Neal Cassady : That’s It For The Other One

Neal Cassady : That’s It For The Other One
10 mayo, 2016

No había normas, no se conocía el miedo, dormir era impensable…

 

Neal Cassady murió en 1968, aproximadamente un año después de la ultima fiesta de Acid Test, a unos metros de las vías del tren que atraviesan la ciudad de San Miguel Allende en México. Su forma de morir es el resultado de su forma de vivir; enormes cantidades de energía, la explotación de las propias capacidades hasta el límite, un espíritu que impulsó a dos generaciones de artistas: la de los 50s y la de los 60s, Cassady es el héroe, el motor, la gasolina de ambas décadas…

En la novela “Electric Kool-Aid Acid Test”, el autor Tom Wolfe nos muestra la vida de Los Merry Pranksters, un grupo de drogadictos que disfrutaban de la vida, la poesía y el LSD. Al final del libro nos encontramos con el estudio que el escritor Steve Dossey realiza sobre los últimos días de Neal. A finales de enero de 1968, Neal telefonea a su mujer Carolyne desde la frontera mexicana. Sigue repitiendo el estribillo: “vuelvo a casa” como en aquella canción de Mel Tormé, ella le aconseja que se vaya a México, porque se arriesga a que las infracciones de tráfico que tiene pendientes hagan que lo encierren en San Quintín. Es la ultima vez que hablan…

 

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Neal Cassady – Foto: Allen Ginsberg

 

Neal tropieza con problemas en la frontera, pero al final pasa disfrazado de miembro de un equipo de rodaje. Su visado de turista está fechado el 30 de enero de 1968. Neal se baja del tren en San Miguel Allende, pero su equipaje sigue por error hasta Celaya, a unos cuarenta minutos en tren. Recorre la carretera de tierra que lleva a San Miguel. Entra en la plaza principal, contempla las agujas barrocas de la catedral y parte en busca de la casa colonial de teja roja donde lo espera su amigo JB.

El 3 de febrero, Neal y JB discuten y se enfadan. Neal abandona la casa. El cuello le arde como el motor de un viejo Oldsmobile. El sol se esconde tras las colinas. Se dirige a la estación para tomar el tren e ir a Celaya para recuperar su equipaje. Camina por el adoquinado de San Miguel y va a dar a una avenida polvorienta partida por una línea de palmeras desgreñadas. El aire se agita y propaga un olor a miados de burro, y las moscas se arremolinan en el porche de una pequeña tienda con letreros de Coca-Cola, Neal hace un alto en el camino para comprarse una cerveza.

San Miguel se halla a 2.100 metros de altitud y por la noche hace mucho frío. Junto a la estación de tren hay una vieja iglesia de adobe coronada por tres cruces. Neal se da cuenta que se está celebrando una boda, y como el tren nunca pasa a su hora decide unirse al festejo. Bebe pulque y tequila, se hace tarde. El tren aún no ha pasado, y Neal no anda sobrado de dinero. Decide mandar a la chingada el tren e ir andando hasta Celaya por las vías haciendo de este su último recorrido.

 

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Neal Cassady

 

1985 file photo of Jack Kerouac, right, with Neal Cassady, the inspiration for many of Kerouac's books.

Neal Cassady & Jack Kerouac

 

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Neal Cassady

 

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Neal Cassady & Ken Kesey en un Acid Test

 

Neal Cassady : That’s It For The Other One

No había normas, no se conocía el miedo, dormir era impensable…

 

Neal Cassady murió en 1968, aproximadamente un año después de la ultima fiesta de Acid Test, a unos metros de las vías del tren que atraviesan la ciudad de San Miguel Allende en México. Su forma de morir es el resultado de su forma de vivir; enormes cantidades de energía, la explotación de las propias capacidades hasta el límite, un espíritu que impulsó a dos generaciones de artistas: la de los 50s y la de los 60s, Cassady es el héroe, el motor, la gasolina de ambas décadas…

En la novela “Electric Kool-Aid Acid Test”, el autor Tom Wolfe nos muestra la vida de Los Merry Pranksters, un grupo de drogadictos que disfrutaban de la vida, la poesía y el LSD. Al final del libro nos encontramos con el estudio que el escritor Steve Dossey realiza sobre los últimos días de Neal. A finales de enero de 1968, Neal telefonea a su mujer Carolyne desde la frontera mexicana. Sigue repitiendo el estribillo: “vuelvo a casa” como en aquella canción de Mel Tormé, ella le aconseja que se vaya a México, porque se arriesga a que las infracciones de tráfico que tiene pendientes hagan que lo encierren en San Quintín. Es la ultima vez que hablan…

 

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Neal Cassady – Foto: Allen Ginsberg

 

Neal tropieza con problemas en la frontera, pero al final pasa disfrazado de miembro de un equipo de rodaje. Su visado de turista está fechado el 30 de enero de 1968. Neal se baja del tren en San Miguel Allende, pero su equipaje sigue por error hasta Celaya, a unos cuarenta minutos en tren. Recorre la carretera de tierra que lleva a San Miguel. Entra en la plaza principal, contempla las agujas barrocas de la catedral y parte en busca de la casa colonial de teja roja donde lo espera su amigo JB.

El 3 de febrero, Neal y JB discuten y se enfadan. Neal abandona la casa. El cuello le arde como el motor de un viejo Oldsmobile. El sol se esconde tras las colinas. Se dirige a la estación para tomar el tren e ir a Celaya para recuperar su equipaje. Camina por el adoquinado de San Miguel y va a dar a una avenida polvorienta partida por una línea de palmeras desgreñadas. El aire se agita y propaga un olor a miados de burro, y las moscas se arremolinan en el porche de una pequeña tienda con letreros de Coca-Cola, Neal hace un alto en el camino para comprarse una cerveza.

San Miguel se halla a 2.100 metros de altitud y por la noche hace mucho frío. Junto a la estación de tren hay una vieja iglesia de adobe coronada por tres cruces. Neal se da cuenta que se está celebrando una boda, y como el tren nunca pasa a su hora decide unirse al festejo. Bebe pulque y tequila, se hace tarde. El tren aún no ha pasado, y Neal no anda sobrado de dinero. Decide mandar a la chingada el tren e ir andando hasta Celaya por las vías haciendo de este su último recorrido.

 

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Neal Cassady

 

1985 file photo of Jack Kerouac, right, with Neal Cassady, the inspiration for many of Kerouac's books.

Neal Cassady & Jack Kerouac

 

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Neal Cassady

 

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Neal Cassady & Ken Kesey en un Acid Test

 

Neal Cassady : That’s It For The Other One

No había normas, no se conocía el miedo, dormir era impensable…

 

Neal Cassady murió en 1968, aproximadamente un año después de la ultima fiesta de Acid Test, a unos metros de las vías del tren que atraviesan la ciudad de San Miguel Allende en México. Su forma de morir es el resultado de su forma de vivir; enormes cantidades de energía, la explotación de las propias capacidades hasta el límite, un espíritu que impulsó a dos generaciones de artistas: la de los 50s y la de los 60s, Cassady es el héroe, el motor, la gasolina de ambas décadas…

En la novela “Electric Kool-Aid Acid Test”, el autor Tom Wolfe nos muestra la vida de Los Merry Pranksters, un grupo de drogadictos que disfrutaban de la vida, la poesía y el LSD. Al final del libro nos encontramos con el estudio que el escritor Steve Dossey realiza sobre los últimos días de Neal. A finales de enero de 1968, Neal telefonea a su mujer Carolyne desde la frontera mexicana. Sigue repitiendo el estribillo: “vuelvo a casa” como en aquella canción de Mel Tormé, ella le aconseja que se vaya a México, porque se arriesga a que las infracciones de tráfico que tiene pendientes hagan que lo encierren en San Quintín. Es la ultima vez que hablan…

 

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Neal Cassady – Foto: Allen Ginsberg

 

Neal tropieza con problemas en la frontera, pero al final pasa disfrazado de miembro de un equipo de rodaje. Su visado de turista está fechado el 30 de enero de 1968. Neal se baja del tren en San Miguel Allende, pero su equipaje sigue por error hasta Celaya, a unos cuarenta minutos en tren. Recorre la carretera de tierra que lleva a San Miguel. Entra en la plaza principal, contempla las agujas barrocas de la catedral y parte en busca de la casa colonial de teja roja donde lo espera su amigo JB.

El 3 de febrero, Neal y JB discuten y se enfadan. Neal abandona la casa. El cuello le arde como el motor de un viejo Oldsmobile. El sol se esconde tras las colinas. Se dirige a la estación para tomar el tren e ir a Celaya para recuperar su equipaje. Camina por el adoquinado de San Miguel y va a dar a una avenida polvorienta partida por una línea de palmeras desgreñadas. El aire se agita y propaga un olor a miados de burro, y las moscas se arremolinan en el porche de una pequeña tienda con letreros de Coca-Cola, Neal hace un alto en el camino para comprarse una cerveza.

San Miguel se halla a 2.100 metros de altitud y por la noche hace mucho frío. Junto a la estación de tren hay una vieja iglesia de adobe coronada por tres cruces. Neal se da cuenta que se está celebrando una boda, y como el tren nunca pasa a su hora decide unirse al festejo. Bebe pulque y tequila, se hace tarde. El tren aún no ha pasado, y Neal no anda sobrado de dinero. Decide mandar a la chingada el tren e ir andando hasta Celaya por las vías haciendo de este su último recorrido.

 

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Neal Cassady murió en 1968, aproximadamente un año después de la ultima fiesta de Acid Test, a unos metros de las vías del tren que atraviesan la ciudad de San Miguel Allende en México. Su forma de morir es el resultado de su forma de vivir; enormes cantidades de energía, la explotación de las propias capacidades hasta el límite, un espíritu que impulsó a dos generaciones de artistas: la de los 50s y la de los 60s, Cassady es el héroe, el motor, la gasolina de ambas décadas…

En la novela “Electric Kool-Aid Acid Test”, el autor Tom Wolfe nos muestra la vida de Los Merry Pranksters, un grupo de drogadictos que disfrutaban de la vida, la poesía y el LSD. Al final del libro nos encontramos con el estudio que el escritor Steve Dossey realiza sobre los últimos días de Neal. A finales de enero de 1968, Neal telefonea a su mujer Carolyne desde la frontera mexicana. Sigue repitiendo el estribillo: “vuelvo a casa” como en aquella canción de Mel Tormé, ella le aconseja que se vaya a México, porque se arriesga a que las infracciones de tráfico que tiene pendientes hagan que lo encierren en San Quintín. Es la ultima vez que hablan…

 

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Neal Cassady – Foto: Allen Ginsberg

 

Neal tropieza con problemas en la frontera, pero al final pasa disfrazado de miembro de un equipo de rodaje. Su visado de turista está fechado el 30 de enero de 1968. Neal se baja del tren en San Miguel Allende, pero su equipaje sigue por error hasta Celaya, a unos cuarenta minutos en tren. Recorre la carretera de tierra que lleva a San Miguel. Entra en la plaza principal, contempla las agujas barrocas de la catedral y parte en busca de la casa colonial de teja roja donde lo espera su amigo JB.

El 3 de febrero, Neal y JB discuten y se enfadan. Neal abandona la casa. El cuello le arde como el motor de un viejo Oldsmobile. El sol se esconde tras las colinas. Se dirige a la estación para tomar el tren e ir a Celaya para recuperar su equipaje. Camina por el adoquinado de San Miguel y va a dar a una avenida polvorienta partida por una línea de palmeras desgreñadas. El aire se agita y propaga un olor a miados de burro, y las moscas se arremolinan en el porche de una pequeña tienda con letreros de Coca-Cola, Neal hace un alto en el camino para comprarse una cerveza.

San Miguel se halla a 2.100 metros de altitud y por la noche hace mucho frío. Junto a la estación de tren hay una vieja iglesia de adobe coronada por tres cruces. Neal se da cuenta que se está celebrando una boda, y como el tren nunca pasa a su hora decide unirse al festejo. Bebe pulque y tequila, se hace tarde. El tren aún no ha pasado, y Neal no anda sobrado de dinero. Decide mandar a la chingada el tren e ir andando hasta Celaya por las vías haciendo de este su último recorrido.

 

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Neal Cassady & Ken Kesey en un Acid Test

 

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Neal Cassady murió en 1968, aproximadamente un año después de la ultima fiesta de Acid Test, a unos metros de las vías del tren que atraviesan la ciudad de San Miguel Allende en México. Su forma de morir es el resultado de su forma de vivir; enormes cantidades de energía, la explotación de las propias capacidades hasta el límite, un espíritu que impulsó a dos generaciones de artistas: la de los 50s y la de los 60s, Cassady es el héroe, el motor, la gasolina de ambas décadas…

En la novela “Electric Kool-Aid Acid Test”, el autor Tom Wolfe nos muestra la vida de Los Merry Pranksters, un grupo de drogadictos que disfrutaban de la vida, la poesía y el LSD. Al final del libro nos encontramos con el estudio que el escritor Steve Dossey realiza sobre los últimos días de Neal. A finales de enero de 1968, Neal telefonea a su mujer Carolyne desde la frontera mexicana. Sigue repitiendo el estribillo: “vuelvo a casa” como en aquella canción de Mel Tormé, ella le aconseja que se vaya a México, porque se arriesga a que las infracciones de tráfico que tiene pendientes hagan que lo encierren en San Quintín. Es la ultima vez que hablan…

 

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Neal Cassady – Foto: Allen Ginsberg

 

Neal tropieza con problemas en la frontera, pero al final pasa disfrazado de miembro de un equipo de rodaje. Su visado de turista está fechado el 30 de enero de 1968. Neal se baja del tren en San Miguel Allende, pero su equipaje sigue por error hasta Celaya, a unos cuarenta minutos en tren. Recorre la carretera de tierra que lleva a San Miguel. Entra en la plaza principal, contempla las agujas barrocas de la catedral y parte en busca de la casa colonial de teja roja donde lo espera su amigo JB.

El 3 de febrero, Neal y JB discuten y se enfadan. Neal abandona la casa. El cuello le arde como el motor de un viejo Oldsmobile. El sol se esconde tras las colinas. Se dirige a la estación para tomar el tren e ir a Celaya para recuperar su equipaje. Camina por el adoquinado de San Miguel y va a dar a una avenida polvorienta partida por una línea de palmeras desgreñadas. El aire se agita y propaga un olor a miados de burro, y las moscas se arremolinan en el porche de una pequeña tienda con letreros de Coca-Cola, Neal hace un alto en el camino para comprarse una cerveza.

San Miguel se halla a 2.100 metros de altitud y por la noche hace mucho frío. Junto a la estación de tren hay una vieja iglesia de adobe coronada por tres cruces. Neal se da cuenta que se está celebrando una boda, y como el tren nunca pasa a su hora decide unirse al festejo. Bebe pulque y tequila, se hace tarde. El tren aún no ha pasado, y Neal no anda sobrado de dinero. Decide mandar a la chingada el tren e ir andando hasta Celaya por las vías haciendo de este su último recorrido.

 

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No había normas, no se conocía el miedo, dormir era impensable…

 

Neal Cassady murió en 1968, aproximadamente un año después de la ultima fiesta de Acid Test, a unos metros de las vías del tren que atraviesan la ciudad de San Miguel Allende en México. Su forma de morir es el resultado de su forma de vivir; enormes cantidades de energía, la explotación de las propias capacidades hasta el límite, un espíritu que impulsó a dos generaciones de artistas: la de los 50s y la de los 60s, Cassady es el héroe, el motor, la gasolina de ambas décadas…

En la novela “Electric Kool-Aid Acid Test”, el autor Tom Wolfe nos muestra la vida de Los Merry Pranksters, un grupo de drogadictos que disfrutaban de la vida, la poesía y el LSD. Al final del libro nos encontramos con el estudio que el escritor Steve Dossey realiza sobre los últimos días de Neal. A finales de enero de 1968, Neal telefonea a su mujer Carolyne desde la frontera mexicana. Sigue repitiendo el estribillo: “vuelvo a casa” como en aquella canción de Mel Tormé, ella le aconseja que se vaya a México, porque se arriesga a que las infracciones de tráfico que tiene pendientes hagan que lo encierren en San Quintín. Es la ultima vez que hablan…

 

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Neal Cassady – Foto: Allen Ginsberg

 

Neal tropieza con problemas en la frontera, pero al final pasa disfrazado de miembro de un equipo de rodaje. Su visado de turista está fechado el 30 de enero de 1968. Neal se baja del tren en San Miguel Allende, pero su equipaje sigue por error hasta Celaya, a unos cuarenta minutos en tren. Recorre la carretera de tierra que lleva a San Miguel. Entra en la plaza principal, contempla las agujas barrocas de la catedral y parte en busca de la casa colonial de teja roja donde lo espera su amigo JB.

El 3 de febrero, Neal y JB discuten y se enfadan. Neal abandona la casa. El cuello le arde como el motor de un viejo Oldsmobile. El sol se esconde tras las colinas. Se dirige a la estación para tomar el tren e ir a Celaya para recuperar su equipaje. Camina por el adoquinado de San Miguel y va a dar a una avenida polvorienta partida por una línea de palmeras desgreñadas. El aire se agita y propaga un olor a miados de burro, y las moscas se arremolinan en el porche de una pequeña tienda con letreros de Coca-Cola, Neal hace un alto en el camino para comprarse una cerveza.

San Miguel se halla a 2.100 metros de altitud y por la noche hace mucho frío. Junto a la estación de tren hay una vieja iglesia de adobe coronada por tres cruces. Neal se da cuenta que se está celebrando una boda, y como el tren nunca pasa a su hora decide unirse al festejo. Bebe pulque y tequila, se hace tarde. El tren aún no ha pasado, y Neal no anda sobrado de dinero. Decide mandar a la chingada el tren e ir andando hasta Celaya por las vías haciendo de este su último recorrido.

 

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Neal Cassady & Ken Kesey en un Acid Test

 

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No había normas, no se conocía el miedo, dormir era impensable…

 

Neal Cassady murió en 1968, aproximadamente un año después de la ultima fiesta de Acid Test, a unos metros de las vías del tren que atraviesan la ciudad de San Miguel Allende en México. Su forma de morir es el resultado de su forma de vivir; enormes cantidades de energía, la explotación de las propias capacidades hasta el límite, un espíritu que impulsó a dos generaciones de artistas: la de los 50s y la de los 60s, Cassady es el héroe, el motor, la gasolina de ambas décadas…

En la novela “Electric Kool-Aid Acid Test”, el autor Tom Wolfe nos muestra la vida de Los Merry Pranksters, un grupo de drogadictos que disfrutaban de la vida, la poesía y el LSD. Al final del libro nos encontramos con el estudio que el escritor Steve Dossey realiza sobre los últimos días de Neal. A finales de enero de 1968, Neal telefonea a su mujer Carolyne desde la frontera mexicana. Sigue repitiendo el estribillo: “vuelvo a casa” como en aquella canción de Mel Tormé, ella le aconseja que se vaya a México, porque se arriesga a que las infracciones de tráfico que tiene pendientes hagan que lo encierren en San Quintín. Es la ultima vez que hablan…

 

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Neal tropieza con problemas en la frontera, pero al final pasa disfrazado de miembro de un equipo de rodaje. Su visado de turista está fechado el 30 de enero de 1968. Neal se baja del tren en San Miguel Allende, pero su equipaje sigue por error hasta Celaya, a unos cuarenta minutos en tren. Recorre la carretera de tierra que lleva a San Miguel. Entra en la plaza principal, contempla las agujas barrocas de la catedral y parte en busca de la casa colonial de teja roja donde lo espera su amigo JB.

El 3 de febrero, Neal y JB discuten y se enfadan. Neal abandona la casa. El cuello le arde como el motor de un viejo Oldsmobile. El sol se esconde tras las colinas. Se dirige a la estación para tomar el tren e ir a Celaya para recuperar su equipaje. Camina por el adoquinado de San Miguel y va a dar a una avenida polvorienta partida por una línea de palmeras desgreñadas. El aire se agita y propaga un olor a miados de burro, y las moscas se arremolinan en el porche de una pequeña tienda con letreros de Coca-Cola, Neal hace un alto en el camino para comprarse una cerveza.

San Miguel se halla a 2.100 metros de altitud y por la noche hace mucho frío. Junto a la estación de tren hay una vieja iglesia de adobe coronada por tres cruces. Neal se da cuenta que se está celebrando una boda, y como el tren nunca pasa a su hora decide unirse al festejo. Bebe pulque y tequila, se hace tarde. El tren aún no ha pasado, y Neal no anda sobrado de dinero. Decide mandar a la chingada el tren e ir andando hasta Celaya por las vías haciendo de este su último recorrido.

 

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Neal Cassady murió en 1968, aproximadamente un año después de la ultima fiesta de Acid Test, a unos metros de las vías del tren que atraviesan la ciudad de San Miguel Allende en México. Su forma de morir es el resultado de su forma de vivir; enormes cantidades de energía, la explotación de las propias capacidades hasta el límite, un espíritu que impulsó a dos generaciones de artistas: la de los 50s y la de los 60s, Cassady es el héroe, el motor, la gasolina de ambas décadas…

En la novela “Electric Kool-Aid Acid Test”, el autor Tom Wolfe nos muestra la vida de Los Merry Pranksters, un grupo de drogadictos que disfrutaban de la vida, la poesía y el LSD. Al final del libro nos encontramos con el estudio que el escritor Steve Dossey realiza sobre los últimos días de Neal. A finales de enero de 1968, Neal telefonea a su mujer Carolyne desde la frontera mexicana. Sigue repitiendo el estribillo: “vuelvo a casa” como en aquella canción de Mel Tormé, ella le aconseja que se vaya a México, porque se arriesga a que las infracciones de tráfico que tiene pendientes hagan que lo encierren en San Quintín. Es la ultima vez que hablan…

 

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Neal tropieza con problemas en la frontera, pero al final pasa disfrazado de miembro de un equipo de rodaje. Su visado de turista está fechado el 30 de enero de 1968. Neal se baja del tren en San Miguel Allende, pero su equipaje sigue por error hasta Celaya, a unos cuarenta minutos en tren. Recorre la carretera de tierra que lleva a San Miguel. Entra en la plaza principal, contempla las agujas barrocas de la catedral y parte en busca de la casa colonial de teja roja donde lo espera su amigo JB.

El 3 de febrero, Neal y JB discuten y se enfadan. Neal abandona la casa. El cuello le arde como el motor de un viejo Oldsmobile. El sol se esconde tras las colinas. Se dirige a la estación para tomar el tren e ir a Celaya para recuperar su equipaje. Camina por el adoquinado de San Miguel y va a dar a una avenida polvorienta partida por una línea de palmeras desgreñadas. El aire se agita y propaga un olor a miados de burro, y las moscas se arremolinan en el porche de una pequeña tienda con letreros de Coca-Cola, Neal hace un alto en el camino para comprarse una cerveza.

San Miguel se halla a 2.100 metros de altitud y por la noche hace mucho frío. Junto a la estación de tren hay una vieja iglesia de adobe coronada por tres cruces. Neal se da cuenta que se está celebrando una boda, y como el tren nunca pasa a su hora decide unirse al festejo. Bebe pulque y tequila, se hace tarde. El tren aún no ha pasado, y Neal no anda sobrado de dinero. Decide mandar a la chingada el tren e ir andando hasta Celaya por las vías haciendo de este su último recorrido.

 

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Neal Cassady murió en 1968, aproximadamente un año después de la ultima fiesta de Acid Test, a unos metros de las vías del tren que atraviesan la ciudad de San Miguel Allende en México. Su forma de morir es el resultado de su forma de vivir; enormes cantidades de energía, la explotación de las propias capacidades hasta el límite, un espíritu que impulsó a dos generaciones de artistas: la de los 50s y la de los 60s, Cassady es el héroe, el motor, la gasolina de ambas décadas…

En la novela “Electric Kool-Aid Acid Test”, el autor Tom Wolfe nos muestra la vida de Los Merry Pranksters, un grupo de drogadictos que disfrutaban de la vida, la poesía y el LSD. Al final del libro nos encontramos con el estudio que el escritor Steve Dossey realiza sobre los últimos días de Neal. A finales de enero de 1968, Neal telefonea a su mujer Carolyne desde la frontera mexicana. Sigue repitiendo el estribillo: “vuelvo a casa” como en aquella canción de Mel Tormé, ella le aconseja que se vaya a México, porque se arriesga a que las infracciones de tráfico que tiene pendientes hagan que lo encierren en San Quintín. Es la ultima vez que hablan…

 

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Neal tropieza con problemas en la frontera, pero al final pasa disfrazado de miembro de un equipo de rodaje. Su visado de turista está fechado el 30 de enero de 1968. Neal se baja del tren en San Miguel Allende, pero su equipaje sigue por error hasta Celaya, a unos cuarenta minutos en tren. Recorre la carretera de tierra que lleva a San Miguel. Entra en la plaza principal, contempla las agujas barrocas de la catedral y parte en busca de la casa colonial de teja roja donde lo espera su amigo JB.

El 3 de febrero, Neal y JB discuten y se enfadan. Neal abandona la casa. El cuello le arde como el motor de un viejo Oldsmobile. El sol se esconde tras las colinas. Se dirige a la estación para tomar el tren e ir a Celaya para recuperar su equipaje. Camina por el adoquinado de San Miguel y va a dar a una avenida polvorienta partida por una línea de palmeras desgreñadas. El aire se agita y propaga un olor a miados de burro, y las moscas se arremolinan en el porche de una pequeña tienda con letreros de Coca-Cola, Neal hace un alto en el camino para comprarse una cerveza.

San Miguel se halla a 2.100 metros de altitud y por la noche hace mucho frío. Junto a la estación de tren hay una vieja iglesia de adobe coronada por tres cruces. Neal se da cuenta que se está celebrando una boda, y como el tren nunca pasa a su hora decide unirse al festejo. Bebe pulque y tequila, se hace tarde. El tren aún no ha pasado, y Neal no anda sobrado de dinero. Decide mandar a la chingada el tren e ir andando hasta Celaya por las vías haciendo de este su último recorrido.

 

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Neal Cassady

 

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Neal Cassady & Ken Kesey en un Acid Test

 

Neal Cassady : That’s It For The Other One

No había normas, no se conocía el miedo, dormir era impensable…

 

Neal Cassady murió en 1968, aproximadamente un año después de la ultima fiesta de Acid Test, a unos metros de las vías del tren que atraviesan la ciudad de San Miguel Allende en México. Su forma de morir es el resultado de su forma de vivir; enormes cantidades de energía, la explotación de las propias capacidades hasta el límite, un espíritu que impulsó a dos generaciones de artistas: la de los 50s y la de los 60s, Cassady es el héroe, el motor, la gasolina de ambas décadas…

En la novela “Electric Kool-Aid Acid Test”, el autor Tom Wolfe nos muestra la vida de Los Merry Pranksters, un grupo de drogadictos que disfrutaban de la vida, la poesía y el LSD. Al final del libro nos encontramos con el estudio que el escritor Steve Dossey realiza sobre los últimos días de Neal. A finales de enero de 1968, Neal telefonea a su mujer Carolyne desde la frontera mexicana. Sigue repitiendo el estribillo: “vuelvo a casa” como en aquella canción de Mel Tormé, ella le aconseja que se vaya a México, porque se arriesga a que las infracciones de tráfico que tiene pendientes hagan que lo encierren en San Quintín. Es la ultima vez que hablan…

 

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Neal Cassady – Foto: Allen Ginsberg

 

Neal tropieza con problemas en la frontera, pero al final pasa disfrazado de miembro de un equipo de rodaje. Su visado de turista está fechado el 30 de enero de 1968. Neal se baja del tren en San Miguel Allende, pero su equipaje sigue por error hasta Celaya, a unos cuarenta minutos en tren. Recorre la carretera de tierra que lleva a San Miguel. Entra en la plaza principal, contempla las agujas barrocas de la catedral y parte en busca de la casa colonial de teja roja donde lo espera su amigo JB.

El 3 de febrero, Neal y JB discuten y se enfadan. Neal abandona la casa. El cuello le arde como el motor de un viejo Oldsmobile. El sol se esconde tras las colinas. Se dirige a la estación para tomar el tren e ir a Celaya para recuperar su equipaje. Camina por el adoquinado de San Miguel y va a dar a una avenida polvorienta partida por una línea de palmeras desgreñadas. El aire se agita y propaga un olor a miados de burro, y las moscas se arremolinan en el porche de una pequeña tienda con letreros de Coca-Cola, Neal hace un alto en el camino para comprarse una cerveza.

San Miguel se halla a 2.100 metros de altitud y por la noche hace mucho frío. Junto a la estación de tren hay una vieja iglesia de adobe coronada por tres cruces. Neal se da cuenta que se está celebrando una boda, y como el tren nunca pasa a su hora decide unirse al festejo. Bebe pulque y tequila, se hace tarde. El tren aún no ha pasado, y Neal no anda sobrado de dinero. Decide mandar a la chingada el tren e ir andando hasta Celaya por las vías haciendo de este su último recorrido.

 

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Neal Cassady

 

1985 file photo of Jack Kerouac, right, with Neal Cassady, the inspiration for many of Kerouac's books.

Neal Cassady & Jack Kerouac

 

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Neal Cassady

 

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Neal Cassady & Ken Kesey en un Acid Test

 

Neal Cassady : That’s It For The Other One

No había normas, no se conocía el miedo, dormir era impensable…

 

Neal Cassady murió en 1968, aproximadamente un año después de la ultima fiesta de Acid Test, a unos metros de las vías del tren que atraviesan la ciudad de San Miguel Allende en México. Su forma de morir es el resultado de su forma de vivir; enormes cantidades de energía, la explotación de las propias capacidades hasta el límite, un espíritu que impulsó a dos generaciones de artistas: la de los 50s y la de los 60s, Cassady es el héroe, el motor, la gasolina de ambas décadas…

En la novela “Electric Kool-Aid Acid Test”, el autor Tom Wolfe nos muestra la vida de Los Merry Pranksters, un grupo de drogadictos que disfrutaban de la vida, la poesía y el LSD. Al final del libro nos encontramos con el estudio que el escritor Steve Dossey realiza sobre los últimos días de Neal. A finales de enero de 1968, Neal telefonea a su mujer Carolyne desde la frontera mexicana. Sigue repitiendo el estribillo: “vuelvo a casa” como en aquella canción de Mel Tormé, ella le aconseja que se vaya a México, porque se arriesga a que las infracciones de tráfico que tiene pendientes hagan que lo encierren en San Quintín. Es la ultima vez que hablan…

 

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Neal Cassady – Foto: Allen Ginsberg

 

Neal tropieza con problemas en la frontera, pero al final pasa disfrazado de miembro de un equipo de rodaje. Su visado de turista está fechado el 30 de enero de 1968. Neal se baja del tren en San Miguel Allende, pero su equipaje sigue por error hasta Celaya, a unos cuarenta minutos en tren. Recorre la carretera de tierra que lleva a San Miguel. Entra en la plaza principal, contempla las agujas barrocas de la catedral y parte en busca de la casa colonial de teja roja donde lo espera su amigo JB.

El 3 de febrero, Neal y JB discuten y se enfadan. Neal abandona la casa. El cuello le arde como el motor de un viejo Oldsmobile. El sol se esconde tras las colinas. Se dirige a la estación para tomar el tren e ir a Celaya para recuperar su equipaje. Camina por el adoquinado de San Miguel y va a dar a una avenida polvorienta partida por una línea de palmeras desgreñadas. El aire se agita y propaga un olor a miados de burro, y las moscas se arremolinan en el porche de una pequeña tienda con letreros de Coca-Cola, Neal hace un alto en el camino para comprarse una cerveza.

San Miguel se halla a 2.100 metros de altitud y por la noche hace mucho frío. Junto a la estación de tren hay una vieja iglesia de adobe coronada por tres cruces. Neal se da cuenta que se está celebrando una boda, y como el tren nunca pasa a su hora decide unirse al festejo. Bebe pulque y tequila, se hace tarde. El tren aún no ha pasado, y Neal no anda sobrado de dinero. Decide mandar a la chingada el tren e ir andando hasta Celaya por las vías haciendo de este su último recorrido.

 

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Neal Cassady

 

1985 file photo of Jack Kerouac, right, with Neal Cassady, the inspiration for many of Kerouac's books.

Neal Cassady & Jack Kerouac

 

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No había normas, no se conocía el miedo, dormir era impensable…

 

Neal Cassady murió en 1968, aproximadamente un año después de la ultima fiesta de Acid Test, a unos metros de las vías del tren que atraviesan la ciudad de San Miguel Allende en México. Su forma de morir es el resultado de su forma de vivir; enormes cantidades de energía, la explotación de las propias capacidades hasta el límite, un espíritu que impulsó a dos generaciones de artistas: la de los 50s y la de los 60s, Cassady es el héroe, el motor, la gasolina de ambas décadas…

En la novela “Electric Kool-Aid Acid Test”, el autor Tom Wolfe nos muestra la vida de Los Merry Pranksters, un grupo de drogadictos que disfrutaban de la vida, la poesía y el LSD. Al final del libro nos encontramos con el estudio que el escritor Steve Dossey realiza sobre los últimos días de Neal. A finales de enero de 1968, Neal telefonea a su mujer Carolyne desde la frontera mexicana. Sigue repitiendo el estribillo: “vuelvo a casa” como en aquella canción de Mel Tormé, ella le aconseja que se vaya a México, porque se arriesga a que las infracciones de tráfico que tiene pendientes hagan que lo encierren en San Quintín. Es la ultima vez que hablan…

 

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Neal Cassady – Foto: Allen Ginsberg

 

Neal tropieza con problemas en la frontera, pero al final pasa disfrazado de miembro de un equipo de rodaje. Su visado de turista está fechado el 30 de enero de 1968. Neal se baja del tren en San Miguel Allende, pero su equipaje sigue por error hasta Celaya, a unos cuarenta minutos en tren. Recorre la carretera de tierra que lleva a San Miguel. Entra en la plaza principal, contempla las agujas barrocas de la catedral y parte en busca de la casa colonial de teja roja donde lo espera su amigo JB.

El 3 de febrero, Neal y JB discuten y se enfadan. Neal abandona la casa. El cuello le arde como el motor de un viejo Oldsmobile. El sol se esconde tras las colinas. Se dirige a la estación para tomar el tren e ir a Celaya para recuperar su equipaje. Camina por el adoquinado de San Miguel y va a dar a una avenida polvorienta partida por una línea de palmeras desgreñadas. El aire se agita y propaga un olor a miados de burro, y las moscas se arremolinan en el porche de una pequeña tienda con letreros de Coca-Cola, Neal hace un alto en el camino para comprarse una cerveza.

San Miguel se halla a 2.100 metros de altitud y por la noche hace mucho frío. Junto a la estación de tren hay una vieja iglesia de adobe coronada por tres cruces. Neal se da cuenta que se está celebrando una boda, y como el tren nunca pasa a su hora decide unirse al festejo. Bebe pulque y tequila, se hace tarde. El tren aún no ha pasado, y Neal no anda sobrado de dinero. Decide mandar a la chingada el tren e ir andando hasta Celaya por las vías haciendo de este su último recorrido.

 

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No había normas, no se conocía el miedo, dormir era impensable…

 

Neal Cassady murió en 1968, aproximadamente un año después de la ultima fiesta de Acid Test, a unos metros de las vías del tren que atraviesan la ciudad de San Miguel Allende en México. Su forma de morir es el resultado de su forma de vivir; enormes cantidades de energía, la explotación de las propias capacidades hasta el límite, un espíritu que impulsó a dos generaciones de artistas: la de los 50s y la de los 60s, Cassady es el héroe, el motor, la gasolina de ambas décadas…

En la novela “Electric Kool-Aid Acid Test”, el autor Tom Wolfe nos muestra la vida de Los Merry Pranksters, un grupo de drogadictos que disfrutaban de la vida, la poesía y el LSD. Al final del libro nos encontramos con el estudio que el escritor Steve Dossey realiza sobre los últimos días de Neal. A finales de enero de 1968, Neal telefonea a su mujer Carolyne desde la frontera mexicana. Sigue repitiendo el estribillo: “vuelvo a casa” como en aquella canción de Mel Tormé, ella le aconseja que se vaya a México, porque se arriesga a que las infracciones de tráfico que tiene pendientes hagan que lo encierren en San Quintín. Es la ultima vez que hablan…

 

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Neal tropieza con problemas en la frontera, pero al final pasa disfrazado de miembro de un equipo de rodaje. Su visado de turista está fechado el 30 de enero de 1968. Neal se baja del tren en San Miguel Allende, pero su equipaje sigue por error hasta Celaya, a unos cuarenta minutos en tren. Recorre la carretera de tierra que lleva a San Miguel. Entra en la plaza principal, contempla las agujas barrocas de la catedral y parte en busca de la casa colonial de teja roja donde lo espera su amigo JB.

El 3 de febrero, Neal y JB discuten y se enfadan. Neal abandona la casa. El cuello le arde como el motor de un viejo Oldsmobile. El sol se esconde tras las colinas. Se dirige a la estación para tomar el tren e ir a Celaya para recuperar su equipaje. Camina por el adoquinado de San Miguel y va a dar a una avenida polvorienta partida por una línea de palmeras desgreñadas. El aire se agita y propaga un olor a miados de burro, y las moscas se arremolinan en el porche de una pequeña tienda con letreros de Coca-Cola, Neal hace un alto en el camino para comprarse una cerveza.

San Miguel se halla a 2.100 metros de altitud y por la noche hace mucho frío. Junto a la estación de tren hay una vieja iglesia de adobe coronada por tres cruces. Neal se da cuenta que se está celebrando una boda, y como el tren nunca pasa a su hora decide unirse al festejo. Bebe pulque y tequila, se hace tarde. El tren aún no ha pasado, y Neal no anda sobrado de dinero. Decide mandar a la chingada el tren e ir andando hasta Celaya por las vías haciendo de este su último recorrido.

 

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Neal Cassady murió en 1968, aproximadamente un año después de la ultima fiesta de Acid Test, a unos metros de las vías del tren que atraviesan la ciudad de San Miguel Allende en México. Su forma de morir es el resultado de su forma de vivir; enormes cantidades de energía, la explotación de las propias capacidades hasta el límite, un espíritu que impulsó a dos generaciones de artistas: la de los 50s y la de los 60s, Cassady es el héroe, el motor, la gasolina de ambas décadas…

En la novela “Electric Kool-Aid Acid Test”, el autor Tom Wolfe nos muestra la vida de Los Merry Pranksters, un grupo de drogadictos que disfrutaban de la vida, la poesía y el LSD. Al final del libro nos encontramos con el estudio que el escritor Steve Dossey realiza sobre los últimos días de Neal. A finales de enero de 1968, Neal telefonea a su mujer Carolyne desde la frontera mexicana. Sigue repitiendo el estribillo: “vuelvo a casa” como en aquella canción de Mel Tormé, ella le aconseja que se vaya a México, porque se arriesga a que las infracciones de tráfico que tiene pendientes hagan que lo encierren en San Quintín. Es la ultima vez que hablan…

 

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Neal tropieza con problemas en la frontera, pero al final pasa disfrazado de miembro de un equipo de rodaje. Su visado de turista está fechado el 30 de enero de 1968. Neal se baja del tren en San Miguel Allende, pero su equipaje sigue por error hasta Celaya, a unos cuarenta minutos en tren. Recorre la carretera de tierra que lleva a San Miguel. Entra en la plaza principal, contempla las agujas barrocas de la catedral y parte en busca de la casa colonial de teja roja donde lo espera su amigo JB.

El 3 de febrero, Neal y JB discuten y se enfadan. Neal abandona la casa. El cuello le arde como el motor de un viejo Oldsmobile. El sol se esconde tras las colinas. Se dirige a la estación para tomar el tren e ir a Celaya para recuperar su equipaje. Camina por el adoquinado de San Miguel y va a dar a una avenida polvorienta partida por una línea de palmeras desgreñadas. El aire se agita y propaga un olor a miados de burro, y las moscas se arremolinan en el porche de una pequeña tienda con letreros de Coca-Cola, Neal hace un alto en el camino para comprarse una cerveza.

San Miguel se halla a 2.100 metros de altitud y por la noche hace mucho frío. Junto a la estación de tren hay una vieja iglesia de adobe coronada por tres cruces. Neal se da cuenta que se está celebrando una boda, y como el tren nunca pasa a su hora decide unirse al festejo. Bebe pulque y tequila, se hace tarde. El tren aún no ha pasado, y Neal no anda sobrado de dinero. Decide mandar a la chingada el tren e ir andando hasta Celaya por las vías haciendo de este su último recorrido.

 

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Neal Cassady & Ken Kesey en un Acid Test

 

Neal Cassady : That’s It For The Other One

No había normas, no se conocía el miedo, dormir era impensable…

 

Neal Cassady murió en 1968, aproximadamente un año después de la ultima fiesta de Acid Test, a unos metros de las vías del tren que atraviesan la ciudad de San Miguel Allende en México. Su forma de morir es el resultado de su forma de vivir; enormes cantidades de energía, la explotación de las propias capacidades hasta el límite, un espíritu que impulsó a dos generaciones de artistas: la de los 50s y la de los 60s, Cassady es el héroe, el motor, la gasolina de ambas décadas…

En la novela “Electric Kool-Aid Acid Test”, el autor Tom Wolfe nos muestra la vida de Los Merry Pranksters, un grupo de drogadictos que disfrutaban de la vida, la poesía y el LSD. Al final del libro nos encontramos con el estudio que el escritor Steve Dossey realiza sobre los últimos días de Neal. A finales de enero de 1968, Neal telefonea a su mujer Carolyne desde la frontera mexicana. Sigue repitiendo el estribillo: “vuelvo a casa” como en aquella canción de Mel Tormé, ella le aconseja que se vaya a México, porque se arriesga a que las infracciones de tráfico que tiene pendientes hagan que lo encierren en San Quintín. Es la ultima vez que hablan…

 

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Neal tropieza con problemas en la frontera, pero al final pasa disfrazado de miembro de un equipo de rodaje. Su visado de turista está fechado el 30 de enero de 1968. Neal se baja del tren en San Miguel Allende, pero su equipaje sigue por error hasta Celaya, a unos cuarenta minutos en tren. Recorre la carretera de tierra que lleva a San Miguel. Entra en la plaza principal, contempla las agujas barrocas de la catedral y parte en busca de la casa colonial de teja roja donde lo espera su amigo JB.

El 3 de febrero, Neal y JB discuten y se enfadan. Neal abandona la casa. El cuello le arde como el motor de un viejo Oldsmobile. El sol se esconde tras las colinas. Se dirige a la estación para tomar el tren e ir a Celaya para recuperar su equipaje. Camina por el adoquinado de San Miguel y va a dar a una avenida polvorienta partida por una línea de palmeras desgreñadas. El aire se agita y propaga un olor a miados de burro, y las moscas se arremolinan en el porche de una pequeña tienda con letreros de Coca-Cola, Neal hace un alto en el camino para comprarse una cerveza.

San Miguel se halla a 2.100 metros de altitud y por la noche hace mucho frío. Junto a la estación de tren hay una vieja iglesia de adobe coronada por tres cruces. Neal se da cuenta que se está celebrando una boda, y como el tren nunca pasa a su hora decide unirse al festejo. Bebe pulque y tequila, se hace tarde. El tren aún no ha pasado, y Neal no anda sobrado de dinero. Decide mandar a la chingada el tren e ir andando hasta Celaya por las vías haciendo de este su último recorrido.

 

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Neal Cassady & Ken Kesey en un Acid Test

 

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No había normas, no se conocía el miedo, dormir era impensable…

 

Neal Cassady murió en 1968, aproximadamente un año después de la ultima fiesta de Acid Test, a unos metros de las vías del tren que atraviesan la ciudad de San Miguel Allende en México. Su forma de morir es el resultado de su forma de vivir; enormes cantidades de energía, la explotación de las propias capacidades hasta el límite, un espíritu que impulsó a dos generaciones de artistas: la de los 50s y la de los 60s, Cassady es el héroe, el motor, la gasolina de ambas décadas…

En la novela “Electric Kool-Aid Acid Test”, el autor Tom Wolfe nos muestra la vida de Los Merry Pranksters, un grupo de drogadictos que disfrutaban de la vida, la poesía y el LSD. Al final del libro nos encontramos con el estudio que el escritor Steve Dossey realiza sobre los últimos días de Neal. A finales de enero de 1968, Neal telefonea a su mujer Carolyne desde la frontera mexicana. Sigue repitiendo el estribillo: “vuelvo a casa” como en aquella canción de Mel Tormé, ella le aconseja que se vaya a México, porque se arriesga a que las infracciones de tráfico que tiene pendientes hagan que lo encierren en San Quintín. Es la ultima vez que hablan…

 

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Neal tropieza con problemas en la frontera, pero al final pasa disfrazado de miembro de un equipo de rodaje. Su visado de turista está fechado el 30 de enero de 1968. Neal se baja del tren en San Miguel Allende, pero su equipaje sigue por error hasta Celaya, a unos cuarenta minutos en tren. Recorre la carretera de tierra que lleva a San Miguel. Entra en la plaza principal, contempla las agujas barrocas de la catedral y parte en busca de la casa colonial de teja roja donde lo espera su amigo JB.

El 3 de febrero, Neal y JB discuten y se enfadan. Neal abandona la casa. El cuello le arde como el motor de un viejo Oldsmobile. El sol se esconde tras las colinas. Se dirige a la estación para tomar el tren e ir a Celaya para recuperar su equipaje. Camina por el adoquinado de San Miguel y va a dar a una avenida polvorienta partida por una línea de palmeras desgreñadas. El aire se agita y propaga un olor a miados de burro, y las moscas se arremolinan en el porche de una pequeña tienda con letreros de Coca-Cola, Neal hace un alto en el camino para comprarse una cerveza.

San Miguel se halla a 2.100 metros de altitud y por la noche hace mucho frío. Junto a la estación de tren hay una vieja iglesia de adobe coronada por tres cruces. Neal se da cuenta que se está celebrando una boda, y como el tren nunca pasa a su hora decide unirse al festejo. Bebe pulque y tequila, se hace tarde. El tren aún no ha pasado, y Neal no anda sobrado de dinero. Decide mandar a la chingada el tren e ir andando hasta Celaya por las vías haciendo de este su último recorrido.

 

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