondog – Mucho más que un Invidente Solitario

Mientras los clubs de jazz se abarrotaban por toda América y el esbozo de una revolución azotara con violencia, en las calles de Nueva York surgiría una leyenda que cambiaría la historia de la música para siempre. En medio de la contaminación auditiva producida por enfurecidos motores, el infernal tráfico peatonal de Manhattan, y otros tantos contratiempos climáticos, Louis Harding aka Moondog fue reconocido entre los neoyorquinos durante tres décadas como un misterioso y extravagante artista callejero, que pasó a ganar reconocimiento en Europa como un compositor de vanguardia.

Pero no siempre fue así. La historia de este grandísimo compositor y explorador sonoro nacido en algún lugar de Kansas comenzaría el 26 de mayo de 1943, cuando con tan solo 16 años una fuerte carga de TNT le explotara intempestivamente en sus manos cegándolo para siempre. Hecho que lo llevó años más tarde a tomar la decisión más grande de su vida, estudiar instrumentos de cuerda, órgano y armonía en la escuela para ciegos de Iowa, obsesionándose así por completo con la idea de convertirse en compositor.

Moondog, era descrito como un centinela invidente de ropas extravagantes que se establecía y rugía alrededor de la calle 54, que con el aspecto de un vikingo y con instrumentos que construía el mismo recitaba poemas de su autoría a todo aquel que le prestara un par de oídos. En realidad era mucho más que eso. El camino no fue fácil, lo que más impresiona, es que llevó una vida extraordinaria para un hombre que sin contactos y privado de un sentido logró sobrevivir en la gran manzana, consiguiendo el solo todas las oportunidades que pudo tener, y por ese simple hecho es una de las grandísimas figuras reales de la contracultura americana.

 

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

 

Moondog's early ensemble

 

Su obra es increíblemente compleja y arriesgada, basta con escuchar “Fog on the Hudson” donde utiliza 27 tiempos diferentes de manera progresiva y abstracta, perteneciente a su álbum “On the Streets of New York” de 1953, o “Seven Beat Suite” del clásico “More Moondog” de 1956, donde muestra un dominio fascinante de la trimba, y así podríamos seguir citando piezas de cada uno de sus más de 30 álbumes, algunos de ellos bajo los sellos Mars, Prestige y CBS. Su talento era tal, que fue aclamado por genios de la música norteamericana como Charlie Parker y Janis Joplin, aparte que otros colosos de la composición como Stravinsky y Steve Reich lo mencionan como el verdadero padre del minimalismo, al tiempo de ser cobijado por grandes camaradas como Ravi Shankar, Dalí, William S. Burroughs y Allen Ginsberg.

Al margen de todo lo anterior y tras muchos años de vagabundear y de inundar las calles de música increíble, muchos neoyorquinos suponían que había muerto después de que desapareciera repentinamente en 1974, pero la diosa fortuna lo acosó y supo hacerse de una audiencia selecta, en realidad recibió una oportunidad de oro siendo invitado para mostrar su música en Alemania, y como era obvio decidió quedarse. Ahí se le ofreció un trato digno para un artista de su talla, lugar donde contó con todo a su servicio, orquestas, comida, asilo y lo más atractivo para el alma y el ego de un artista, lugares por todo el mundo donde pudo llevar su obra a miles de escuchas. Nunca más regresó a las calles de Nueva York más que para presentarse junto a la Filarmónica de Brooklyn en 1989, regresando una vez más a Alemania.

 

Moondog, in his later years (c.late 1960s)

Moondog c.1960

 

Desde finales de 1940 hasta el final de sus días en 1999, experimentó hasta el cansancio con piezas callejeras, para trimba, órgano o para toda una orquesta, y a pesar todas las limitaciones que la vida le puso en el camino, incluso otras tantas como la tecnología y sus sonidos novedosos, estas no fueron lo suficientemente poderosos para desdeñar el increíble aporte creativo de carácter místico que evocaba desde lo profundo de su lastimero espíritu, rebelde entre los rebeldes que cual bestia herida aullaba evocando las fuerzas nórdicas que lo impulsaron a no abandonar una vida que ante los demás estaba destinada al desperdicio y el abandono.

 

moondog-profile

Moondog – Mucho más que un Invidente Solitario

Mientras los clubs de jazz se abarrotaban por toda América y el esbozo de una revolución azotara con violencia, en las calles de Nueva York surgiría una leyenda que cambiaría la historia de la música para siempre. En medio de la contaminación auditiva producida por enfurecidos motores, el infernal tráfico peatonal de Manhattan, y otros tantos contratiempos climáticos, Louis Harding aka Moondog fue reconocido entre los neoyorquinos durante tres décadas como un misterioso y extravagante artista callejero, que pasó a ganar reconocimiento en Europa como un compositor de vanguardia.

Pero no siempre fue así. La historia de este grandísimo compositor y explorador sonoro nacido en algún lugar de Kansas comenzaría el 26 de mayo de 1943, cuando con tan solo 16 años una fuerte carga de TNT le explotara intempestivamente en sus manos cegándolo para siempre. Hecho que lo llevó años más tarde a tomar la decisión más grande de su vida, estudiar instrumentos de cuerda, órgano y armonía en la escuela para ciegos de Iowa, obsesionándose así por completo con la idea de convertirse en compositor.

Moondog, era descrito como un centinela invidente de ropas extravagantes que se establecía y rugía alrededor de la calle 54, que con el aspecto de un vikingo y con instrumentos que construía el mismo recitaba poemas de su autoría a todo aquel que le prestara un par de oídos. En realidad era mucho más que eso. El camino no fue fácil, lo que más impresiona, es que llevó una vida extraordinaria para un hombre que sin contactos y privado de un sentido logró sobrevivir en la gran manzana, consiguiendo el solo todas las oportunidades que pudo tener, y por ese simple hecho es una de las grandísimas figuras reales de la contracultura americana.

 

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

 

Moondog's early ensemble

 

Su obra es increíblemente compleja y arriesgada, basta con escuchar “Fog on the Hudson” donde utiliza 27 tiempos diferentes de manera progresiva y abstracta, perteneciente a su álbum “On the Streets of New York” de 1953, o “Seven Beat Suite” del clásico “More Moondog” de 1956, donde muestra un dominio fascinante de la trimba, y así podríamos seguir citando piezas de cada uno de sus más de 30 álbumes, algunos de ellos bajo los sellos Mars, Prestige y CBS. Su talento era tal, que fue aclamado por genios de la música norteamericana como Charlie Parker y Janis Joplin, aparte que otros colosos de la composición como Stravinsky y Steve Reich lo mencionan como el verdadero padre del minimalismo, al tiempo de ser cobijado por grandes camaradas como Ravi Shankar, Dalí, William S. Burroughs y Allen Ginsberg.

Al margen de todo lo anterior y tras muchos años de vagabundear y de inundar las calles de música increíble, muchos neoyorquinos suponían que había muerto después de que desapareciera repentinamente en 1974, pero la diosa fortuna lo acosó y supo hacerse de una audiencia selecta, en realidad recibió una oportunidad de oro siendo invitado para mostrar su música en Alemania, y como era obvio decidió quedarse. Ahí se le ofreció un trato digno para un artista de su talla, lugar donde contó con todo a su servicio, orquestas, comida, asilo y lo más atractivo para el alma y el ego de un artista, lugares por todo el mundo donde pudo llevar su obra a miles de escuchas. Nunca más regresó a las calles de Nueva York más que para presentarse junto a la Filarmónica de Brooklyn en 1989, regresando una vez más a Alemania.

 

Moondog, in his later years (c.late 1960s)

Moondog c.1960

 

Desde finales de 1940 hasta el final de sus días en 1999, experimentó hasta el cansancio con piezas callejeras, para trimba, órgano o para toda una orquesta, y a pesar todas las limitaciones que la vida le puso en el camino, incluso otras tantas como la tecnología y sus sonidos novedosos, estas no fueron lo suficientemente poderosos para desdeñar el increíble aporte creativo de carácter místico que evocaba desde lo profundo de su lastimero espíritu, rebelde entre los rebeldes que cual bestia herida aullaba evocando las fuerzas nórdicas que lo impulsaron a no abandonar una vida que ante los demás estaba destinada al desperdicio y el abandono.

 

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Moondog – Mucho más que un Invidente Solitario

Mientras los clubs de jazz se abarrotaban por toda América y el esbozo de una revolución azotara con violencia, en las calles de Nueva York surgiría una leyenda que cambiaría la historia de la música para siempre. En medio de la contaminación auditiva producida por enfurecidos motores, el infernal tráfico peatonal de Manhattan, y otros tantos contratiempos climáticos, Louis Harding aka Moondog fue reconocido entre los neoyorquinos durante tres décadas como un misterioso y extravagante artista callejero, que pasó a ganar reconocimiento en Europa como un compositor de vanguardia.

Pero no siempre fue así. La historia de este grandísimo compositor y explorador sonoro nacido en algún lugar de Kansas comenzaría el 26 de mayo de 1943, cuando con tan solo 16 años una fuerte carga de TNT le explotara intempestivamente en sus manos cegándolo para siempre. Hecho que lo llevó años más tarde a tomar la decisión más grande de su vida, estudiar instrumentos de cuerda, órgano y armonía en la escuela para ciegos de Iowa, obsesionándose así por completo con la idea de convertirse en compositor.

Moondog, era descrito como un centinela invidente de ropas extravagantes que se establecía y rugía alrededor de la calle 54, que con el aspecto de un vikingo y con instrumentos que construía el mismo recitaba poemas de su autoría a todo aquel que le prestara un par de oídos. En realidad era mucho más que eso. El camino no fue fácil, lo que más impresiona, es que llevó una vida extraordinaria para un hombre que sin contactos y privado de un sentido logró sobrevivir en la gran manzana, consiguiendo el solo todas las oportunidades que pudo tener, y por ese simple hecho es una de las grandísimas figuras reales de la contracultura americana.

 

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

 

Moondog's early ensemble

 

Su obra es increíblemente compleja y arriesgada, basta con escuchar “Fog on the Hudson” donde utiliza 27 tiempos diferentes de manera progresiva y abstracta, perteneciente a su álbum “On the Streets of New York” de 1953, o “Seven Beat Suite” del clásico “More Moondog” de 1956, donde muestra un dominio fascinante de la trimba, y así podríamos seguir citando piezas de cada uno de sus más de 30 álbumes, algunos de ellos bajo los sellos Mars, Prestige y CBS. Su talento era tal, que fue aclamado por genios de la música norteamericana como Charlie Parker y Janis Joplin, aparte que otros colosos de la composición como Stravinsky y Steve Reich lo mencionan como el verdadero padre del minimalismo, al tiempo de ser cobijado por grandes camaradas como Ravi Shankar, Dalí, William S. Burroughs y Allen Ginsberg.

Al margen de todo lo anterior y tras muchos años de vagabundear y de inundar las calles de música increíble, muchos neoyorquinos suponían que había muerto después de que desapareciera repentinamente en 1974, pero la diosa fortuna lo acosó y supo hacerse de una audiencia selecta, en realidad recibió una oportunidad de oro siendo invitado para mostrar su música en Alemania, y como era obvio decidió quedarse. Ahí se le ofreció un trato digno para un artista de su talla, lugar donde contó con todo a su servicio, orquestas, comida, asilo y lo más atractivo para el alma y el ego de un artista, lugares por todo el mundo donde pudo llevar su obra a miles de escuchas. Nunca más regresó a las calles de Nueva York más que para presentarse junto a la Filarmónica de Brooklyn en 1989, regresando una vez más a Alemania.

 

Moondog, in his later years (c.late 1960s)

Moondog c.1960

 

Desde finales de 1940 hasta el final de sus días en 1999, experimentó hasta el cansancio con piezas callejeras, para trimba, órgano o para toda una orquesta, y a pesar todas las limitaciones que la vida le puso en el camino, incluso otras tantas como la tecnología y sus sonidos novedosos, estas no fueron lo suficientemente poderosos para desdeñar el increíble aporte creativo de carácter místico que evocaba desde lo profundo de su lastimero espíritu, rebelde entre los rebeldes que cual bestia herida aullaba evocando las fuerzas nórdicas que lo impulsaron a no abandonar una vida que ante los demás estaba destinada al desperdicio y el abandono.

 

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Moondog – Mucho más que un Invidente Solitario

Mientras los clubs de jazz se abarrotaban por toda América y el esbozo de una revolución azotara con violencia, en las calles de Nueva York surgiría una leyenda que cambiaría la historia de la música para siempre. En medio de la contaminación auditiva producida por enfurecidos motores, el infernal tráfico peatonal de Manhattan, y otros tantos contratiempos climáticos, Louis Harding aka Moondog fue reconocido entre los neoyorquinos durante tres décadas como un misterioso y extravagante artista callejero, que pasó a ganar reconocimiento en Europa como un compositor de vanguardia.

Pero no siempre fue así. La historia de este grandísimo compositor y explorador sonoro nacido en algún lugar de Kansas comenzaría el 26 de mayo de 1943, cuando con tan solo 16 años una fuerte carga de TNT le explotara intempestivamente en sus manos cegándolo para siempre. Hecho que lo llevó años más tarde a tomar la decisión más grande de su vida, estudiar instrumentos de cuerda, órgano y armonía en la escuela para ciegos de Iowa, obsesionándose así por completo con la idea de convertirse en compositor.

Moondog, era descrito como un centinela invidente de ropas extravagantes que se establecía y rugía alrededor de la calle 54, que con el aspecto de un vikingo y con instrumentos que construía el mismo recitaba poemas de su autoría a todo aquel que le prestara un par de oídos. En realidad era mucho más que eso. El camino no fue fácil, lo que más impresiona, es que llevó una vida extraordinaria para un hombre que sin contactos y privado de un sentido logró sobrevivir en la gran manzana, consiguiendo el solo todas las oportunidades que pudo tener, y por ese simple hecho es una de las grandísimas figuras reales de la contracultura americana.

 

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

 

Moondog's early ensemble

 

Su obra es increíblemente compleja y arriesgada, basta con escuchar “Fog on the Hudson” donde utiliza 27 tiempos diferentes de manera progresiva y abstracta, perteneciente a su álbum “On the Streets of New York” de 1953, o “Seven Beat Suite” del clásico “More Moondog” de 1956, donde muestra un dominio fascinante de la trimba, y así podríamos seguir citando piezas de cada uno de sus más de 30 álbumes, algunos de ellos bajo los sellos Mars, Prestige y CBS. Su talento era tal, que fue aclamado por genios de la música norteamericana como Charlie Parker y Janis Joplin, aparte que otros colosos de la composición como Stravinsky y Steve Reich lo mencionan como el verdadero padre del minimalismo, al tiempo de ser cobijado por grandes camaradas como Ravi Shankar, Dalí, William S. Burroughs y Allen Ginsberg.

Al margen de todo lo anterior y tras muchos años de vagabundear y de inundar las calles de música increíble, muchos neoyorquinos suponían que había muerto después de que desapareciera repentinamente en 1974, pero la diosa fortuna lo acosó y supo hacerse de una audiencia selecta, en realidad recibió una oportunidad de oro siendo invitado para mostrar su música en Alemania, y como era obvio decidió quedarse. Ahí se le ofreció un trato digno para un artista de su talla, lugar donde contó con todo a su servicio, orquestas, comida, asilo y lo más atractivo para el alma y el ego de un artista, lugares por todo el mundo donde pudo llevar su obra a miles de escuchas. Nunca más regresó a las calles de Nueva York más que para presentarse junto a la Filarmónica de Brooklyn en 1989, regresando una vez más a Alemania.

 

Moondog, in his later years (c.late 1960s)

Moondog c.1960

 

Desde finales de 1940 hasta el final de sus días en 1999, experimentó hasta el cansancio con piezas callejeras, para trimba, órgano o para toda una orquesta, y a pesar todas las limitaciones que la vida le puso en el camino, incluso otras tantas como la tecnología y sus sonidos novedosos, estas no fueron lo suficientemente poderosos para desdeñar el increíble aporte creativo de carácter místico que evocaba desde lo profundo de su lastimero espíritu, rebelde entre los rebeldes que cual bestia herida aullaba evocando las fuerzas nórdicas que lo impulsaron a no abandonar una vida que ante los demás estaba destinada al desperdicio y el abandono.

 

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Moondog – Mucho más que un Invidente Solitario

Mientras los clubs de jazz se abarrotaban por toda América y el esbozo de una revolución azotara con violencia, en las calles de Nueva York surgiría una leyenda que cambiaría la historia de la música para siempre. En medio de la contaminación auditiva producida por enfurecidos motores, el infernal tráfico peatonal de Manhattan, y otros tantos contratiempos climáticos, Louis Harding aka Moondog fue reconocido entre los neoyorquinos durante tres décadas como un misterioso y extravagante artista callejero, que pasó a ganar reconocimiento en Europa como un compositor de vanguardia.

Pero no siempre fue así. La historia de este grandísimo compositor y explorador sonoro nacido en algún lugar de Kansas comenzaría el 26 de mayo de 1943, cuando con tan solo 16 años una fuerte carga de TNT le explotara intempestivamente en sus manos cegándolo para siempre. Hecho que lo llevó años más tarde a tomar la decisión más grande de su vida, estudiar instrumentos de cuerda, órgano y armonía en la escuela para ciegos de Iowa, obsesionándose así por completo con la idea de convertirse en compositor.

Moondog, era descrito como un centinela invidente de ropas extravagantes que se establecía y rugía alrededor de la calle 54, que con el aspecto de un vikingo y con instrumentos que construía el mismo recitaba poemas de su autoría a todo aquel que le prestara un par de oídos. En realidad era mucho más que eso. El camino no fue fácil, lo que más impresiona, es que llevó una vida extraordinaria para un hombre que sin contactos y privado de un sentido logró sobrevivir en la gran manzana, consiguiendo el solo todas las oportunidades que pudo tener, y por ese simple hecho es una de las grandísimas figuras reales de la contracultura americana.

 

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

 

Moondog's early ensemble

 

Su obra es increíblemente compleja y arriesgada, basta con escuchar “Fog on the Hudson” donde utiliza 27 tiempos diferentes de manera progresiva y abstracta, perteneciente a su álbum “On the Streets of New York” de 1953, o “Seven Beat Suite” del clásico “More Moondog” de 1956, donde muestra un dominio fascinante de la trimba, y así podríamos seguir citando piezas de cada uno de sus más de 30 álbumes, algunos de ellos bajo los sellos Mars, Prestige y CBS. Su talento era tal, que fue aclamado por genios de la música norteamericana como Charlie Parker y Janis Joplin, aparte que otros colosos de la composición como Stravinsky y Steve Reich lo mencionan como el verdadero padre del minimalismo, al tiempo de ser cobijado por grandes camaradas como Ravi Shankar, Dalí, William S. Burroughs y Allen Ginsberg.

Al margen de todo lo anterior y tras muchos años de vagabundear y de inundar las calles de música increíble, muchos neoyorquinos suponían que había muerto después de que desapareciera repentinamente en 1974, pero la diosa fortuna lo acosó y supo hacerse de una audiencia selecta, en realidad recibió una oportunidad de oro siendo invitado para mostrar su música en Alemania, y como era obvio decidió quedarse. Ahí se le ofreció un trato digno para un artista de su talla, lugar donde contó con todo a su servicio, orquestas, comida, asilo y lo más atractivo para el alma y el ego de un artista, lugares por todo el mundo donde pudo llevar su obra a miles de escuchas. Nunca más regresó a las calles de Nueva York más que para presentarse junto a la Filarmónica de Brooklyn en 1989, regresando una vez más a Alemania.

 

Moondog, in his later years (c.late 1960s)

Moondog c.1960

 

Desde finales de 1940 hasta el final de sus días en 1999, experimentó hasta el cansancio con piezas callejeras, para trimba, órgano o para toda una orquesta, y a pesar todas las limitaciones que la vida le puso en el camino, incluso otras tantas como la tecnología y sus sonidos novedosos, estas no fueron lo suficientemente poderosos para desdeñar el increíble aporte creativo de carácter místico que evocaba desde lo profundo de su lastimero espíritu, rebelde entre los rebeldes que cual bestia herida aullaba evocando las fuerzas nórdicas que lo impulsaron a no abandonar una vida que ante los demás estaba destinada al desperdicio y el abandono.

 

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Moondog – Mucho más que un Invidente Solitario

Mientras los clubs de jazz se abarrotaban por toda América y el esbozo de una revolución azotara con violencia, en las calles de Nueva York surgiría una leyenda que cambiaría la historia de la música para siempre. En medio de la contaminación auditiva producida por enfurecidos motores, el infernal tráfico peatonal de Manhattan, y otros tantos contratiempos climáticos, Louis Harding aka Moondog fue reconocido entre los neoyorquinos durante tres décadas como un misterioso y extravagante artista callejero, que pasó a ganar reconocimiento en Europa como un compositor de vanguardia.

Pero no siempre fue así. La historia de este grandísimo compositor y explorador sonoro nacido en algún lugar de Kansas comenzaría el 26 de mayo de 1943, cuando con tan solo 16 años una fuerte carga de TNT le explotara intempestivamente en sus manos cegándolo para siempre. Hecho que lo llevó años más tarde a tomar la decisión más grande de su vida, estudiar instrumentos de cuerda, órgano y armonía en la escuela para ciegos de Iowa, obsesionándose así por completo con la idea de convertirse en compositor.

Moondog, era descrito como un centinela invidente de ropas extravagantes que se establecía y rugía alrededor de la calle 54, que con el aspecto de un vikingo y con instrumentos que construía el mismo recitaba poemas de su autoría a todo aquel que le prestara un par de oídos. En realidad era mucho más que eso. El camino no fue fácil, lo que más impresiona, es que llevó una vida extraordinaria para un hombre que sin contactos y privado de un sentido logró sobrevivir en la gran manzana, consiguiendo el solo todas las oportunidades que pudo tener, y por ese simple hecho es una de las grandísimas figuras reales de la contracultura americana.

 

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

 

Moondog's early ensemble

 

Su obra es increíblemente compleja y arriesgada, basta con escuchar “Fog on the Hudson” donde utiliza 27 tiempos diferentes de manera progresiva y abstracta, perteneciente a su álbum “On the Streets of New York” de 1953, o “Seven Beat Suite” del clásico “More Moondog” de 1956, donde muestra un dominio fascinante de la trimba, y así podríamos seguir citando piezas de cada uno de sus más de 30 álbumes, algunos de ellos bajo los sellos Mars, Prestige y CBS. Su talento era tal, que fue aclamado por genios de la música norteamericana como Charlie Parker y Janis Joplin, aparte que otros colosos de la composición como Stravinsky y Steve Reich lo mencionan como el verdadero padre del minimalismo, al tiempo de ser cobijado por grandes camaradas como Ravi Shankar, Dalí, William S. Burroughs y Allen Ginsberg.

Al margen de todo lo anterior y tras muchos años de vagabundear y de inundar las calles de música increíble, muchos neoyorquinos suponían que había muerto después de que desapareciera repentinamente en 1974, pero la diosa fortuna lo acosó y supo hacerse de una audiencia selecta, en realidad recibió una oportunidad de oro siendo invitado para mostrar su música en Alemania, y como era obvio decidió quedarse. Ahí se le ofreció un trato digno para un artista de su talla, lugar donde contó con todo a su servicio, orquestas, comida, asilo y lo más atractivo para el alma y el ego de un artista, lugares por todo el mundo donde pudo llevar su obra a miles de escuchas. Nunca más regresó a las calles de Nueva York más que para presentarse junto a la Filarmónica de Brooklyn en 1989, regresando una vez más a Alemania.

 

Moondog, in his later years (c.late 1960s)

Moondog c.1960

 

Desde finales de 1940 hasta el final de sus días en 1999, experimentó hasta el cansancio con piezas callejeras, para trimba, órgano o para toda una orquesta, y a pesar todas las limitaciones que la vida le puso en el camino, incluso otras tantas como la tecnología y sus sonidos novedosos, estas no fueron lo suficientemente poderosos para desdeñar el increíble aporte creativo de carácter místico que evocaba desde lo profundo de su lastimero espíritu, rebelde entre los rebeldes que cual bestia herida aullaba evocando las fuerzas nórdicas que lo impulsaron a no abandonar una vida que ante los demás estaba destinada al desperdicio y el abandono.

 

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Moondog – Mucho más que un Invidente Solitario

Mientras los clubs de jazz se abarrotaban por toda América y el esbozo de una revolución azotara con violencia, en las calles de Nueva York surgiría una leyenda que cambiaría la historia de la música para siempre. En medio de la contaminación auditiva producida por enfurecidos motores, el infernal tráfico peatonal de Manhattan, y otros tantos contratiempos climáticos, Louis Harding aka Moondog fue reconocido entre los neoyorquinos durante tres décadas como un misterioso y extravagante artista callejero, que pasó a ganar reconocimiento en Europa como un compositor de vanguardia.

Pero no siempre fue así. La historia de este grandísimo compositor y explorador sonoro nacido en algún lugar de Kansas comenzaría el 26 de mayo de 1943, cuando con tan solo 16 años una fuerte carga de TNT le explotara intempestivamente en sus manos cegándolo para siempre. Hecho que lo llevó años más tarde a tomar la decisión más grande de su vida, estudiar instrumentos de cuerda, órgano y armonía en la escuela para ciegos de Iowa, obsesionándose así por completo con la idea de convertirse en compositor.

Moondog, era descrito como un centinela invidente de ropas extravagantes que se establecía y rugía alrededor de la calle 54, que con el aspecto de un vikingo y con instrumentos que construía el mismo recitaba poemas de su autoría a todo aquel que le prestara un par de oídos. En realidad era mucho más que eso. El camino no fue fácil, lo que más impresiona, es que llevó una vida extraordinaria para un hombre que sin contactos y privado de un sentido logró sobrevivir en la gran manzana, consiguiendo el solo todas las oportunidades que pudo tener, y por ese simple hecho es una de las grandísimas figuras reales de la contracultura americana.

 

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

 

Moondog's early ensemble

 

Su obra es increíblemente compleja y arriesgada, basta con escuchar “Fog on the Hudson” donde utiliza 27 tiempos diferentes de manera progresiva y abstracta, perteneciente a su álbum “On the Streets of New York” de 1953, o “Seven Beat Suite” del clásico “More Moondog” de 1956, donde muestra un dominio fascinante de la trimba, y así podríamos seguir citando piezas de cada uno de sus más de 30 álbumes, algunos de ellos bajo los sellos Mars, Prestige y CBS. Su talento era tal, que fue aclamado por genios de la música norteamericana como Charlie Parker y Janis Joplin, aparte que otros colosos de la composición como Stravinsky y Steve Reich lo mencionan como el verdadero padre del minimalismo, al tiempo de ser cobijado por grandes camaradas como Ravi Shankar, Dalí, William S. Burroughs y Allen Ginsberg.

Al margen de todo lo anterior y tras muchos años de vagabundear y de inundar las calles de música increíble, muchos neoyorquinos suponían que había muerto después de que desapareciera repentinamente en 1974, pero la diosa fortuna lo acosó y supo hacerse de una audiencia selecta, en realidad recibió una oportunidad de oro siendo invitado para mostrar su música en Alemania, y como era obvio decidió quedarse. Ahí se le ofreció un trato digno para un artista de su talla, lugar donde contó con todo a su servicio, orquestas, comida, asilo y lo más atractivo para el alma y el ego de un artista, lugares por todo el mundo donde pudo llevar su obra a miles de escuchas. Nunca más regresó a las calles de Nueva York más que para presentarse junto a la Filarmónica de Brooklyn en 1989, regresando una vez más a Alemania.

 

Moondog, in his later years (c.late 1960s)

Moondog c.1960

 

Desde finales de 1940 hasta el final de sus días en 1999, experimentó hasta el cansancio con piezas callejeras, para trimba, órgano o para toda una orquesta, y a pesar todas las limitaciones que la vida le puso en el camino, incluso otras tantas como la tecnología y sus sonidos novedosos, estas no fueron lo suficientemente poderosos para desdeñar el increíble aporte creativo de carácter místico que evocaba desde lo profundo de su lastimero espíritu, rebelde entre los rebeldes que cual bestia herida aullaba evocando las fuerzas nórdicas que lo impulsaron a no abandonar una vida que ante los demás estaba destinada al desperdicio y el abandono.

 

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Moondog – Mucho más que un Invidente Solitario

Mientras los clubs de jazz se abarrotaban por toda América y el esbozo de una revolución azotara con violencia, en las calles de Nueva York surgiría una leyenda que cambiaría la historia de la música para siempre. En medio de la contaminación auditiva producida por enfurecidos motores, el infernal tráfico peatonal de Manhattan, y otros tantos contratiempos climáticos, Louis Harding aka Moondog fue reconocido entre los neoyorquinos durante tres décadas como un misterioso y extravagante artista callejero, que pasó a ganar reconocimiento en Europa como un compositor de vanguardia.

Pero no siempre fue así. La historia de este grandísimo compositor y explorador sonoro nacido en algún lugar de Kansas comenzaría el 26 de mayo de 1943, cuando con tan solo 16 años una fuerte carga de TNT le explotara intempestivamente en sus manos cegándolo para siempre. Hecho que lo llevó años más tarde a tomar la decisión más grande de su vida, estudiar instrumentos de cuerda, órgano y armonía en la escuela para ciegos de Iowa, obsesionándose así por completo con la idea de convertirse en compositor.

Moondog, era descrito como un centinela invidente de ropas extravagantes que se establecía y rugía alrededor de la calle 54, que con el aspecto de un vikingo y con instrumentos que construía el mismo recitaba poemas de su autoría a todo aquel que le prestara un par de oídos. En realidad era mucho más que eso. El camino no fue fácil, lo que más impresiona, es que llevó una vida extraordinaria para un hombre que sin contactos y privado de un sentido logró sobrevivir en la gran manzana, consiguiendo el solo todas las oportunidades que pudo tener, y por ese simple hecho es una de las grandísimas figuras reales de la contracultura americana.

 

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

 

Moondog's early ensemble

 

Su obra es increíblemente compleja y arriesgada, basta con escuchar “Fog on the Hudson” donde utiliza 27 tiempos diferentes de manera progresiva y abstracta, perteneciente a su álbum “On the Streets of New York” de 1953, o “Seven Beat Suite” del clásico “More Moondog” de 1956, donde muestra un dominio fascinante de la trimba, y así podríamos seguir citando piezas de cada uno de sus más de 30 álbumes, algunos de ellos bajo los sellos Mars, Prestige y CBS. Su talento era tal, que fue aclamado por genios de la música norteamericana como Charlie Parker y Janis Joplin, aparte que otros colosos de la composición como Stravinsky y Steve Reich lo mencionan como el verdadero padre del minimalismo, al tiempo de ser cobijado por grandes camaradas como Ravi Shankar, Dalí, William S. Burroughs y Allen Ginsberg.

Al margen de todo lo anterior y tras muchos años de vagabundear y de inundar las calles de música increíble, muchos neoyorquinos suponían que había muerto después de que desapareciera repentinamente en 1974, pero la diosa fortuna lo acosó y supo hacerse de una audiencia selecta, en realidad recibió una oportunidad de oro siendo invitado para mostrar su música en Alemania, y como era obvio decidió quedarse. Ahí se le ofreció un trato digno para un artista de su talla, lugar donde contó con todo a su servicio, orquestas, comida, asilo y lo más atractivo para el alma y el ego de un artista, lugares por todo el mundo donde pudo llevar su obra a miles de escuchas. Nunca más regresó a las calles de Nueva York más que para presentarse junto a la Filarmónica de Brooklyn en 1989, regresando una vez más a Alemania.

 

Moondog, in his later years (c.late 1960s)

Moondog c.1960

 

Desde finales de 1940 hasta el final de sus días en 1999, experimentó hasta el cansancio con piezas callejeras, para trimba, órgano o para toda una orquesta, y a pesar todas las limitaciones que la vida le puso en el camino, incluso otras tantas como la tecnología y sus sonidos novedosos, estas no fueron lo suficientemente poderosos para desdeñar el increíble aporte creativo de carácter místico que evocaba desde lo profundo de su lastimero espíritu, rebelde entre los rebeldes que cual bestia herida aullaba evocando las fuerzas nórdicas que lo impulsaron a no abandonar una vida que ante los demás estaba destinada al desperdicio y el abandono.

 

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Moondog – Mucho más que un Invidente Solitario

Mientras los clubs de jazz se abarrotaban por toda América y el esbozo de una revolución azotara con violencia, en las calles de Nueva York surgiría una leyenda que cambiaría la historia de la música para siempre. En medio de la contaminación auditiva producida por enfurecidos motores, el infernal tráfico peatonal de Manhattan, y otros tantos contratiempos climáticos, Louis Harding aka Moondog fue reconocido entre los neoyorquinos durante tres décadas como un misterioso y extravagante artista callejero, que pasó a ganar reconocimiento en Europa como un compositor de vanguardia.

Pero no siempre fue así. La historia de este grandísimo compositor y explorador sonoro nacido en algún lugar de Kansas comenzaría el 26 de mayo de 1943, cuando con tan solo 16 años una fuerte carga de TNT le explotara intempestivamente en sus manos cegándolo para siempre. Hecho que lo llevó años más tarde a tomar la decisión más grande de su vida, estudiar instrumentos de cuerda, órgano y armonía en la escuela para ciegos de Iowa, obsesionándose así por completo con la idea de convertirse en compositor.

Moondog, era descrito como un centinela invidente de ropas extravagantes que se establecía y rugía alrededor de la calle 54, que con el aspecto de un vikingo y con instrumentos que construía el mismo recitaba poemas de su autoría a todo aquel que le prestara un par de oídos. En realidad era mucho más que eso. El camino no fue fácil, lo que más impresiona, es que llevó una vida extraordinaria para un hombre que sin contactos y privado de un sentido logró sobrevivir en la gran manzana, consiguiendo el solo todas las oportunidades que pudo tener, y por ese simple hecho es una de las grandísimas figuras reales de la contracultura americana.

 

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

Moondog, On the streets of New York, ca.1953

 

Moondog's early ensemble

 

Su obra es increíblemente compleja y arriesgada, basta con escuchar “Fog on the Hudson” donde utiliza 27 tiempos diferentes de manera progresiva y abstracta, perteneciente a su álbum “On the Streets of New York” de 1953, o “Seven Beat Suite” del clásico “More Moondog” de 1956, donde muestra un dominio fascinante de la trimba, y así podríamos seguir citando piezas de cada uno de sus más de 30 álbumes, algunos de ellos bajo los sellos Mars, Prestige y CBS. Su talento era tal, que fue aclamado por genios de la música norteamericana como Charlie Parker y Janis Joplin, aparte que otros colosos de la composición como Stravinsky y Steve Reich lo mencionan como el verdadero padre del minimalismo, al tiempo de ser cobijado por grandes camaradas como Ravi Shankar, Dalí, William S. Burroughs y Allen Ginsberg.

Al margen de todo lo anterior y tras muchos años de vagabundear y de inundar las calles de música increíble, muchos neoyorquinos suponían que había muerto después de que desapareciera repentinamente en 1974, pero la diosa fortuna lo acosó y supo hacerse de una audiencia selecta, en realidad recibió una oportunidad de oro siendo invitado para mostrar su música en Alemania, y como era obvio decidió quedarse. Ahí se le ofreció un trato digno para un artista de su talla, lugar donde contó con todo a su servicio, orquestas, comida, asilo y lo más atractivo para el alma y el ego de un artista, lugares por todo el mundo donde pudo llevar su obra a miles de escuchas. Nunca más regresó a las calles de Nueva York más que para presentarse junto a la Filarmónica de Brooklyn en 1989, regresando una vez más a Alemania.

 

Moondog, in his later years (c.late 1960s)

Moondog c.1960

 

Desde finales de 1940 hasta el final de sus días en 1999, experimentó hasta el cansancio con piezas callejeras, para trimba, órgano o para toda una orquesta, y a pesar todas las limitaciones que la vida le puso en el camino, incluso otras tantas como la tecnología y sus sonidos novedosos, estas no fueron lo suficientemente poderosos para desdeñar el increíble aporte creativo de carácter místico que evocaba desde lo profundo de su lastimero espíritu, rebelde entre los rebeldes que cual bestia herida aullaba evocando las fuerzas nórdicas que lo impulsaron a no abandonar una vida que ante los demás estaba destinada al desperdicio y el abandono.

 

moondog-profile