Kiki Lamers y el Riesgo de Trabajar con Niños al Natural

Kiki Lamers y el Riesgo de Trabajar con Niños al Natural
20 mayo, 2016

La desnudez en el cuerpo humano siempre ha sido objeto de estudio, morbo, devoción y perversión, más si esa condición es explotada en menores de edad, al menos la historia así nos lo indica, y esta no es la excepción.

La artista holandesa Kiki Lamers ha sido reconocida mundialmente por sus obras y retratos a gran escala, principalmente hechas usando diapositivas proyectadas sobre lienzo. Desde 1995 Kiki se dedicó enteramente junto a su esposo Louis Thijssen, a retratar menores de edad, propios y extraños, en posiciones obscenas y comprometedoras, mostrando a los infantes como realmente son: seductores, cómicos y malévolos, capturando la esencia de pequeños adultos a escala por medio de la fotografía para después trabajarlos por medio del pincel.

Ya sean bustos o tomas un poco más abiertas, al objeto de estudio siempre lo encontraremos desnudo contra un fondo monocromático, al tiempo que miran a la cámara fijamente con una confianza poco infantil, con la cual parecen estar llenos de conocimiento y de experiencia más allá de sus años. Lamers por medio de este trabajo yuxtapone la inocencia y la conciencia, al igual que la luz y la pintura. Es por eso que no se encontraba interesada en el estereotipo del niño ingenuo; con ella, todo se trata de retratar las más puras emociones: pucheros, miradas, jugueteo de manos y demás expresiones son el marco perfecto que convierte la cara de los niños en la pizarra en blanco perfecta sobre la cual proyectar la expresión. No hay ningún significado literal o simbólico; las imágenes son a base de intuición. Se puede decir que su obra trabaja como un péndulo entre la fotografía y la pintura, donde se apropia de las ventajas de una disciplina sólo para liberarlas por medio de la otra. Sus lienzos provocan una incómoda tensión entre el espectador y la imagen, al igual que entre la intimidad y el voyeurismo.

 

24 - 27 juli 2010

 

Captura de pantalla 2016-05-19 a las 23.04.12

 

Todo este contexto artístico le importó poco al gobierno francés, quien en el año 2000, gracias a un soplón dentro del grupo de trabajo que alertó a la policía sobre negativos “anormales”, sometieron a la artista y su pareja a una cacería que llegaría a su fin en agosto de 2004 con 8 meses de prisión y una multa de 5.000 euros. Los cargos a Lamers fueron por la corrupción de un menor de edad y a Thijssen por ocultar, poseer pornografía infantil y la complicidad en la corrupción de los niños.

El plazo se cumplió y una vez más el arte triunfó, ya que este incidente sirvió para que Lamers expusiera sus pinturas en la galería Annet Gelink en Ámsterdam, en el Instituto Holandés en París y por toda la Unión Americana. La totalidad de su trabajo se recoge en su libro “Tender Age” de 2002.

 

kiki-lamers-woman-bathing

 

kiki-lamers-untitled

 

kiki-lamers-remus-having-fun

Kiki Lamers y el Riesgo de Trabajar con Niños al Natural

La desnudez en el cuerpo humano siempre ha sido objeto de estudio, morbo, devoción y perversión, más si esa condición es explotada en menores de edad, al menos la historia así nos lo indica, y esta no es la excepción.

La artista holandesa Kiki Lamers ha sido reconocida mundialmente por sus obras y retratos a gran escala, principalmente hechas usando diapositivas proyectadas sobre lienzo. Desde 1995 Kiki se dedicó enteramente junto a su esposo Louis Thijssen, a retratar menores de edad, propios y extraños, en posiciones obscenas y comprometedoras, mostrando a los infantes como realmente son: seductores, cómicos y malévolos, capturando la esencia de pequeños adultos a escala por medio de la fotografía para después trabajarlos por medio del pincel.

Ya sean bustos o tomas un poco más abiertas, al objeto de estudio siempre lo encontraremos desnudo contra un fondo monocromático, al tiempo que miran a la cámara fijamente con una confianza poco infantil, con la cual parecen estar llenos de conocimiento y de experiencia más allá de sus años. Lamers por medio de este trabajo yuxtapone la inocencia y la conciencia, al igual que la luz y la pintura. Es por eso que no se encontraba interesada en el estereotipo del niño ingenuo; con ella, todo se trata de retratar las más puras emociones: pucheros, miradas, jugueteo de manos y demás expresiones son el marco perfecto que convierte la cara de los niños en la pizarra en blanco perfecta sobre la cual proyectar la expresión. No hay ningún significado literal o simbólico; las imágenes son a base de intuición. Se puede decir que su obra trabaja como un péndulo entre la fotografía y la pintura, donde se apropia de las ventajas de una disciplina sólo para liberarlas por medio de la otra. Sus lienzos provocan una incómoda tensión entre el espectador y la imagen, al igual que entre la intimidad y el voyeurismo.

 

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Todo este contexto artístico le importó poco al gobierno francés, quien en el año 2000, gracias a un soplón dentro del grupo de trabajo que alertó a la policía sobre negativos “anormales”, sometieron a la artista y su pareja a una cacería que llegaría a su fin en agosto de 2004 con 8 meses de prisión y una multa de 5.000 euros. Los cargos a Lamers fueron por la corrupción de un menor de edad y a Thijssen por ocultar, poseer pornografía infantil y la complicidad en la corrupción de los niños.

El plazo se cumplió y una vez más el arte triunfó, ya que este incidente sirvió para que Lamers expusiera sus pinturas en la galería Annet Gelink en Ámsterdam, en el Instituto Holandés en París y por toda la Unión Americana. La totalidad de su trabajo se recoge en su libro “Tender Age” de 2002.

 

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Kiki Lamers y el Riesgo de Trabajar con Niños al Natural

La desnudez en el cuerpo humano siempre ha sido objeto de estudio, morbo, devoción y perversión, más si esa condición es explotada en menores de edad, al menos la historia así nos lo indica, y esta no es la excepción.

La artista holandesa Kiki Lamers ha sido reconocida mundialmente por sus obras y retratos a gran escala, principalmente hechas usando diapositivas proyectadas sobre lienzo. Desde 1995 Kiki se dedicó enteramente junto a su esposo Louis Thijssen, a retratar menores de edad, propios y extraños, en posiciones obscenas y comprometedoras, mostrando a los infantes como realmente son: seductores, cómicos y malévolos, capturando la esencia de pequeños adultos a escala por medio de la fotografía para después trabajarlos por medio del pincel.

Ya sean bustos o tomas un poco más abiertas, al objeto de estudio siempre lo encontraremos desnudo contra un fondo monocromático, al tiempo que miran a la cámara fijamente con una confianza poco infantil, con la cual parecen estar llenos de conocimiento y de experiencia más allá de sus años. Lamers por medio de este trabajo yuxtapone la inocencia y la conciencia, al igual que la luz y la pintura. Es por eso que no se encontraba interesada en el estereotipo del niño ingenuo; con ella, todo se trata de retratar las más puras emociones: pucheros, miradas, jugueteo de manos y demás expresiones son el marco perfecto que convierte la cara de los niños en la pizarra en blanco perfecta sobre la cual proyectar la expresión. No hay ningún significado literal o simbólico; las imágenes son a base de intuición. Se puede decir que su obra trabaja como un péndulo entre la fotografía y la pintura, donde se apropia de las ventajas de una disciplina sólo para liberarlas por medio de la otra. Sus lienzos provocan una incómoda tensión entre el espectador y la imagen, al igual que entre la intimidad y el voyeurismo.

 

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Todo este contexto artístico le importó poco al gobierno francés, quien en el año 2000, gracias a un soplón dentro del grupo de trabajo que alertó a la policía sobre negativos “anormales”, sometieron a la artista y su pareja a una cacería que llegaría a su fin en agosto de 2004 con 8 meses de prisión y una multa de 5.000 euros. Los cargos a Lamers fueron por la corrupción de un menor de edad y a Thijssen por ocultar, poseer pornografía infantil y la complicidad en la corrupción de los niños.

El plazo se cumplió y una vez más el arte triunfó, ya que este incidente sirvió para que Lamers expusiera sus pinturas en la galería Annet Gelink en Ámsterdam, en el Instituto Holandés en París y por toda la Unión Americana. La totalidad de su trabajo se recoge en su libro “Tender Age” de 2002.

 

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La artista holandesa Kiki Lamers ha sido reconocida mundialmente por sus obras y retratos a gran escala, principalmente hechas usando diapositivas proyectadas sobre lienzo. Desde 1995 Kiki se dedicó enteramente junto a su esposo Louis Thijssen, a retratar menores de edad, propios y extraños, en posiciones obscenas y comprometedoras, mostrando a los infantes como realmente son: seductores, cómicos y malévolos, capturando la esencia de pequeños adultos a escala por medio de la fotografía para después trabajarlos por medio del pincel.

Ya sean bustos o tomas un poco más abiertas, al objeto de estudio siempre lo encontraremos desnudo contra un fondo monocromático, al tiempo que miran a la cámara fijamente con una confianza poco infantil, con la cual parecen estar llenos de conocimiento y de experiencia más allá de sus años. Lamers por medio de este trabajo yuxtapone la inocencia y la conciencia, al igual que la luz y la pintura. Es por eso que no se encontraba interesada en el estereotipo del niño ingenuo; con ella, todo se trata de retratar las más puras emociones: pucheros, miradas, jugueteo de manos y demás expresiones son el marco perfecto que convierte la cara de los niños en la pizarra en blanco perfecta sobre la cual proyectar la expresión. No hay ningún significado literal o simbólico; las imágenes son a base de intuición. Se puede decir que su obra trabaja como un péndulo entre la fotografía y la pintura, donde se apropia de las ventajas de una disciplina sólo para liberarlas por medio de la otra. Sus lienzos provocan una incómoda tensión entre el espectador y la imagen, al igual que entre la intimidad y el voyeurismo.

 

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El plazo se cumplió y una vez más el arte triunfó, ya que este incidente sirvió para que Lamers expusiera sus pinturas en la galería Annet Gelink en Ámsterdam, en el Instituto Holandés en París y por toda la Unión Americana. La totalidad de su trabajo se recoge en su libro “Tender Age” de 2002.

 

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La artista holandesa Kiki Lamers ha sido reconocida mundialmente por sus obras y retratos a gran escala, principalmente hechas usando diapositivas proyectadas sobre lienzo. Desde 1995 Kiki se dedicó enteramente junto a su esposo Louis Thijssen, a retratar menores de edad, propios y extraños, en posiciones obscenas y comprometedoras, mostrando a los infantes como realmente son: seductores, cómicos y malévolos, capturando la esencia de pequeños adultos a escala por medio de la fotografía para después trabajarlos por medio del pincel.

Ya sean bustos o tomas un poco más abiertas, al objeto de estudio siempre lo encontraremos desnudo contra un fondo monocromático, al tiempo que miran a la cámara fijamente con una confianza poco infantil, con la cual parecen estar llenos de conocimiento y de experiencia más allá de sus años. Lamers por medio de este trabajo yuxtapone la inocencia y la conciencia, al igual que la luz y la pintura. Es por eso que no se encontraba interesada en el estereotipo del niño ingenuo; con ella, todo se trata de retratar las más puras emociones: pucheros, miradas, jugueteo de manos y demás expresiones son el marco perfecto que convierte la cara de los niños en la pizarra en blanco perfecta sobre la cual proyectar la expresión. No hay ningún significado literal o simbólico; las imágenes son a base de intuición. Se puede decir que su obra trabaja como un péndulo entre la fotografía y la pintura, donde se apropia de las ventajas de una disciplina sólo para liberarlas por medio de la otra. Sus lienzos provocan una incómoda tensión entre el espectador y la imagen, al igual que entre la intimidad y el voyeurismo.

 

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El plazo se cumplió y una vez más el arte triunfó, ya que este incidente sirvió para que Lamers expusiera sus pinturas en la galería Annet Gelink en Ámsterdam, en el Instituto Holandés en París y por toda la Unión Americana. La totalidad de su trabajo se recoge en su libro “Tender Age” de 2002.

 

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La artista holandesa Kiki Lamers ha sido reconocida mundialmente por sus obras y retratos a gran escala, principalmente hechas usando diapositivas proyectadas sobre lienzo. Desde 1995 Kiki se dedicó enteramente junto a su esposo Louis Thijssen, a retratar menores de edad, propios y extraños, en posiciones obscenas y comprometedoras, mostrando a los infantes como realmente son: seductores, cómicos y malévolos, capturando la esencia de pequeños adultos a escala por medio de la fotografía para después trabajarlos por medio del pincel.

Ya sean bustos o tomas un poco más abiertas, al objeto de estudio siempre lo encontraremos desnudo contra un fondo monocromático, al tiempo que miran a la cámara fijamente con una confianza poco infantil, con la cual parecen estar llenos de conocimiento y de experiencia más allá de sus años. Lamers por medio de este trabajo yuxtapone la inocencia y la conciencia, al igual que la luz y la pintura. Es por eso que no se encontraba interesada en el estereotipo del niño ingenuo; con ella, todo se trata de retratar las más puras emociones: pucheros, miradas, jugueteo de manos y demás expresiones son el marco perfecto que convierte la cara de los niños en la pizarra en blanco perfecta sobre la cual proyectar la expresión. No hay ningún significado literal o simbólico; las imágenes son a base de intuición. Se puede decir que su obra trabaja como un péndulo entre la fotografía y la pintura, donde se apropia de las ventajas de una disciplina sólo para liberarlas por medio de la otra. Sus lienzos provocan una incómoda tensión entre el espectador y la imagen, al igual que entre la intimidad y el voyeurismo.

 

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El plazo se cumplió y una vez más el arte triunfó, ya que este incidente sirvió para que Lamers expusiera sus pinturas en la galería Annet Gelink en Ámsterdam, en el Instituto Holandés en París y por toda la Unión Americana. La totalidad de su trabajo se recoge en su libro “Tender Age” de 2002.

 

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La artista holandesa Kiki Lamers ha sido reconocida mundialmente por sus obras y retratos a gran escala, principalmente hechas usando diapositivas proyectadas sobre lienzo. Desde 1995 Kiki se dedicó enteramente junto a su esposo Louis Thijssen, a retratar menores de edad, propios y extraños, en posiciones obscenas y comprometedoras, mostrando a los infantes como realmente son: seductores, cómicos y malévolos, capturando la esencia de pequeños adultos a escala por medio de la fotografía para después trabajarlos por medio del pincel.

Ya sean bustos o tomas un poco más abiertas, al objeto de estudio siempre lo encontraremos desnudo contra un fondo monocromático, al tiempo que miran a la cámara fijamente con una confianza poco infantil, con la cual parecen estar llenos de conocimiento y de experiencia más allá de sus años. Lamers por medio de este trabajo yuxtapone la inocencia y la conciencia, al igual que la luz y la pintura. Es por eso que no se encontraba interesada en el estereotipo del niño ingenuo; con ella, todo se trata de retratar las más puras emociones: pucheros, miradas, jugueteo de manos y demás expresiones son el marco perfecto que convierte la cara de los niños en la pizarra en blanco perfecta sobre la cual proyectar la expresión. No hay ningún significado literal o simbólico; las imágenes son a base de intuición. Se puede decir que su obra trabaja como un péndulo entre la fotografía y la pintura, donde se apropia de las ventajas de una disciplina sólo para liberarlas por medio de la otra. Sus lienzos provocan una incómoda tensión entre el espectador y la imagen, al igual que entre la intimidad y el voyeurismo.

 

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Todo este contexto artístico le importó poco al gobierno francés, quien en el año 2000, gracias a un soplón dentro del grupo de trabajo que alertó a la policía sobre negativos “anormales”, sometieron a la artista y su pareja a una cacería que llegaría a su fin en agosto de 2004 con 8 meses de prisión y una multa de 5.000 euros. Los cargos a Lamers fueron por la corrupción de un menor de edad y a Thijssen por ocultar, poseer pornografía infantil y la complicidad en la corrupción de los niños.

El plazo se cumplió y una vez más el arte triunfó, ya que este incidente sirvió para que Lamers expusiera sus pinturas en la galería Annet Gelink en Ámsterdam, en el Instituto Holandés en París y por toda la Unión Americana. La totalidad de su trabajo se recoge en su libro “Tender Age” de 2002.

 

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La artista holandesa Kiki Lamers ha sido reconocida mundialmente por sus obras y retratos a gran escala, principalmente hechas usando diapositivas proyectadas sobre lienzo. Desde 1995 Kiki se dedicó enteramente junto a su esposo Louis Thijssen, a retratar menores de edad, propios y extraños, en posiciones obscenas y comprometedoras, mostrando a los infantes como realmente son: seductores, cómicos y malévolos, capturando la esencia de pequeños adultos a escala por medio de la fotografía para después trabajarlos por medio del pincel.

Ya sean bustos o tomas un poco más abiertas, al objeto de estudio siempre lo encontraremos desnudo contra un fondo monocromático, al tiempo que miran a la cámara fijamente con una confianza poco infantil, con la cual parecen estar llenos de conocimiento y de experiencia más allá de sus años. Lamers por medio de este trabajo yuxtapone la inocencia y la conciencia, al igual que la luz y la pintura. Es por eso que no se encontraba interesada en el estereotipo del niño ingenuo; con ella, todo se trata de retratar las más puras emociones: pucheros, miradas, jugueteo de manos y demás expresiones son el marco perfecto que convierte la cara de los niños en la pizarra en blanco perfecta sobre la cual proyectar la expresión. No hay ningún significado literal o simbólico; las imágenes son a base de intuición. Se puede decir que su obra trabaja como un péndulo entre la fotografía y la pintura, donde se apropia de las ventajas de una disciplina sólo para liberarlas por medio de la otra. Sus lienzos provocan una incómoda tensión entre el espectador y la imagen, al igual que entre la intimidad y el voyeurismo.

 

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El plazo se cumplió y una vez más el arte triunfó, ya que este incidente sirvió para que Lamers expusiera sus pinturas en la galería Annet Gelink en Ámsterdam, en el Instituto Holandés en París y por toda la Unión Americana. La totalidad de su trabajo se recoge en su libro “Tender Age” de 2002.

 

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La artista holandesa Kiki Lamers ha sido reconocida mundialmente por sus obras y retratos a gran escala, principalmente hechas usando diapositivas proyectadas sobre lienzo. Desde 1995 Kiki se dedicó enteramente junto a su esposo Louis Thijssen, a retratar menores de edad, propios y extraños, en posiciones obscenas y comprometedoras, mostrando a los infantes como realmente son: seductores, cómicos y malévolos, capturando la esencia de pequeños adultos a escala por medio de la fotografía para después trabajarlos por medio del pincel.

Ya sean bustos o tomas un poco más abiertas, al objeto de estudio siempre lo encontraremos desnudo contra un fondo monocromático, al tiempo que miran a la cámara fijamente con una confianza poco infantil, con la cual parecen estar llenos de conocimiento y de experiencia más allá de sus años. Lamers por medio de este trabajo yuxtapone la inocencia y la conciencia, al igual que la luz y la pintura. Es por eso que no se encontraba interesada en el estereotipo del niño ingenuo; con ella, todo se trata de retratar las más puras emociones: pucheros, miradas, jugueteo de manos y demás expresiones son el marco perfecto que convierte la cara de los niños en la pizarra en blanco perfecta sobre la cual proyectar la expresión. No hay ningún significado literal o simbólico; las imágenes son a base de intuición. Se puede decir que su obra trabaja como un péndulo entre la fotografía y la pintura, donde se apropia de las ventajas de una disciplina sólo para liberarlas por medio de la otra. Sus lienzos provocan una incómoda tensión entre el espectador y la imagen, al igual que entre la intimidad y el voyeurismo.

 

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El plazo se cumplió y una vez más el arte triunfó, ya que este incidente sirvió para que Lamers expusiera sus pinturas en la galería Annet Gelink en Ámsterdam, en el Instituto Holandés en París y por toda la Unión Americana. La totalidad de su trabajo se recoge en su libro “Tender Age” de 2002.

 

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La artista holandesa Kiki Lamers ha sido reconocida mundialmente por sus obras y retratos a gran escala, principalmente hechas usando diapositivas proyectadas sobre lienzo. Desde 1995 Kiki se dedicó enteramente junto a su esposo Louis Thijssen, a retratar menores de edad, propios y extraños, en posiciones obscenas y comprometedoras, mostrando a los infantes como realmente son: seductores, cómicos y malévolos, capturando la esencia de pequeños adultos a escala por medio de la fotografía para después trabajarlos por medio del pincel.

Ya sean bustos o tomas un poco más abiertas, al objeto de estudio siempre lo encontraremos desnudo contra un fondo monocromático, al tiempo que miran a la cámara fijamente con una confianza poco infantil, con la cual parecen estar llenos de conocimiento y de experiencia más allá de sus años. Lamers por medio de este trabajo yuxtapone la inocencia y la conciencia, al igual que la luz y la pintura. Es por eso que no se encontraba interesada en el estereotipo del niño ingenuo; con ella, todo se trata de retratar las más puras emociones: pucheros, miradas, jugueteo de manos y demás expresiones son el marco perfecto que convierte la cara de los niños en la pizarra en blanco perfecta sobre la cual proyectar la expresión. No hay ningún significado literal o simbólico; las imágenes son a base de intuición. Se puede decir que su obra trabaja como un péndulo entre la fotografía y la pintura, donde se apropia de las ventajas de una disciplina sólo para liberarlas por medio de la otra. Sus lienzos provocan una incómoda tensión entre el espectador y la imagen, al igual que entre la intimidad y el voyeurismo.

 

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El plazo se cumplió y una vez más el arte triunfó, ya que este incidente sirvió para que Lamers expusiera sus pinturas en la galería Annet Gelink en Ámsterdam, en el Instituto Holandés en París y por toda la Unión Americana. La totalidad de su trabajo se recoge en su libro “Tender Age” de 2002.

 

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La artista holandesa Kiki Lamers ha sido reconocida mundialmente por sus obras y retratos a gran escala, principalmente hechas usando diapositivas proyectadas sobre lienzo. Desde 1995 Kiki se dedicó enteramente junto a su esposo Louis Thijssen, a retratar menores de edad, propios y extraños, en posiciones obscenas y comprometedoras, mostrando a los infantes como realmente son: seductores, cómicos y malévolos, capturando la esencia de pequeños adultos a escala por medio de la fotografía para después trabajarlos por medio del pincel.

Ya sean bustos o tomas un poco más abiertas, al objeto de estudio siempre lo encontraremos desnudo contra un fondo monocromático, al tiempo que miran a la cámara fijamente con una confianza poco infantil, con la cual parecen estar llenos de conocimiento y de experiencia más allá de sus años. Lamers por medio de este trabajo yuxtapone la inocencia y la conciencia, al igual que la luz y la pintura. Es por eso que no se encontraba interesada en el estereotipo del niño ingenuo; con ella, todo se trata de retratar las más puras emociones: pucheros, miradas, jugueteo de manos y demás expresiones son el marco perfecto que convierte la cara de los niños en la pizarra en blanco perfecta sobre la cual proyectar la expresión. No hay ningún significado literal o simbólico; las imágenes son a base de intuición. Se puede decir que su obra trabaja como un péndulo entre la fotografía y la pintura, donde se apropia de las ventajas de una disciplina sólo para liberarlas por medio de la otra. Sus lienzos provocan una incómoda tensión entre el espectador y la imagen, al igual que entre la intimidad y el voyeurismo.

 

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El plazo se cumplió y una vez más el arte triunfó, ya que este incidente sirvió para que Lamers expusiera sus pinturas en la galería Annet Gelink en Ámsterdam, en el Instituto Holandés en París y por toda la Unión Americana. La totalidad de su trabajo se recoge en su libro “Tender Age” de 2002.

 

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kiki-lamers-untitled

 

kiki-lamers-remus-having-fun

Kiki Lamers y el Riesgo de Trabajar con Niños al Natural

La desnudez en el cuerpo humano siempre ha sido objeto de estudio, morbo, devoción y perversión, más si esa condición es explotada en menores de edad, al menos la historia así nos lo indica, y esta no es la excepción.

La artista holandesa Kiki Lamers ha sido reconocida mundialmente por sus obras y retratos a gran escala, principalmente hechas usando diapositivas proyectadas sobre lienzo. Desde 1995 Kiki se dedicó enteramente junto a su esposo Louis Thijssen, a retratar menores de edad, propios y extraños, en posiciones obscenas y comprometedoras, mostrando a los infantes como realmente son: seductores, cómicos y malévolos, capturando la esencia de pequeños adultos a escala por medio de la fotografía para después trabajarlos por medio del pincel.

Ya sean bustos o tomas un poco más abiertas, al objeto de estudio siempre lo encontraremos desnudo contra un fondo monocromático, al tiempo que miran a la cámara fijamente con una confianza poco infantil, con la cual parecen estar llenos de conocimiento y de experiencia más allá de sus años. Lamers por medio de este trabajo yuxtapone la inocencia y la conciencia, al igual que la luz y la pintura. Es por eso que no se encontraba interesada en el estereotipo del niño ingenuo; con ella, todo se trata de retratar las más puras emociones: pucheros, miradas, jugueteo de manos y demás expresiones son el marco perfecto que convierte la cara de los niños en la pizarra en blanco perfecta sobre la cual proyectar la expresión. No hay ningún significado literal o simbólico; las imágenes son a base de intuición. Se puede decir que su obra trabaja como un péndulo entre la fotografía y la pintura, donde se apropia de las ventajas de una disciplina sólo para liberarlas por medio de la otra. Sus lienzos provocan una incómoda tensión entre el espectador y la imagen, al igual que entre la intimidad y el voyeurismo.

 

24 - 27 juli 2010

 

Captura de pantalla 2016-05-19 a las 23.04.12

 

Todo este contexto artístico le importó poco al gobierno francés, quien en el año 2000, gracias a un soplón dentro del grupo de trabajo que alertó a la policía sobre negativos “anormales”, sometieron a la artista y su pareja a una cacería que llegaría a su fin en agosto de 2004 con 8 meses de prisión y una multa de 5.000 euros. Los cargos a Lamers fueron por la corrupción de un menor de edad y a Thijssen por ocultar, poseer pornografía infantil y la complicidad en la corrupción de los niños.

El plazo se cumplió y una vez más el arte triunfó, ya que este incidente sirvió para que Lamers expusiera sus pinturas en la galería Annet Gelink en Ámsterdam, en el Instituto Holandés en París y por toda la Unión Americana. La totalidad de su trabajo se recoge en su libro “Tender Age” de 2002.

 

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Kiki Lamers y el Riesgo de Trabajar con Niños al Natural

La desnudez en el cuerpo humano siempre ha sido objeto de estudio, morbo, devoción y perversión, más si esa condición es explotada en menores de edad, al menos la historia así nos lo indica, y esta no es la excepción.

La artista holandesa Kiki Lamers ha sido reconocida mundialmente por sus obras y retratos a gran escala, principalmente hechas usando diapositivas proyectadas sobre lienzo. Desde 1995 Kiki se dedicó enteramente junto a su esposo Louis Thijssen, a retratar menores de edad, propios y extraños, en posiciones obscenas y comprometedoras, mostrando a los infantes como realmente son: seductores, cómicos y malévolos, capturando la esencia de pequeños adultos a escala por medio de la fotografía para después trabajarlos por medio del pincel.

Ya sean bustos o tomas un poco más abiertas, al objeto de estudio siempre lo encontraremos desnudo contra un fondo monocromático, al tiempo que miran a la cámara fijamente con una confianza poco infantil, con la cual parecen estar llenos de conocimiento y de experiencia más allá de sus años. Lamers por medio de este trabajo yuxtapone la inocencia y la conciencia, al igual que la luz y la pintura. Es por eso que no se encontraba interesada en el estereotipo del niño ingenuo; con ella, todo se trata de retratar las más puras emociones: pucheros, miradas, jugueteo de manos y demás expresiones son el marco perfecto que convierte la cara de los niños en la pizarra en blanco perfecta sobre la cual proyectar la expresión. No hay ningún significado literal o simbólico; las imágenes son a base de intuición. Se puede decir que su obra trabaja como un péndulo entre la fotografía y la pintura, donde se apropia de las ventajas de una disciplina sólo para liberarlas por medio de la otra. Sus lienzos provocan una incómoda tensión entre el espectador y la imagen, al igual que entre la intimidad y el voyeurismo.

 

24 - 27 juli 2010

 

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Todo este contexto artístico le importó poco al gobierno francés, quien en el año 2000, gracias a un soplón dentro del grupo de trabajo que alertó a la policía sobre negativos “anormales”, sometieron a la artista y su pareja a una cacería que llegaría a su fin en agosto de 2004 con 8 meses de prisión y una multa de 5.000 euros. Los cargos a Lamers fueron por la corrupción de un menor de edad y a Thijssen por ocultar, poseer pornografía infantil y la complicidad en la corrupción de los niños.

El plazo se cumplió y una vez más el arte triunfó, ya que este incidente sirvió para que Lamers expusiera sus pinturas en la galería Annet Gelink en Ámsterdam, en el Instituto Holandés en París y por toda la Unión Americana. La totalidad de su trabajo se recoge en su libro “Tender Age” de 2002.

 

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Kiki Lamers y el Riesgo de Trabajar con Niños al Natural

La desnudez en el cuerpo humano siempre ha sido objeto de estudio, morbo, devoción y perversión, más si esa condición es explotada en menores de edad, al menos la historia así nos lo indica, y esta no es la excepción.

La artista holandesa Kiki Lamers ha sido reconocida mundialmente por sus obras y retratos a gran escala, principalmente hechas usando diapositivas proyectadas sobre lienzo. Desde 1995 Kiki se dedicó enteramente junto a su esposo Louis Thijssen, a retratar menores de edad, propios y extraños, en posiciones obscenas y comprometedoras, mostrando a los infantes como realmente son: seductores, cómicos y malévolos, capturando la esencia de pequeños adultos a escala por medio de la fotografía para después trabajarlos por medio del pincel.

Ya sean bustos o tomas un poco más abiertas, al objeto de estudio siempre lo encontraremos desnudo contra un fondo monocromático, al tiempo que miran a la cámara fijamente con una confianza poco infantil, con la cual parecen estar llenos de conocimiento y de experiencia más allá de sus años. Lamers por medio de este trabajo yuxtapone la inocencia y la conciencia, al igual que la luz y la pintura. Es por eso que no se encontraba interesada en el estereotipo del niño ingenuo; con ella, todo se trata de retratar las más puras emociones: pucheros, miradas, jugueteo de manos y demás expresiones son el marco perfecto que convierte la cara de los niños en la pizarra en blanco perfecta sobre la cual proyectar la expresión. No hay ningún significado literal o simbólico; las imágenes son a base de intuición. Se puede decir que su obra trabaja como un péndulo entre la fotografía y la pintura, donde se apropia de las ventajas de una disciplina sólo para liberarlas por medio de la otra. Sus lienzos provocan una incómoda tensión entre el espectador y la imagen, al igual que entre la intimidad y el voyeurismo.

 

24 - 27 juli 2010

 

Captura de pantalla 2016-05-19 a las 23.04.12

 

Todo este contexto artístico le importó poco al gobierno francés, quien en el año 2000, gracias a un soplón dentro del grupo de trabajo que alertó a la policía sobre negativos “anormales”, sometieron a la artista y su pareja a una cacería que llegaría a su fin en agosto de 2004 con 8 meses de prisión y una multa de 5.000 euros. Los cargos a Lamers fueron por la corrupción de un menor de edad y a Thijssen por ocultar, poseer pornografía infantil y la complicidad en la corrupción de los niños.

El plazo se cumplió y una vez más el arte triunfó, ya que este incidente sirvió para que Lamers expusiera sus pinturas en la galería Annet Gelink en Ámsterdam, en el Instituto Holandés en París y por toda la Unión Americana. La totalidad de su trabajo se recoge en su libro “Tender Age” de 2002.

 

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Kiki Lamers y el Riesgo de Trabajar con Niños al Natural

La desnudez en el cuerpo humano siempre ha sido objeto de estudio, morbo, devoción y perversión, más si esa condición es explotada en menores de edad, al menos la historia así nos lo indica, y esta no es la excepción.

La artista holandesa Kiki Lamers ha sido reconocida mundialmente por sus obras y retratos a gran escala, principalmente hechas usando diapositivas proyectadas sobre lienzo. Desde 1995 Kiki se dedicó enteramente junto a su esposo Louis Thijssen, a retratar menores de edad, propios y extraños, en posiciones obscenas y comprometedoras, mostrando a los infantes como realmente son: seductores, cómicos y malévolos, capturando la esencia de pequeños adultos a escala por medio de la fotografía para después trabajarlos por medio del pincel.

Ya sean bustos o tomas un poco más abiertas, al objeto de estudio siempre lo encontraremos desnudo contra un fondo monocromático, al tiempo que miran a la cámara fijamente con una confianza poco infantil, con la cual parecen estar llenos de conocimiento y de experiencia más allá de sus años. Lamers por medio de este trabajo yuxtapone la inocencia y la conciencia, al igual que la luz y la pintura. Es por eso que no se encontraba interesada en el estereotipo del niño ingenuo; con ella, todo se trata de retratar las más puras emociones: pucheros, miradas, jugueteo de manos y demás expresiones son el marco perfecto que convierte la cara de los niños en la pizarra en blanco perfecta sobre la cual proyectar la expresión. No hay ningún significado literal o simbólico; las imágenes son a base de intuición. Se puede decir que su obra trabaja como un péndulo entre la fotografía y la pintura, donde se apropia de las ventajas de una disciplina sólo para liberarlas por medio de la otra. Sus lienzos provocan una incómoda tensión entre el espectador y la imagen, al igual que entre la intimidad y el voyeurismo.

 

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Todo este contexto artístico le importó poco al gobierno francés, quien en el año 2000, gracias a un soplón dentro del grupo de trabajo que alertó a la policía sobre negativos “anormales”, sometieron a la artista y su pareja a una cacería que llegaría a su fin en agosto de 2004 con 8 meses de prisión y una multa de 5.000 euros. Los cargos a Lamers fueron por la corrupción de un menor de edad y a Thijssen por ocultar, poseer pornografía infantil y la complicidad en la corrupción de los niños.

El plazo se cumplió y una vez más el arte triunfó, ya que este incidente sirvió para que Lamers expusiera sus pinturas en la galería Annet Gelink en Ámsterdam, en el Instituto Holandés en París y por toda la Unión Americana. La totalidad de su trabajo se recoge en su libro “Tender Age” de 2002.

 

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La desnudez en el cuerpo humano siempre ha sido objeto de estudio, morbo, devoción y perversión, más si esa condición es explotada en menores de edad, al menos la historia así nos lo indica, y esta no es la excepción.

La artista holandesa Kiki Lamers ha sido reconocida mundialmente por sus obras y retratos a gran escala, principalmente hechas usando diapositivas proyectadas sobre lienzo. Desde 1995 Kiki se dedicó enteramente junto a su esposo Louis Thijssen, a retratar menores de edad, propios y extraños, en posiciones obscenas y comprometedoras, mostrando a los infantes como realmente son: seductores, cómicos y malévolos, capturando la esencia de pequeños adultos a escala por medio de la fotografía para después trabajarlos por medio del pincel.

Ya sean bustos o tomas un poco más abiertas, al objeto de estudio siempre lo encontraremos desnudo contra un fondo monocromático, al tiempo que miran a la cámara fijamente con una confianza poco infantil, con la cual parecen estar llenos de conocimiento y de experiencia más allá de sus años. Lamers por medio de este trabajo yuxtapone la inocencia y la conciencia, al igual que la luz y la pintura. Es por eso que no se encontraba interesada en el estereotipo del niño ingenuo; con ella, todo se trata de retratar las más puras emociones: pucheros, miradas, jugueteo de manos y demás expresiones son el marco perfecto que convierte la cara de los niños en la pizarra en blanco perfecta sobre la cual proyectar la expresión. No hay ningún significado literal o simbólico; las imágenes son a base de intuición. Se puede decir que su obra trabaja como un péndulo entre la fotografía y la pintura, donde se apropia de las ventajas de una disciplina sólo para liberarlas por medio de la otra. Sus lienzos provocan una incómoda tensión entre el espectador y la imagen, al igual que entre la intimidad y el voyeurismo.

 

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Todo este contexto artístico le importó poco al gobierno francés, quien en el año 2000, gracias a un soplón dentro del grupo de trabajo que alertó a la policía sobre negativos “anormales”, sometieron a la artista y su pareja a una cacería que llegaría a su fin en agosto de 2004 con 8 meses de prisión y una multa de 5.000 euros. Los cargos a Lamers fueron por la corrupción de un menor de edad y a Thijssen por ocultar, poseer pornografía infantil y la complicidad en la corrupción de los niños.

El plazo se cumplió y una vez más el arte triunfó, ya que este incidente sirvió para que Lamers expusiera sus pinturas en la galería Annet Gelink en Ámsterdam, en el Instituto Holandés en París y por toda la Unión Americana. La totalidad de su trabajo se recoge en su libro “Tender Age” de 2002.

 

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